Morirse por un crucero (Misterios de Rachel Prince 4) Capítulo 7
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Capítulo 7

Rachel siguió al camarero hacia el interior del restaurante Coral mientras este la conducía a una mesa para uno.

—¡Rachel!

Se quedó paralizada de pavor al reconocer la voz que la llamaba desde una mesa cercana. Al darse la vuelta bruscamente, se encontró cara a cara con su ex-prometido. Allí estaba el hombre que tanto dolor le había causado un par de años atrás.

—Robert. —Le falló la voz, resurgiendo todas las emociones en carne viva que había sentido antes.

Aparentemente ajeno a su incomodidad o, lo que era más probable, sin importarle en absoluto, él continuó—: Qué alegría volver a verte. Estás preciosa. —Se inclinó y le dio un beso en la mejilla antes de que ella lograra reponerse lo suficiente como para apartarse.

—¿Qué haces aquí? —Se maldijo por dentro por sonar tan débil, sintiéndose aún más estúpida al ver que le temblaban las manos con solo mirarlo.

Sin esperar respuesta, le dio la espalda y se volvió hacia el camarero—.

Lo siento, tengo que irme. Estoy haciendo esperar a este señor.

—Los ojos de Robert siguieron su mirada hacia el camarero y, peor aún, hacia la mesa para uno a la que la estaba llevando.

Su sonrisa engreída delataba lo satisfecho que estaba de que, al parecer, estuviera sola.

—¡Rachel, ahí estás! Por favor, acompáñanos en nuestra mesa.

Te estábamos esperando. —Deep le guiñó un ojo al camarero—.

Creo que ha habido un error. La señorita Prince va a cenar con nosotros.

—Antes de que se diera cuenta de lo que pasaba, su nuevo salvador la cogió del codo y la acompañó a una mesa redonda para ocho personas, un poco alejada de donde estaba sentado Robert.

—Gracias. —La voz todavía le temblaba.

—No es nada. Espero que no te importe mi intromisión, pero parecías incómoda. ¿Te estaba molestando ese hombre? No tienes buena cara. ¿Te sirvo una copa?

Rachel vio las botellas de vino sobre la mesa.

—Vino tinto, por favor. —Se esforzó por serenarse mientras Deep servía el vino, y le agradó que una señora corpulenta a la izquierda de él lo enzarzara en una conversación. El corazón aún le latía con fuerza y se sentía mareada.

Deep no tardó en volver a prestarle atención. —¿Quién es?

—Alguien a quien conocía. —Conteniendo las lágrimas que le escocían en los ojos, dio un buen sorbo de vino.

—Perdóname. No pretendo entrometerme, pero yo diría que es alguien a quien amabas.

—Sí, lo es. Como tú y la señora F, ¿sospecho? —La mirada ausente en sus ojos le dijo a Rachel que tenía razón y eso la ayudó a recuperar la compostura.

—Eso fue hace mucho tiempo.

—Pero sospecho que aún la amabas.

—A veces amamos los recuerdos que creamos en nuestra cabeza más que los que son un fiel reflejo de la realidad, creo yo.

—Qué profundo, Deep. Sabes, creo que tienes razón. Gracias por esa perla de sabiduría. ¿Estás seguro de que no te importa que cene con vosotros?

—Al contrario, es fácil hablar contigo y quizás me ayude a olvidar los terribles sucesos de antes.

Rachel casi se había olvidado del cadáver en la biblioteca.

Sacudió la cabeza enérgicamente para desechar la conmoción de haberse topado con su ex allí, precisamente.

Durante toda la cena, miraba de soslayo hacia donde Robert estaba sentado de espaldas a ella.

Reconoció a uno de los hombres que lo acompañaban del cuerpo de policía donde trabajaba en Mánchester.

Estaba sentado en una mesa para seis y, a juzgar por la animada conversación que mantenían, todos se conocían.

Había una mujer mayor de unos cuarenta y pocos años, una joven de veintipocos y una mujer preciosa unos años mayor que Rachel.

Ataviada con un sari azul, se sentaba justo al lado de Robert, con otro hombre a su derecha.

—¿Vas a contarme quién es? —preguntó Deep con delicadeza.

—Mi ex-prometido. No lo he visto desde que rompió el compromiso hace dos años.

—Ese hombre es un necio —dijo Deep.

—Brindo por ello. —Rachel cogió su copa de vino y la chocó con la de su nuevo amigo.

—Sospecho que todavía estás un poco enamorada de él, quizás.

—No, estoy enamorada del hombre que me espera en Londres.

Se llama Carlo. —Se preguntó por qué sonaba tan a la defensiva y por qué el corazón seguía latiéndole con fuerza al ver a Robert tan cerca—.

Como tú sugeriste, quizá estoy enamorada de los buenos recuerdos.

Es solo la conmoción de verlo, nada más.

Trabaja, o trabajaba, en Mánchester cuando estábamos prometidos.

—¿Por qué rompió el compromiso, si no te importa contárselo a un viejo?

