Capítulo 36 #3
—Basta —pido. Trato de sonreír, pero no estoy segura de conseguirlo del todo—.
Ya no sigas. No quiero que trates de hacerme entender tu punto, Harry.
No va a cambiar el hecho de que yo confío en Jeremiah.
Tampoco va a hacerme sentir mejor respecto a lo que están haciendo tus compañeros y tú; pero sé que no puedo hacer nada…
Simplemente, no puedo esperar a que crean en mi palabra para comprobar la inocencia de mi mejor amigo.
Las cosas no funcionan de esa manera. Eso lo sé.
Pero, entonces, no puedes esperar que me sienta tranquila al respecto.
—Desvío la mirada—. Es mi mejor amigo, Harry.
Así él me haya jurado anoche que tiene la conciencia tranquila y que no tiene miedo de nada, me preocupo por él.
A pesar de que sé que es inocente, no dejo de sentirme como la mierda porque lo he involucrado en algo que no debía. Si esto está pasando, es debido a mí.
—Deja de culparte —Harry dice, en un susurro amable—.
Si él se metió en esto fue porque quiso hacerlo.
Nadie lo obligó a intentar ayudarnos. Pudo haberse hecho a un lado y dejar que te las arreglaras con todo el problema que hubo; sin embargo, decidió quedarse y meter las manos al lodo.
Todos estamos en esto por elección propia.
No trates de torturarte de ese modo. Por favor, amor, deja de hacerte eso.
Froto mi cara con las manos.
—Esto se nos está saliendo de las manos —digo, y dejo que el miedo invada el tono de mi voz—.
Es una cosa tras otra, Harry. Primero Rodríguez, luego Tyler, la muerte de Will, el asunto de Rob, la locura de Kim, la investigación en contra de Jeremiah…
—La impotencia se arremolina dentro de mi pecho—.
A veces siento que esto no va a terminar nunca, ¿sabes?
A veces creo que nunca vamos a estar completamente tranquilos.
Que siempre va a haber algo que lo arruine todo.
Una mano cálida se posa sobre la mía y vuelco mi atención para encontrarme con la vista de Harry. Sus dedos se entrelazan con los míos luego de eso.
—Maya, quiero estar contigo pase lo que pase —dice él, con un hilo de voz—.
Sé que todo puede irse al diablo en cualquier momento y, aun así, no pierdo la esperanza de tener un maldito día de paz a tu lado.
No pierdo la esperanza de poder despertar un día sin tener que preocuparme por un imbécil que ni siquiera vale la pena.
Una oleada intensa y abrumadora de emociones se arremolina en mi pecho y aprieto su mano en la mía.
—¿De verdad crees que todo esto terminará? —Mi voz suena temblorosa, pero no quiero llorar.
—Estoy seguro de eso —susurra antes de besarme en la sien.
Una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios e inclino la cabeza ligeramente para darle acceso a la zona y él deposita otro beso en mi mejilla.
—Te amo, pequeña —susurra contra mi oreja, y un suspiro se me escapa en ese momento.
—Te amo, torpe —susurro de vuelta, y giro el rostro para que sus labios se encuentren con los míos en un beso suave y casto.
—¿Estamos bien? —pregunta una vez ha depositado una buena cantidad de besos en mi boca.
Yo asiento y presiono mis labios contra los suyos una vez más. Un suspiro aliviado se le escapa y una sonrisa se dibuja en mis labios cuando enredo mis manos en las hebras largas de su cabello.
—No sabes cuán ansioso estaba por buscarte —dice, en un murmullo ronco y profundo—. De no haber sido por Thomas, anoche habría recorrido la ciudad entera para encontrarte.
—¿Por Thomas? —pregunto, medio curiosa. Él sacude la cabeza.
—Me dijo que debía darte espacio. Que no podía ir a enfrentarte cuando estabas así de furiosa.
Que era un suicidio intentar hablar con una mujer enojada y que debía dejar que tu temperamento se calmara un poco antes de buscarte —dice.
Suena fastidiado, pero una pequeña sonrisa ha comenzado a dibujarse en sus labios.
—Por eso no respondiste a mi mensaje… —adivino, y él asiente.
—Tuve que encerrarme en la comisaría a trabajar con él para evitar volverme loco y correr a encontrarte —masculla, y su gesto me recuerda al de un niño enfurruñado.
Una sonrisa se apodera de mis labios.
—Lamento haber reaccionado como lo hice. —Me disculpo—. Estaba tan enojada que ni siquiera me detuve un segundo a pensar las cosas. —Dejo escapar un suspiro—. Jeremiah me hizo verlo todo de un modo diferente.
—Ah, ¿sí?
Asiento.
—Me dijo que él en tu lugar también desconfiaría y que tenía que ponerme en tus zapatos.
Harry une su frente a la mía.
—Si ese tipo no tiene nada que ver con esto voy a deberle una disculpa inmensa —dice, y suena avergonzado.
Mi sonrisa se extiende, solo porque la conversación que tuve anoche con mi mejor amigo ha invadido mi cabeza en pocos segundos.
—Jeremiah dice que, una vez que se compruebe su inocencia, te hará lamer su miembro —digo al tiempo que una carcajada se me escapa.
Los ojos de Harry disparan una mirada irritada en mi dirección, pero sonríe.
—Ese idiota… —masculla, pero su sonrisa no hace más que ensancharse—. ¿Es que no puede tomarse nada en serio?
Me encojo de hombros.
—Es parte de su encanto.
—¿Crees que es encantador?
—Creo que es dulce —asiento—, y también noble. Todo eso sin tomar en cuenta que tiene un corazón inmenso. Tengo suerte de tenerlo en mi vida. Es increíble.
La mirada de Harry es afilada ahora.
—No es agradable escucharte hablar así de otro hombre, ¿sabes?
Otra risa se me escapa en ese momento.
—¿Estás celoso?
—Por supuesto que no —dice con fingida indignación—. ¿Por qué habría de estarlo?