Morirse por un crucero (Misterios de Rachel Prince 4) Capítulo 10
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Capítulo 10

Rachel estaba que trinaba con el rimbombante jefe de seguridad mientras se dirigía al Jazz Bar para reunirse con Sarah. Deep había parecido totalmente abatido e indefenso cuando se lo llevaban.

Sarah ya estaba sentada en un reservado en lo más profundo del bar.

Allí había más intimidad que en la sala principal, donde la banda de jazz tocaba en directo y las mesas estaban abarrotadas de pasajeros que disfrutaban de la noche.

Rachel se dejó caer en el asiento de enfrente, soltando un fuerte suspiro.

—¿Qué te pasa? Por favor, dime que te has mantenido alejada de Robert.

—¿Qué? No, no tiene nada que ver con Robert. Acabo de tener el disgusto de conocer a tu irritante jefe de seguridad.

—Ah. —Sarah pareció compasiva, pero no le dijo nada más a Rachel; en su lugar, llamó a un camarero—. Un Martini con limonada para mi amiga, por favor, y yo tomaré una tónica.

—Sí, enfermera.

—¿Cómo se ha enterado de que estabas investigando?

—No se ha enterado. Estaba teniendo una conversación reveladora con Deep Janda, el hombre que encontró a la señora F ayer, cuando ha interrumpido groseramente y ha insistido en que Deep lo acompañara para seguir interrogándolo.

—Eso no suena nada bien. ¿Adónde se lo ha llevado?

—No lo sé. Me he ofrecido a acompañar a Deep, pero en cuanto el jefe ha oído mi nombre (supongo que ha oído hablar de mí porque dejó bastante claro que yo no era bienvenida), ha sido francamente grosero, para ser sincera.

—Me temo que eso es muy propio de él. Hasta a Jason le está costando contenerse, y ya sabes lo leal que es.

—¿Qué se traerá entre manos, Sarah? Esto no me gusta nada. Ha tratado a Deep como si fuera el principal sospechoso y se lo ha llevado de allí. Me sorprende que no le haya puesto las esposas al pobre hombre para que todo el mundo supiera lo importante que era.

Rachel miró hacia la gran bolsa que había al lado de la mesa. —¿Supongo que estás de guardia?

Sarah siguió su mirada hasta la bolsa que debía acompañar al personal médico cuando estaba de guardia, ya que contenía todo el equipo de emergencia que pudieran necesitar.

—Sí, Gwen tiene migraña, así que me he ofrecido a hacerle el turno.

Dice que me devolverá el favor mañana por la noche.

En cierto modo, me viene mejor, ya que los días de navegación son siempre los de más trabajo.

Llegaron las bebidas y Rachel sorbió su Martini. —Me gustaría mucho echar un vistazo dentro del camarote de la señora F. ¿Sabes en cuál se alojaba?

—Sí, Rachel, pero no te lo voy a decir. Si Brian Heel te pilla, se va a montar un buen lío. No es tan comprensivo como Waverley ni de lejos tan humilde. No me fío de él más que tú, pero no puedes arriesgarte a enemistarte con él.

Rachel frunció el ceño al reconocer la mirada decidida en los ojos de Sarah y supo que, de momento, no daría su brazo a torcer.

—Supongo que tienes razón.

—Sabes que la tengo, ya lo has conocido. ¿Acaso parece el tipo de hombre que agradece las interferencias..., esto..., la ayuda?

—¡Pero se equivoca de hombre! Deep no ha podido hacerlo, estaba enamorado de esa mujer.

A Sarah se le abrieron los ojos como platos y las cejas se le dispararon hasta el techo. —¿Enamorado? Vaya, eso sí que es un giro inesperado. Será mejor que me cuentes más.

Rachel le relató la conversación que había tenido con Deep durante la cena: cómo había conocido a la señora F en la universidad, cómo su familia prohibió el matrimonio y cómo ella se había puesto en contacto con él de la nada hacía seis meses.

—La cuestión, Sarah, es que ella le dijo que le preocupaba que alguien estuviera intentando hacerle daño.

Él lo atribuyó a una imaginación calenturienta o incluso a una manipulación, pero aceptó venir a este crucero en parte para disipar sus temores y en parte por la curiosidad de reencontrarse con su antiguo amor.