Rachel se encontró contándole a Deep cómo se habían conocido cuando ella era una policía en prácticas que trabajaba en Leeds y cómo Robert la había conquistado por completo, le había pedido que se casara con él y luego, de repente, la había llevado a comer para romper el compromiso.

—Encontró a otra, me dijo que estaba enamorado y que se iba a casar con ella.

Eso es lo último que supe. No me lo tomé nada bien, me marché y me negué a tener ningún contacto con él después.

Siguió intentando llamarme durante meses, pero lo bloqueé para que no pudiera llamar a mi móvil ni enviarme mensajes, y entonces me escribió una carta.

—¿Qué decía la carta?

—No lo sé, nunca la leí. Conocí a Carlo unos meses después y hemos estado juntos desde entonces. —La idea de Carlo la hizo sentirse cálida y segura de nuevo, pero no pudo evitar el efecto que había tenido en ella encontrarse con Robert.

—No le he visto alianza en el dedo. Creo que más vale que tengas cuidado, Rachel. Por la forma en que te miraba, yo diría que podría intentar recuperarte. Deja que te diga una cosa sobre los hombres como él: para ellos, todo es la emoción de la caza.

Rachel tragó saliva, deseando estar en cualquier otro lugar que no fuera ese crucero.

¿Cómo se atrevía a subir a bordo del preciado barco que tanto amaba y perturbar su vida de esa manera?

. Picoteó la comida durante toda la cena, escuchando educadamente pero sin oír las conversaciones a su alrededor.

No fue hasta la mitad de la cena que se dio cuenta de que Prudence estaba sentada frente a ella, junto a Glenis Blunt y el insensible de Charles, a quienes había conocido antes. Al oír la voz de Charles, se percató de que había estado mirando su plato durante al menos cuarenta minutos.

—Sigo pensando que fue el hijo. —Las palabras de Charles sacaron a Rachel de su autocompasión, y levantó la vista y se fijó en las otras personas de la mesa.

Un hombre educado y discreto se sentaba a la derecha de Rachel, junto a Charles, con quien había hablado principalmente durante la cena.

A la izquierda de Deep había una mujer corpulenta que aparentaba unos ochenta años, y a su lado una mujer que parecía un insecto palo, que se mantenía erguida y hablaba sobre todo con Glenis, a su izquierda.

—La verdad es que no quiero hablar de ello —dijo Deep bruscamente—. Si me disculpáis. —Se levantó, asintiendo cortésmente hacia Rachel y la mujer a su izquierda antes de abandonar el restaurante.

—Mira lo que has hecho —lo regañó Prudence.

—Lo siento, se lo compensaré más tarde. Hemos quedado para una partida de Blackjack en el casino. Me dijo que juega y pensé que podría animarlo; se ha llevado un buen susto. —Era obvio que Charles no tenía mala intención, pero no sabía cuándo callarse.

—Me alegro mucho de volver a verte, Rachel.

¿Cenarás con nosotros todas las noches? —Glenis miró a Rachel suplicante, que supuso que la pobre mujer podría necesitar protección contra la fuerza de la naturaleza que era Charles, y ella misma podría necesitar protección contra la otra fuerza de la naturaleza que era Robert.

—No estoy segura de que pueda todas las noches, pero si puedo, lo haré.

—Vamos, señoras, es la hora del espectáculo. —El hombre que había estado sentado junto a Rachel tomó la palabra.

—¿Vienes tú también, Rachel? —le preguntó Prudence.

—Gracias, pero he quedado con una amiga dentro de un rato. Quizá en otro momento.

Rachel vio por el rabillo del ojo que Robert se marchaba con la atractiva mujer asiática susurrándole al oído. La mujer lanzó una mirada fulminante a Rachel al pasar. Robert iba distraído por el hombre que Rachel había reconocido, quien le hizo un gesto de saludo con la cabeza.

—Todo tuyo —murmuró Rachel tras la mujer asiática. Tras dejar pasar unos minutos, ella misma salió del restaurante sintiéndose totalmente agotada.

En cuanto entró en el Jazz Bar, el ambiente relajado le calmó los nervios. La sensación familiar de la sala y la música rítmica aliviaron la tensión y la ayudaron a controlar el tumulto de pensamientos que se arremolinaban en su cabeza.

Sintió un toquecito en el hombro y dio un respingo, con los puños apretados.

—Rachel, soy yo. Perdona, ¿te he asustado? —Sarah la abrazó.

—No, perdona, estoy un poco nerviosa.

Sarah se fijó en los puños apretados, pero no dijo nada. Encontraron un reservado tranquilo, lejos del gentío.

—¿Qué quieres tomar? —preguntó Sarah.

—Martini con limonada, por favor. Siento lo de antes, no me encuentro bien.

—¿Qué pasa, Rachel? Parece que has visto un fantasma.

—Pues casi. ¿A que no adivinas con quién me he topado en el comedor esta noche?

—Que no sea otro ex-criminal jurando venganza, por favor.

—No, peor, era Robert.

—¿Robert el capullo de tu ex-prometido?

Rachel se rio. —Ese mismo.

Sarah frunció el ceño, preocupada. —¿Estaba su mujer con él?

