MONTANA SEAL’S MAIL-ORDER BRIDE (Brotherhood Protectors nº 12) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

Aurelia recogió sus artículos de aseo, la ropa interior y el albornoz blanco y esponjoso que Hannah le había traído antes para que lo usara mientras se preparaba para su boda.

Cuando oyó a Gavin salir del baño y volver a su habitación, cruzó el pasillo y entró en el baño, que todavía estaba lleno de vaho por el uso de Gavin.

Se quedó un momento de pie, inhalando el aroma de su colonia, deseando que él estuviera allí para abrazarla.

La hacía sentir segura, incluso cuando estaban desnudos en agua helada, con balas volando a su alrededor.

Había estado segura de que la protegería con su vida, si llegaba el caso.

Él era ese tipo de hombre. Honesto, amable y valiente.

No podría pedir un marido mejor. Pero él sí podría pedir una esposa mejor, o al menos una más adecuada para él y su estilo de vida.

Con la mente dando vueltas a todo lo que había sucedido en la última semana, no conseguía que un solo pensamiento se le quedara fijo por más de un segundo.

Lo apartó todo al fondo de su mente, se metió bajo el chorro de la ducha y cerró los ojos.

Inmediatamente, se vio transportada de nuevo a la poza, de pie bajo el torrente de la fresca y cristalina cascada con Gavin.

El corazón se le henchió, llenándose de toda la emoción que no podía reprimir cuando pensaba en el grande y fuerte Navy SEAL.

Era el tipo de hombre con el que una mujer soñaba.

Después de la ducha, se frotó la piel con una loción de olor dulce, se secó el pelo y se lo recogió en un moño alto y despeinado, dejando que algunos mechones cayeran alrededor de sus orejas.

Unos golpes en la puerta del baño la hicieron sobresaltarse y dejar caer el cepillo que sostenía en la mano.

—¿Aurelia? —La voz de Hannah sonó a través de la madera—. Tienes que empezar a prepararte. Lori, Sadie, Allie y yo estamos aquí para ayudar. Puedes salir. No hay moros en la costa. Gavin está abajo con los hombres.

Aurelia se ciñó el cinturón del albornoz y salió del baño.

—¡Oh, me encanta lo que te has hecho en el pelo! —exclamó Hannah—. Y me alegro de que aún no te hayas maquillado. Sadie ha traído su magia. Va a ayudarte con eso.

Las mujeres la condujeron a su dormitorio y se pusieron manos a la obra para prepararla. Sadie le aplicó el maquillaje mientras las demás se ponían sus vestidos de damas de honor. Cuando Sadie finalmente se echó hacia atrás con una sonrisa de satisfacción, Aurelia intentó girarse hacia el espejo.

Sadie negó con la cabeza.

—Todavía no. Mejor ver el efecto completo después de ponerte el vestido.

Mientras había estado en el baño, alguien había traído el vestido de novia ya arreglado y lo había colgado en la parte de atrás de la puerta.

Hannah y Lori lo descolgaron de la percha y lo sujetaron mientras Aurelia se metía entre la espuma de encaje, satén y tul. Lori la ayudó a colocarse el velo en el pelo y le ajustó la cola.

Todas las mujeres se echaron hacia atrás y soltaron un suspiro colectivo.

—Estás deslumbrante —sentenció Sadie y luego la giró hacia el espejo de cuerpo entero.

Aurelia no reconoció a la mujer que le devolvía la mirada.

No recordaba ninguna ocasión en la que hubiera estado tan guapa.

De repente, todo era demasiado real. El corazón le dio un vuelco en el pecho y empezó a latirle con tanta fuerza que oía el pulso retumbarle en los tímpanos. Necesitaba salir, respirar aire puro.

—¿Aurelia? —Hannah la agarró por los hombros—. ¿Estás bien?

Ella negó con la cabeza.

—Necesito aire.

—Estás sufriendo un ataque de pánico, cielo. Solo respira hondo.

Cuando Aurelia intentó inspirar y espirar, sintió que sus pulmones no colaboraban. Como si intentara aspirar aire a través de una pared.

—¿Quieres que te traiga una bolsa de papel para que respires dentro? —preguntó Hannah, con el ceño fruncido.

—No. Necesito aire.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó Lori.

—Dejadle espacio —dijo Hannah.

—Necesito salir. —Aurelia se recogió el vestido y corrió hacia la puerta.

Allie, la cuñada de Sadie, era la que estaba más cerca y se la abrió.

Aurelia salió disparada, bajó corriendo las escaleras y salió por la puerta principal a la terraza.

Una vez fuera, seguía sin ser suficiente. No podía parar hasta llegar a un lugar donde el aire no fuera tan denso.

Se oyó un relincho detrás de la casa.

El establo.

Aurelia corrió por el césped, dobló la esquina de la casa y se dirigió directamente al establo. Una vez dentro, fue derecha al box de Sassy.

—Oh, Sassy. No… sé… qué… hacer. —Inhaló aire, pero no parecía llenarle los pulmones.

Agarrando el cerrojo, lo abrió y deslizó la puerta del box hacia un lado.

Sassy bailoteaba por el interior, sacudiendo la cabeza, excitada, probablemente pensando que iban a dar un paseo.

Con todo pareciendo agobiarla, Aurelia solo podía pensar en escapar. Tenía que llegar a un lugar donde pudiera respirar de verdad.

Con la urgencia de quien se está ahogando, le echó una silla de montar a Sassy por el lomo, apretó la cincha y le deslizó la brida por la cabeza. Luego, apoyó el pie cubierto de satén en el estribo y se subió de un salto al lomo del caballo.

En ese momento, alguien abrió la gran puerta del establo.

—¿Aurelia? —gritó una voz.

Gavin.

Aurelia negó con la cabeza, con el pecho tan oprimido que no podía tomar ni la más mínima bocanada de aire.

—Lo siento —dijo.

Al ver el sol y la libertad, Sassy saltó hacia adelante, pasando rozando a Gavin mientras huía de los confines del establo.

Una vez fuera, estaban rodeadas de vallas.

Sassy no dejó que eso la detuviera. Corrió hacia la más cercana y saltó por encima del raíl superior.

Aurelia se agarró, ajustándose al movimiento del caballo. Pronto, galopaban por el pasto, alejándose de la boda y dirigiéndose hacia la seguridad y el anonimato de las montañas.