Capítulo 11
A Jason Goodridge le costaba encontrar la paciencia para tratar con su nuevo jefe. Era solo el segundo día de Brian al mando y ya había conseguido enfadar a la mayor parte del equipo de seguridad, al equipo médico y ahora se la estaba tomando con el personal de servicio de habitaciones.
—No me importa lo ocupada que estés, necesito que me encuentres otro colchón de inmediato.
Si crees que voy a pasar una noche más en esa birria de cama llena de bultos, estás muy equivocada —su vozarrón se oía por todo el pasillo.
La pobre camarera filipina del servicio de habitaciones estaba a punto de llorar.
Le temblaba el labio inferior mientras se mantenía firme.
—Lo siento, señor, tengo que atender los camarotes de los pasajeros y ya voy con retraso porque mi ayudante está enferma.
Si abandono mi puesto, me despedirán —estaba aterrorizada por el jefe de seguridad, pero más aún por Heinz Linz, el director del hotel, que realizaba inspecciones sorpresa de los camarotes con regularidad.
—Tú y tu estúpido trabajillo no me importáis lo más mínimo. Lo que me importa es dormir. ¿ENTENDIDO?
—Señor, ya es suficiente —Jason no pudo soportarlo más. Heel pareció a punto de hacerlo trizas, pero como todos los matones, se echó atrás al ser confrontado; sabiamente, pues Jason era más alto y estaba más en forma que el obeso y engreído jefe de seguridad.
—Pues encárgate tú, Goodridge. Asegúrate de que tenga un colchón nuevo ESTA NOCHE —dándose la vuelta y recorriendo el pasillo a grandes zancadas, probablemente sintiendo que había salvado las apariencias al pasarle el problema a Jason, el jefe se topó con Rachel Prince, que salía de la zona de ascensores justo en su camino.
—¡Usted otra vez! Quítese de en medio —oyó Jason gritar al jefe antes de que apartara a Rachel de un empujón, quien lo fulminó con la mirada, atónita.
—¿Pero quién demonios se cree que es ese hombre y por qué me grita?
Jason miró a Rachel con aire de disculpa, pero la habría abrazado cuando ella se dio cuenta de que la camarera del servicio de habitaciones también estaba disgustada.
—María, ¿estás bien?
—Sí, señora, disculpe, señora. Justo iba a hacerle su camarote.
—No te preocupes por mí esta noche, María, continúa con los otros camarotes. Apenas he estado en él en todo el día.
La camarera musitó: —Gracias, señora —aún con aspecto de estar a punto de llorar, entró en el siguiente camarote para serenarse.
—Lo siento, Rachel —bajó la voz Jason—. ¿Puedo entrar un minuto?
—Sí, por favor, pasa.
Jason exhaló un suspiro de alivio y explicó brevemente lo que acababa de ocurrir en el pasillo.
Era leal hasta la médula, pero en este caso estaba indignado por el comportamiento del jefe de seguridad, y Rachel, la mejor amiga de su novia, era un buen paño de lágrimas. También sabía que era discreta.
—¿Cómo demonios se las ha arreglado para llegar a un puesto tan alto? Queen Cruises suele ser muy meticulosa en su selección de personal; siempre he pensado que…, ¡quitando al asesino en serie de turno, claro está!
Le dedicó una sonrisa. Jason entendió la broma sobre un antiguo empleado, pero aquello no era para tomárselo a risa.
La disciplina lo era todo a bordo de un crucero, y especialmente en el equipo de seguridad, que estaba allí para garantizar la seguridad de los pasajeros y que los delitos se resolvieran con rapidez y eficacia.
—No sé muy bien qué hacer. El comportamiento del que he sido testigo en las últimas veinticuatro horas es inaceptable, roza lo ofensivo. Debería denunciarlo, pero nunca antes he denunciado a un oficial superior.
—Pero ¿alguna vez has trabajado con alguien como el jefe Heel? —volvió a sonreír ante el apellido.
—En el ejército tuve algunos jefes muy exigentes y no siempre eran justos con los nuevos reclutas, pero no teníamos mucho contacto con civiles. Esto es diferente —Jason no podía quitarse de la cabeza la imagen de la camarera—. Ahora ha ido y ha puesto al señor Janda bajo arresto en su camarote.
