Morgana 8. La promesa de un dragón #3
26%

8. La promesa de un dragón #3

—Pero no fue Dios quien escuchó vuestras súplicas, sino yo —aclaró Merlín—. Y vos jurasteis sobre sagrado que me daríais lo que pidiera si conseguía que yacieseis con lady Igraine esa misma noche.

En el momento en el que hizo ese juramento, el rey hubiera vendido al diablo su propia alma para conseguir lo que quería.

Ya en el pasado hizo juramentos de ese tipo, presionado por las circunstancias.

Pero una cosa era hacer un juramento y otra muy distinta, cumplirlo.

Ahora que el cuerpo de mi madre lepertenecía a ojos de Dios y de los hombres, aquel juramentole incomodaba, de manera que se dirigió a Merlín con tono agrio.

—Sé que estoy en deuda con vos, aunque creo que en su momento dejé claro que el pago sería algo que pudiese ser encontrado.

Oro, castillos, riquezas… —enumeró—. ¿Cuáles son vuestros anhelos?

¿Qué ambicionáis? Lo que esté en manos de un rey conceder, os lo entregaré con prontitud.

Eso es lo que os prometí. Y eso es lo que os daré.

—Oro… castillos… riquezas… —remedó Merlín con grandilocuencia—.

¡Qué maravilla! ¡El rey de Britania está en deuda conmigo!

Podría pedir lo que quisiera. —Se rascó la barbilla fingiendo sopesar sus opciones—.

Me han dicho que a un faraón de Egipto lo enterraron con una espada hecha con metal caído del cielo.

¿Eso puede ser encontrado, majestad? — Observó a Úter con insolencia.

Justo cuando este hizo el amago de abrir la boca para responder, Merlín continuó con su monólogo—: O quizás podría pediros un jardín con árboles que den rubíes del tamaño de manzanas.

O una yegua del reino de Danann, herrada con oro, con una esmeralda en su testera.

¿Qué podría ambicionar quien ya posee el tiempo, la tierra en la que posa sus pies y el aire que respira?

—Siguió recitando Merlín—. Soy el dueño de todo lo que queda ante mis ojos y de lo que veo cuando cierro los párpados.

Son míos los astros del cielo, los árboles, los ríos, los montes…

¿Creéis acaso que alguien capaz de desordenar las partículas de un ser humano para hacerlo pasar por otro puede ambicionar un bien material?

¿Riquezas, decís? Me decepcionáis, majestad.

—¡Hablad, pues! ¿Qué es lo que queréis a cambio de la ayuda que me brindasteis? —Úter estaba perdiendo la paciencia.

Merlín dejó la respuesta en suspenso durante unos segundos.

—El encuentro que facilité entre vos y lady Igraine pronto dará sus frutos —anunció al fin—. Debéis saber que habéis engendrado un hijo varón en el vientre de la mujer que tanto amáis. En este momento, una criatura de vuestra sangre crece en las entrañas de vuestra esposa…

—¿Un hijo?

—… y eso es lo que me habéis concedido. Cuando nazca, me lo daréis.

Úter lo observó con incredulidad.

—¡Es una locura! —estalló al fin—. No podéis pedirme que os entregue a mi hijo.

¡Mi primogénito! ¡El legítimo heredero al trono de Britania!

—recalcó. Quizás el mago no había reparado en ese pequeño detalle—.

Aunque sea cierto lo que me decís, no es algo sobre lo que yo tenga potestad.

¿Cómo arrebatarle un hijo a su madre? Las madres no entregan a sus hijos así como así.

¡Eso es imposible! ¡Imposible! —repitió, por si no había quedado suficientemente claro el primer imposible .

Luego guardó silencio para recomponerse antes de tentarle con una propuesta—.

¡Pedidme otra cosa! Puedo daros un pájaro que habla en latín.

¿Cuántos pájaros habéis visto hablando en latín?

Es una auténtica maravilla, lo trajeron de…

O… o… podría cederos a un enano que canta, baila, da volteretas y encuentra trufas en los bosques con una facilidad que…

—Cumplí mi parte del pacto. No dudé. Hice lo que esperabais de mí. ¡Exijo la retribución estipulada!

—Solo intento que entendáis cómo lo verá lady Igraine. Ella no comprenderá…

—Lo que comprenda o no, poco importa —interrumpió Merlín—.

¿Acaso creéis que el destino de un reino puede supeditarse a los deseos de una mujer?

Para que vos pudieseis yacer con la esposa de otro hombre, yo he trastocado el orden del universo.

¡He puesto el mundo patas arriba simplemente para que vos pudieseis satisfacer un bajo instinto! Jamás un rey le debió tanto a un mago.

—Oh… claro. ¡Lo único que pedís a cambio es que entregue a mi hijo!

Carne de mi carne. Mi primogénito. El llamado a ser rey en un futuro.

¿Qué pensáis hacer con él? ¿Lo queréis como esclavo?

¿Es eso? ¿Pretendéis demostrar que tenéis más poder que yo haciendo que mi hijo se convierta en esclavo en un brugh 36 ?

