MONTANA SEAL’S MAIL-ORDER BRIDE (Brotherhood Protectors nº 12) Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

—Sabes —dijo Young—, esa princesa desaparecida me resulta familiar —se dio un golpecito en la barbilla, entrecerrando los ojos—. Pero no sé de qué.

—No la he visto bien —Franklin extendió la mano—. Dame el mando, para que pueda rebobinar y verla más de cerca. Me vendrían de perlas doscientos cincuenta mil dólares para montar un gimnasio en San Antonio.

Aurelia contuvo el aliento, rezando para que no rebobinaran hasta la noticia de la princesa desaparecida.

Hannah agarró el mando con fuerza.

—Quiero ver el tiempo. Puede que tengamos que cortar el heno antes de tiempo si hay mucha lluvia en el pronóstico.

Franklin, Vasquez y Young gimieron al unísono.

—¿Qué? —Hannah les lanzó una mirada interrogante—. ¿Un poco de trabajo duro os va a matar?

—No, señora —dijo Vasquez, murmurando algo sobre picores y sudor por lo bajo.

El anuncio terminó y empezó el tiempo. Tal y como sospechaba Hannah, el pronóstico preveía lluvia para la semana siguiente.

—Tenemos que cortar el heno mañana y dejarlo secar un par de días antes de poder embalarlo —se volvió hacia Percy—. ¿Crees que la lluvia aguantará para que el heno se seque lo suficiente para embalarlo a finales de esta semana?

Percy asintió.

—Se supone que estará seco y despejado. Siempre que lo cortemos mañana, deberíamos poder embalarlo antes del próximo fin de semana. Prepararé los tractores por la mañana.

—Tú y yo lo cortaremos.

—¿Deberías estar ahí fuera en un tractor todo el día? —preguntó Taz.

—Si estoy embarazada, montar en tractor no nos hará daño ni a mí ni al bebé —se inclinó y lo besó—. Pero puedes traerme agua si quieres venir a ver cómo estoy.

—Mañana tengo un trabajo.

—¿Un trabajo? —las cejas de Hannah se alzaron—. ¿Hank tiene a alguien interesante a quien proteger?

Taz se encogió de hombros.

—Un magnate del cine que viene a pasar unos días de descanso al rancho de Lena Love.

—¿Lena Love? —los ojos de Aurelia se abrieron como platos—. ¿La estrella de cine? —incluso en Lastovia, veían muchas de las películas americanas.

Los labios de Taz se torcieron.

—La única e inigualable. Por suerte, está en un rodaje en las Islas Caimán.

Uno de los Brotherhood Protectors, Duke Morrison, está con ella y su doble de acción, Angel Carson.

Lena ha ofrecido su casa para un minirretiro para el director.

Angel cree que solo lo ha hecho con la esperanza de que el director la elija para su próximo taquillazo.

—¿Qué es eso de los Brotherhood Protectors? —preguntó Aurelia.

—Un grupo de antiguos miembros de operaciones especiales que trabajan para el servicio de seguridad de Hank Patterson, los Brotherhood Protectors —Taz sonrió—. Servimos para lo que haga falta, desde guardaespaldas hasta agentes encubiertos.

—Suena interesante y potencialmente peligroso —a Aurelia le gustó la idea de que militares altamente cualificados proporcionaran seguridad a otros. Lanzó una mirada en dirección a Collin. Su guardaespaldas tenía una cualificación similar, y había tenido suerte al encontrarlo.

—Hank ha estado intentando que Blackstock se una a la hermandad —dijo Taz—. A lo mejor puedes convencerlo. Como sabes, es un Navy SEAL. Lo mejor de lo mejor. O al menos, eso les gusta pensar a ellos —Taz guiñó un ojo.

Aurelia miró a Gavin.

—¿Por qué no has ido a trabajar para Hank?

—Me gusta estar aquí —dijo él, con voz baja y tensa. Apretó los puños a los costados.

Aurelia supuso que Gavin dudaba por la pierna que le faltaba. También sospechaba que le encantaba ser un Navy SEAL y echaba de menos la emoción y el desafío. Un hombre no pasaba por ese tipo de entrenamiento para conformarse con el ritmo más lento de la vida en el rancho.

Las noticias terminaron y Hannah puso un vídeo en el reproductor. Percy atenuó las luces del salón y el grupo se acomodó para ver la película.

Tras los primeros quince minutos de película, Aurelia se encontró bostezando. Se inclinó hacia Gavin.

—Voy a tomar un poco el aire y luego me iré a la cama.

—Iré contigo —dijo él.

—No, no tardaré. Solo voy a salir un momento y luego subiré directamente —le tocó el brazo—. Necesito un poco de tiempo a solas. Disfruta de la película.

Gavin frunció el ceño.

—No irás a ver cómo está la yegua, ¿verdad?

