MONTANA SEAL’S MAIL-ORDER BRIDE (Brotherhood Protectors nº 12) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

Se busca: Novia para vivir en un rancho en Montana. Debe estar dispuesta a trabajar duro y a tener hijos. Novio intrépido, con una pierna de menos, leal y respetuoso.

—Genial. Sueno como un perdedor patético y desesperado.

Lori se rio. —Yo pensaba que sonabas más como un labrador —le dio una palmadita en el brazo—. Apuesto a que tienes unas cuantas respuestas antes del final de la semana.

—Quienquiera que responda a ese anuncio tiene que ser otra perdedora patética y desesperada —Gavin negó con la cabeza—. No voy a seguir con esto.

—Dale una oportunidad —dijo Lori—. Al menos, mira quién responde. ¿Quién sabe? Podrías encontrar a la mujer de tus sueños.

Gavin resopló. —Más bien de mis pesadillas.

Olivia Aurelia St. George se sentó en la iglesia después de que todos se hubieran ido, excepto su mejor amiga Lilianna y su guardaespaldas Collin.

Se miró las manos, con el pañuelo blanco arrugado en su puño, y estudió el contraste entre este y su vestido negro.

La culpa la apuñaló en el corazón. Habían sido buenos hombres.

No los había amado, pero eso no había sido un requisito.

Habían estado dispuestos a casarse con ella. —Todo esto es culpa mía.

Lilianna cubrió sus manos con una de las suyas. —No puedes decir eso. No conducías el coche que mató a Andrew. Lo hizo otra persona.

—Si no hubiera aceptado casarse conmigo, no habría estado donde estaba cuando ese coche lo atropelló.

—Insisto, no es culpa tuya. Cogerán al conductor —dijo Lilianna—. Ya verás —sus palabras eran esperanzadoras, pero el tono no lo era.

Olivia negó con la cabeza. —¿Cuándo? Nunca encontraron al hombre que empujó a Ian a la trayectoria de un autobús que venía de frente —levantó la vista hacia los ojos de Lilianna—.

Dos prometidos, dos muertes. Esto no es una coincidencia.

La ley establece que si no encuentro un marido y empiezo a producir herederos antes de mi trigésimo cumpleaños, el trono pasará al siguiente en la línea de sucesión. Es inútil.

—Encontrarás un marido. Y todavía tienes tiempo para quedarte embarazada —Lilianna cogió sus manos entre las suyas—. No te rindas ahora. Tienes diez meses para que todo suceda.

Diez meses. Para casarse y tener un hijo. Diez meses. Haría falta un milagro para encontrar a un hombre que aceptara casarse con ella cuando sus dos prometidos estaban muertos. ¿Qué hombre en su sano juicio se apuntaría a eso?

—¿Por qué no miras una de esas páginas de citas por internet? —sugirió Lilianna. Sacó su teléfono móvil y buscó citas en línea.

—Realmente no tengo mucho tiempo para citas. Un mes para casarme y empezar a hacer un bebé no va a funcionar. Más me valdría rendirme.

—De ninguna manera —Lilianna la miró—. No puedes dejar que tu primo Rupert ocupe el trono. No es apto para gobernar.

—¿Y yo sí? Ni siquiera puedo encontrar un hombre con el que casarme y propagar el linaje —Olivia suspiró—. Odio pensar que esto decepcionaría a mi padre. Sé cuánto le habría gustado que yo fuera la próxima reina de Lastovia, dadas las circunstancias del fallecimiento de mi hermano.

—Cariño, te preparó desde que naciste.

Olivia cerró los ojos por un momento. —Preparó a mi hermano. Además, hoy en día ya solo somos figuras representativas. Ojalá ya no fuera tan importante quién gobierna.

—Porque la gente admiraba a tu padre, a tu hermano y ahora, a ti. En tiempos tan difíciles, les gusta tener un monarca que entienda sus necesidades y los represente en el mundo.

—A veces, desearía ser una persona normal. Entonces me enamoraría y viviría feliz para siempre.

Lilianna resopló. —No hay garantía de un «feliz para siempre», ni siquiera para nosotros, los simples mortales —Lilianna frunció el ceño y tecleó en su teléfono—.

Vale… así que no tienes tiempo para jugar a la ruleta de las citas.

¿Qué tal una de esas páginas de novias por correo?

Puedes saltarte las citas e ir directa al grano: el matrimonio y los niños.

—Los únicos hombres que se apuntan a esas páginas están desesperados.

—Exacto —dijo Lilianna—. Sin preguntas, solo casarse y hacer un bebé.

Olivia negó con la cabeza. —No puedo hacer esto.

—Solo sígueme la corriente, ¿quieres? —dijo Lilianna—. Aquí tienes. El soltero número uno vive en Inglaterra. Es profesor de historia y le gusta jugar al cribbage. Suena aburrido, pero manejable —se desplazó por los detalles del hombre.

Olivia le arrebató el teléfono y miró la foto del hombre. —Ni hablar. Debe de tener sesenta años. Y mira, no quiere tener hijos.

Lilianna le quitó el teléfono a Olivia. —Descartado el soltero número uno.

Oh, mira. El soltero número dos es de Luisiana, en Estados Unidos.

Está divorciado dos veces, tiene dos hijos adolescentes y busca una mujer a la que le guste la caza y las carreras de coches —levantó la vista—.

Tiene dos hijos. Eso significa que es fértil.

No está nada mal, y es mecánico, así que seguro que se le da bien arreglar cosas.

—No me gusta la caza y la velocidad me pone nerviosa —negó con la cabeza—. Además, probablemente no quiera empezar de nuevo con un bebé si ya tiene hijos adolescentes. Déjalo, Lilianna.

—Me niego a tener a tu primo como rey —siguió mirando el teléfono—. Espera, tengo el hombre para ti. Nunca ha estado casado.

—Ninguna mujer lo ha querido…

—Es guapo —continuó Lilianna.

—Entonces probablemente sea un hombre que siempre tiene que tener el control. Quizá incluso maltratador.

—Es de Estados Unidos, del estado de Montana —Lilianna cambió de aplicación en su teléfono—. ¿Dónde está Montana?

—Un estado del noroeste. Conocido por su clima frío y kilómetros y kilómetros de la nada. No hay mucho por allí, hasta que llegas al lado oeste del estado donde están todas las montañas. Incluso entonces, no vive mucha gente en Montana, por lo que recuerdo de mi clase de geografía.

—¿No sería eso perfecto? —la cara de Lilianna se iluminó con una sonrisa—. Parece que está en medio de la nada. Un lugar en el que podrías perderte. Quienquiera que te esté saboteando no te encontrará allí —prácticamente se puso a dar saltos en el asiento—. Es justo lo que necesitas.

—No voy a ir a Montana. No voy a casarme con un desconocido —dijo Olivia.

Lilianna volvió a la aplicación de novias por correo y levantó la mano. —Escucha esto. Si esto no es perfecto, no sé lo que es —borró la sonrisa de su cara y leyó en voz alta.

Se busca: Novia para vivir en un rancho en Montana. Debe estar dispuesta a trabajar duro y a tener hijos.

—Suena como un vaquero del viejo oeste americano del siglo XIX.

Una imagen de un hombre con sombrero de vaquero y zahones surgió en la mente de Olivia.

No admitiría que estaba intrigada. Había pasado muchas noches viendo viejas películas del oeste en su televisión y había soñado como muchas jovencitas con ser rescatada por un hombre en un caballo blanco y cabalgar hacia el atardecer.