—Me lo temía, pero estoy segura de que Deep Janda no tuvo nada que ver con la muerte de la señora Flanders.
Jason estaba de acuerdo, aunque la respuesta de Rachel le confirmaba lo que ya sospechaba: que ella estaba investigando a hurtadillas.
—¿Y por qué crees eso?
—No encaja en el perfil de un asesino a sangre fría, y esto fue un asesinato premeditado. ¿Cómo subió la serpiente a bordo? ¿Y por qué alguien iba a apuñalar a la mujer después de muerta? No tiene sentido.
—Bueno, no estamos seguros de cómo subió la serpiente a bordo, pero el apuñalamiento podría haber sido para desviar la atención de la mordedura si querían hacernos pensar que la muerte fue por otra causa. Es el plan más retorcido que se pueda imaginar.
—¿Qué te hace decir eso?
—Verás, el krait debió de morder a la mujer al menos tres o cuatro horas antes de que muriera.
Según el veterinario de Adelaida, el veneno es muy tóxico, pero no suele matar al instante.
Habría sufrido algún tipo de retortijón que, con el tiempo, le provocaría parálisis.
El cuchillo pudo haberse usado después de la parálisis por una de dos razones.
—¿Cuáles son?
—La primera sería para impedir que se le administrara un antídoto a tiempo para salvarla, distrayendo a quien la encontrara de la verdadera causa de la muerte. La segunda es mucho peor, me temo…
—Que el asesino quería que ella supiera quién lo había hecho, al estar consciente pero paralizada —Rachel terminó la frase por él, con cara de espanto—. Si ese es el caso, la persona la odiaba lo suficiente como para correr un riesgo enorme de que la atraparan.
—Me inclino más por la primera razón, Rachel.
Desde luego, al principio engañó al señor Janda y al equipo médico.
Fue solo gracias a la pericia del doctor Bentley que nos dimos cuenta de la mordedura.
Heel cree que el señor Janda desvió deliberadamente la atención del equipo médico hacia el apuñalamiento, asegurándose de que la pobre mujer estuviera muerta antes de que llegara la ayuda.
—O podría haber estado intentando ayudarla de verdad. ¿Y si el asesino tuvo que improvisar?
—¿Qué quieres decir?
—Dices que normalmente estas mordeduras tardan horas en hacer efecto, pero ¿y si funcionó más rápido, posiblemente por la edad de la víctima? El asesino habría tenido que hacer algo más rápidamente para desviar la atención del equipo médico de la mordedura, ¿no te parece?
—¿Quieres decir que el asesino quería llevarse la serpiente para que nadie supiera a qué se enfrentaban hasta que fuera demasiado tarde?
—Sí, creo que en eso consiste.
—Pero el plan salió mal, entraron en pánico y apuñalaron a la pobre mujer.
—Deep dijo que le pareció que había alguien en la biblioteca. Sospecho que ese alguien iba a recoger la serpiente para deshacerse de ella, pero se vio interrumpido cuando él entró.
Jason se pasó una mano por el pelo. Rachel tenía razón, y la experiencia con su nuevo jefe no le inspiraba ninguna confianza. Quizás Heel estaba sacando conclusiones equivocadas.
Lo que no le dijo a Rachel, porque le habían prohibido terminantemente decírselo a nadie, era que en el camarote de Manandeep Janda se había encontrado una jaula de cristal plegable para serpientes, oculta en una maleta.
O el hombre era un completo idiota o se la habían colocado.
Sabía por qué opción se inclinaría Rachel, pero seguía órdenes y decidió no compartir esa información, seguro de que, de todos modos, saldría a la luz muy pronto.
—Podrías tener razón, Rachel, pero si vas a ponerte a husmear, por favor, que Heel no se entere.
No me extrañaría que te metiera en el calabozo por obstrucción a la justicia.
Bueno, será mejor que vaya a buscarle su estúpido colchón.
No hace falta que te diga que esta conversación queda estrictamente entre tú y yo, ¿verdad?
—¿Y Sarah?
—Eso se da por hecho —sonrió al pensar en Sarah.
Ella ha devuelto la luz a mi vida después de encontrarme en un momento muy oscuro.