—No. Voy a salir al porche a mirar las estrellas un momento. Creo que nunca he visto tantas en mi vida —cuando él hizo ademán de ir con ella, ella negó con la cabeza—. No estaré mucho tiempo fuera.

Él asintió.

—Lo entiendo. A solas.

Ella le dedicó una breve sonrisa, recogió algunas de las botellas vacías y las llevó a la cocina, donde las dejó en la encimera.

Habían pasado tantas cosas ese día que se sentía un poco abrumada.

Y ver las noticias sobre su desaparición la hizo cuestionarse su decisión de abandonar Lastovia.

Salió a la terraza, con un millón de pensamientos bullendo en su cabeza.

Odiaba pensar en la gente perdiendo el tiempo buscándola, pensando que le había pasado algo nefasto. Una parte de ella quería llamar al primer ministro y hacerle saber que estaba bien, pero que estaría incomunicada durante los próximos diez meses. Pero eso anularía el propósito de su escapada.

—¿Preocupada por tu casa? —dijo una voz en la oscuridad.

Se giró para encarar a Collin, con el corazón en un puño mientras miraba a su alrededor. ¿La habría seguido Gavin?

—Tranquila. Blackstock sigue dentro con los demás.

Aurelia juntó las manos, con la mirada fija en la puerta, no en Collin.

—No deberíamos estar hablando.

—Solo quiero asegurarme de que no vas a salir corriendo hacia casa —dijo Collin, frunciendo el ceño—. Y si lo haces, que me avises antes de abandonar el barco.

—No voy a volver a casa —se enderezó, levantando la barbilla—. Vine aquí por una razón, y esa razón sigue en pie.

—No me gusta no poder estar lo bastante cerca para hacer mi trabajo —dijo Collin, con el ceño fruncido—. He oído que un caballo casi te mata hoy, mientras yo estaba reparando una valla con Percy.

—Ni de lejos estuve en peligro —Aurelia sonrió—. Además, estoy rodeada de exmilitares que pueden protegerme igual de bien.

El ceño de Collin se acentuó.

—Pero ese es mi trabajo.

—No, mientras estés aquí, eres un peón de rancho. Si surgen problemas, entonces necesitaré que reanudes tus funciones de guardaespaldas. Y ahora mismo, corremos el riesgo de que nos descubran.

Él asintió.

—Me voy al barracón. Sabes dónde estoy si me necesitas.

Un ruido en la puerta le llamó la atención y se puso rígida.

—Estoy bien aquí fuera sola. Pero gracias por preocuparte por mí —dijo para que la oyera cualquiera que pudiera estar de pie dentro de la casa, mirando desde las sombras.

Collin le hizo un saludo militar de broma y salió del porche, en dirección al barracón.

Aurelia se giró hacia el cielo de Montana y alzó el rostro hacia las estrellas.

Ay, si pudiera liberarse de las obligaciones reales.

Ser libre de tomar decisiones que solo la afectaran a ella, no a decenas de miles de sus súbditos.

Si no cumplía el plazo, podría ser libre de llevar la vida que quisiera.

No tendría que quedarse en Lastovia. Sería libre de viajar por el mundo como había planeado originalmente antes de que sus padres y su hermano murieran en el accidente de coche.

La idea de que Rupert, su primo segundo, tomara las riendas le revolvió el estómago.

Aquel hombre era codicioso y exprimiría al gobierno hasta el último céntimo que pudiera sacar de las arcas.

Y no sería un buen diplomático para representar a su apacible país en las cumbres internacionales.

Destruiría toda la buena voluntad que los padres de Aurelia tanto se habían esforzado en generar durante su reinado.

Reafirmó su determinación al mismo tiempo que enderezaba la espalda.

Por su país, seguiría adelante con su plan de casarse y procrear.

Era lo menos que podía hacer para protegerlo.

Si eso significaba desaparecer de la vista durante unos meses, que así fuera.

Sabía que regresaría tan pronto como hubiera tenido éxito en su plan.

Con suerte, Gavin no se echaría atrás cuando descubriera que era una princesa que buscaba un servicio de semental para proteger su legado.

Mirando hacia atrás, se dio cuenta de que el telediario de esa noche podría haberle servido de excusa para informar a Gavin de su verdadera identidad y de la razón por la que estaba en Montana, con la necesidad imperiosa de casarse.

Sí, quería hijos y un marido. Ambos eran requisitos del título.

Pero una vez que tuviera ambos, ¿sería tan fácil dejar Montana como lo había sido llegar hasta allí?

¿La seguiría Gavin a Lastovia? ¿O se negaría a abandonar Montana, su hogar? No lo culparía si no quisiera ir con ella. Pero ella no quería marcharse sin él. Los niños necesitaban a su padre. Seguramente, le importaría lo suficiente como para ir con ella y su hijo.

Por todo lo santo, su plan era mucho más complicado de lo que jamás había pensado. Especialmente cuando había sentimientos de por medio.