«Eso es lo raro, que ni siquiera llevaba alianza y tenía a una mujer asiática pendiente de cada una de sus palabras. Estoy segura de que la mujer por la que me dejó se llamaba Jessica, que no es precisamente un nombre asiático».

—Mmm, bueno, si es así, te libraste de una buena; está claro que no es de fiar. Rachel, por favor, dime que no sigues enamorada de él. ¿Y Carlo?

—No lo estoy... al menos creo que no, pero reconozco que estoy confusa. El corazón acaba de dejar de latirme a mil por hora después de volver a verlo. Quizá sea por la conmoción. Yo quiero a Carlo. No se puede estar enamorada de dos personas, ¿verdad?

—No, Rachel. Quizá algunas personas sí puedan, pero tú no. Tú eres mujer de un solo hombre, y créeme, ese hombre es Carlo.

—Seguro que tienes razón. —Llegaron las bebidas y Rachel cogió su Martini, mirando el ceño fruncido de preocupación en el rostro de su mejor amiga.

Aunque Sarah nunca había dicho nada, Rachel sospechaba que Robert había intentado sembrar cizaña entre ellas.

De hecho, había sembrado cizaña entre ella y todos los demás que conocía. Era hora de hablar de otra cosa.

—Me he enterado del asesinato.

—No sé cómo lo haces, Rachel Prince. ¡No haces más que subir a este barco y ya hay un asesinato!

—Bueno, ahora mismo sé bien a quién me gustaría asesinar. —Rachel dio otro sorbo a su bebida.

—No dejes que te afecte, no te merece, nunca lo hizo. Pasando del tema del capullo, ¿cómo te has enterado del asesinato y sabes quién era?

—No, todavía no he tenido tiempo de localizar al asesino.

Ambas mujeres se rieron. —Sabes que no me refería a eso. —Sarah miró a su alrededor para asegurarse de que nadie las escuchaba—. Fue nuestra señora F.

—Ya lo sabía. Después de que te fueras, no pude resistirme a bajar a la biblioteca y merodear por fuera.

Me puse a hablar con algunas personas del grupo del viaje de «cosas que hacer antes de morir» y, antes de darme cuenta, ya me habían contado toda la historia.

Luego conseguí hablar con el hombre que la encontró, Deep Janda.

Es un hombre encantador, me recuerda al abuelo que nunca tuve.

También me rescató en el comedor después de que Robert me abordara.

—¡Vaya! Todo eso en unas pocas horas, tiene que ser un récord. No se te puede dejar sola, ¿eh? Pero apuesto a que no sabes cómo murió. —Sarah bajó la voz de nuevo y bebió un sorbo de Chardonnay.

—Pues sí, lo sé, un hombre llamado Charles nos dijo que fue apuñalada.

—Ajá, por una vez, agente Prince, te equivocas. La puñalada era demasiado superficial, según Graham, que también notó unas marcas en su tobillo.

—¿Qué tipo de marcas?

—Una mordedura. Te toca adivinar.

—Bueno, no puede haber sido un vampiro si fue en el tobillo, así que habrá sido una araña o una serpiente. Apuesto por una serpiente.

Sarah soltó un profundo suspiro. —Acertaste, como siempre, señorita Sabelotodo.

A nadie le gustan los listillos, que lo sepas.

Fue una serpiente venenosa. Gwen la atrapó.

Deberías haberla visto, Rachel, fue increíble.

Un veterinario la ha recogido y se la ha llevado a Adelaida, junto con el cuerpo de la difunta señora F, a quien le harán la autopsia mañana por la mañana.

El veterinario ha identificado la serpiente como un krait común, muy venenoso, que libera una potente neurotoxina que causa parálisis muscular, según dice.

El veterinario analizará la serpiente para ver si todavía tiene veneno, así que todo lo que necesitamos averiguar ahora es cómo subió a bordo y quién apuñaló a la pobre señora F después de que la mordieran.

—¿Necesitamos? ¿Creía que no te gustaba que me involucrara?

—Y no me gusta, pero no me fío del nuevo jefe de seguridad, Brian Heel.

Es más, fue horrible con Jason y me fulminó con la mirada como si yo fuera su enemiga acérrima.

Graham cree que lo conozco de antes, Gwen dice que tengo que tener cuidado, pero no sé quién es, aparte de nuestro jefe de seguridad interino.

No lo he visto en mi vida, pero él parece conocerme.

—Eso es inquietante, espero que no estés en peligro. —Rachel no podía soportar la idea de tener que preocuparse también por Sarah, además de evitar a su ex.

—Probablemente no me conoce de nada. Seguro que se ha enterado de que estoy saliendo con un miembro del equipo de seguridad y por alguna razón —lo más probable es que sea un aguafiestas— no le gusta.

—Eso tiene más sentido. Desde luego, a mí me pareció que no querría que nadie fuera feliz.

Después de una hora, Rachel se sentía mucho más como ella misma y, tras despedirse de Sarah, se dirigió a su camarote con un plan en mente. Investigar y resolver el asesinato sería lo mejor para mantenerse ocupada. Le ayudaría a no meterse en líos.