—¡Antiguo es la palabra, debió de ser hace sesenta años!

—Sesenta y uno, para ser exactos. En fin, ¿qué tiene que ver la edad? Dijo que el primer amor nunca se olvida. —Rachel suspiró con nostalgia.

—Creo que eso depende de tu primer amor, pero los recuerdos no siempre son positivos, ¿verdad? ¿Te acuerdas de Liam? A mí me gustaría olvidarlo por muchísimas razones.

Rachel soltó una risita al recordarlo. Liam había sido el primer novio de Sarah.

Se habían conocido en el club juvenil que dirigía el padre de Rachel, que todavía trabajaba en la misma parroquia del pueblo donde ambas chicas se habían criado.

Era un chico larguirucho con un acné terrible, pero después de pedirle salir a Sarah en numerosas ocasiones, ella finalmente aceptó.

Salieron durante seis meses, tiempo en el que Sarah les explicaba a Rachel y a sus otras amigas del colegio y de la iglesia que él era «el definitivo».

Fue una sorpresa para Sarah cuando un día fue a darle una sorpresa junto al río, donde a él le gustaba pescar, y lo encontró en un abrazo íntimo con Peter, un chico del pueblo de al lado.

—Sí, me acuerdo de él. Creo que tú fuiste la única a la que le pilló por sorpresa.

—Qué cruel, pero tienes razón. No tengo ni idea de cómo no me di cuenta.

—Estuviste enfadada durante meses, nunca te había visto tan furiosa.

—Creo que fue más por el hecho de que me utilizara como tapadera que por estar enamorada.

Había empezado a sentir que faltaba algo, lo que obviamente era cierto.

—Ambas se rieron con el recuerdo—. Así que no todas anhelamos a nuestro primer amor, Rachel, y tú no estás anhelando a Robert, así que olvídalo.

—Tenías que ser tú para ponerme los pies en la tierra.

Sí, eso tiene sentido. Supongo que el caso de Deep es diferente por la forma tan cruel en que los obligaron a separarse.

Eso haría que uno siempre se preguntara: «¿Y si...

?». Dice que ha llegado a querer a su mujer y, según parece, la señora F había estado felizmente casada; aunque de eso no sabemos mucho.

—Entonces, ¿de quién tenía miedo?

—No lo sabe. Habían quedado en la biblioteca ese día para que ella se lo contara, aunque creo que a él le interesaba más hablar de los viejos tiempos. Es imposible que la asesinara, no hay móvil. Tenía ganas de volver a conocerla a través de encuentros clandestinos durante el crucero.

—Es confuso, lo admito, pero no creo que nuestro jefe Heel…

uy, me acabo de dar cuenta de cómo suena eso.

—A ambas les dio un ataque de risa antes de que Sarah continuara—.

Seguro que el jefe de seguridad Heel no se lo ha llevado sin ningún motivo.

De todos modos, quizás solo quería hacerle algunas preguntas más.

—Entonces, ¿por qué esa actitud tan agresiva y por qué excluirme a mí?

—Creo que sabes la respuesta a lo segundo, pero en cuanto a lo primero, me parece que él es así.

Casi me tira al suelo ayer cuando irrumpió en la biblioteca como un bulldozer.

Y luego esa mirada agresiva que me echó…

que, por cierto, todavía me inquieta. Jason dice que Heel no sabe nada de nosotros, así que no puede haber sido por eso.

En ese momento, la radio de Sarah cobró vida con una llamada para atender a un pasajero. —Alguien se ha olvidado su ácido alendrónico.

—¿Qué es eso?

—Es una pastilla que toman una vez a la semana para mantener a raya la osteoporosis y prevenir fracturas. Es uno de los de la lista de «cosas que hacer antes de morir».

Rachel tuvo la tentación de seguir a su amiga para ver en qué planta se alojaban los pasajeros de la lista, suponiendo que, al ser una reserva de grupo, estarían todos en la misma cubierta, pero tuvo una idea mejor.

Primero necesitaba cambiarse la ropa informal que se había puesto para comer en el bufé y para reunirse con Sarah en el bar de jazz.