Los ojos de Merlín se incendiaron como las brasas de la chimenea. Uno de los candelabros se deslizó sobre la mesa a toda velocidad, cruzó la estancia y se estrelló contra un escudo que adornaba la pared.

Se hizo el silencio.

Úter había sido testigo del poder de Merlín en el pasado, pero era la primera vez que fue consciente de que, sirviéndose de la magia, podría destruirlo. Observó las velas apagadas esparcidas por el suelo, junto al candelabro aún oscilante, y se sintió derrotado.

—Le gente hará sus cuentas. ¿Acaso no os habéis parado a pensarlo?

—La pregunta del mago sonó sorprendentemente apacible—.

Habrá quienes piensen que es hijo del duque.

Esa criatura heredará sus enemigos y los vuestros.

Suerte tendrá si alcanza a cumplir un año de edad.

¿No os parece ese un buen motivo para que yo lo ponga a salvo?

A Úter no le había dado tiempo a valorar esos detalles.

La aseveración de Merlín suscitaba algunos interrogantes (decenas, en realidad).

Y no es que el rey fuese ajeno a las complicadas relaciones entre los monarcas, sus descendientes y sus adversarios.

La truculenta historia de su familia era un claro ejemplo de ello.

Los poemas y canciones de los bardos estaban cuajados de traiciones, venganzas y asesinatos motivados por circunstancias más nimias que aquella.

—¿Estáis seguro de que esta es la mejor decisión? —musitó Úter.

—Así ha de ser. Volveré en unos meses —declaró mientras caminaba hacia la puerta. Antes de atravesarla, se dio la vuelta y observó al rey con sus elocuentes ojos, tenebrosos como la congoja—. Sed amable con Morgana.

No se trataba de una sugerencia; sonó más bien como una orden.

Úter, que aún no se había recuperado de la noticia del hijo que había ganado y perdido el mismo día, frunció el entrecejo.

—¿Con quién?

—¿Acaso no sabéis cómo se llama la hija de la mujer que decís amar? —preguntó molesto—. Morgana —repitió. Pero Úter seguía ahí, como un pasmarote—. ¡La niña! —aclaró.

—Ah… sí, esa niña…

—Ya le habéis arrebatado bastante, ¿no creéis?

El rey no respondió, inmerso como estaba en sus desasosiegos.

—No hay honor alguno en torturar a una niña. Tened eso presente —le dijo Merlín como despedida.

32 García Gual, C. (2020). Historia de Merlín . España: Siruela.

33 Hadas del mar.

34 Palabra francesa derivada del verbo oublier (‘olvidar’).

Los oubliettes se utilizaban para encarcelar prisioneros, potenciales enemigos o para disuadir a los revoltosos.

En sentido arquitectónico son mazmorras o celdas que aprovechan los recodos de los muros o torres de un castillo.

El espacio era por tanto reducido y su acceso se realizaba por aberturas ocultas, lo que dejaba pocas posibilidades de escape, reforzando su condición de confinamiento cruel.

Esa idiosincrasia los convertía en lugares poco ventilados, oscuros, fríos y húmedos, lo que enfatizaba la humillación y tormento que sufrían las personas encerradas en ellos.

En resumen: el oubliette era el lugar al que iban a parar las personas que se echaban al olvido.

35 Las campanas, las gárgolas y las veletas son las tres defensas tradicionales contra el diablo.

Se cree que el sonido transparente de las campanas de las iglesias repele a los seres feéricos con tendencia maliciosa o voluble.

Ahora bien, también es cierto que las hadas mantienen una relación ambivalente con el sonido de las campanas.

Ninguna cabalgata de las hadas podría considerarse como tal sin los cascabeles que adornan los arreos de sus majestuosos caballos.

Se cree que el tintineo de batintines, campanillas o sonajeros las hace felices por el gran amor que sienten por la música.

36 El brugh es una morada mágica subterránea, un espacio hueco en el interior de las colinas verdes, los túmulos, los montes o montículos, incluso bajo lagos o ríos, habitado por hadas.

Se asocia generalmente con el otro mundo celta.

A simple vista parece una elevación natural del terreno ( una fairy hill ), pero en noches especiales, el velo que lo oculta se diluye y algunos humanos pueden verlo.

Deriva de la palabra borough, que significa ‘fortaleza’, ya que los seres feéricos lo describen como maravillosos castillos.

Pero entrar en un brugh no siempre es una fiesta.

Los cristianos que han estado allí alguna vez (la mayoría niños humanos secuestrados por las hadas), y han logrado escapar para poder contarlo, aseguran que son oquedades húmedas bajo las colinas.

Se cuenta que una joven madre dejaba todos los días un cuenco de leche en el alfeizar de la ventana como ofrenda a las hadas.

El día que olvidó hacerlo, las hadas, ofendidas por la desconsideración, se llevaron a su hijo.

El niño pasó tres años recluido en el brugh, obligado a tocar por las noches un arpa de plata.

El exterior de los brugh se conoce como sithien.