Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 36
82%

Capítulo 36

La figura de Jeremiah se dibuja delante de mis ojos en el instante en el que la puerta se abre. Una sonrisa radiante se apodera de su rostro cuando me mira.

—¡Ei, enana! —dice con aquel tono despreocupado que usualmente utiliza.

En ese momento el nudo de coraje, frustración y miedo que se había instalado en la boca de mi estómago se afloja un poco. No lo deshace del todo, pero sí lo suficiente como para aminorar algo la tensión que llevo acumulada en el cuerpo.

—¿Crees que pueda quedarme esta noche en tu apartamento? —digo, sin más, y quiero golpearme por sonar así de directa y necesitada.

La confusión invade sus facciones, pero asiente sin siquiera pensarlo un segundo.

—¿Qué pasó? —pregunta y se aparta de mi camino para dejarme entrar.

La enorme montaña de emociones acumuladas se tambalea, pero me las arreglo para encogerme de hombros y morder la parte interna de mi mejilla. No quiero que el torrente de palabras que tengo atoradas en la garganta se libere. No todavía…

—¿Maya? —Mi amigo habla a mis espaldas, pero no me atrevo a encararlo—. ¿Qué ha pasado? ¿Peleaste con Stevens una vez más?

Mis párpados se aprietan juntos y tomo una inspiración profunda para ralentizar el ritmo de mi pulso acelerado. Entonces, me giro para encararlo.

La expresión perpleja y preocupada de Jeremiah no hace más que acrecentar el peso de la bola de nervios que se ha formado en mi estómago, y quiero gritar.

Quiero gritar porque no sé cómo diablos decirle que la policía ha comenzado a investigarlo por culpa de Harry.

Porque no sé cómo decirle que estoy aterrorizada por todo lo que ha pasado últimamente. Trago duro.

—Necesitamos hablar —digo. Mi voz suena tan temblorosa que parece que voy a echarme a llorar, cuando en realidad suena de ese modo porque estoy furiosa. Porque estoy ahogándome en desesperación y frustración.

La confusión incrementa en sus facciones, pero asiente.

—Seguro —dice—. Estás poniéndome de los nervios, ¿sabías?

Una inspiración profunda es inhalada por mis labios en un débil intento por tranquilizarme, pero no lo consigue del todo.

—¿Quieres algo de beber? —Jeremiah hace un gesto en dirección hacia la cocina—. ¿Agua? ¿Café? ¿Té? ¿Alguna especie de calmante? ¿Algo?

Niego. Entonces, él hace un gesto en dirección a los sillones que se encuentran a mis espaldas para indicar que nos sentemos. No quiero hacerlo. No puedo…

—Maya, relájate y dime qué está pasando. —Jeremiah empieza a sonar firme y decidido. Su tono me recuerda mucho al que utiliza Harry conmigo cuando estoy al borde del colapso nervioso—. No puede ser tan malo.

—Oh, sí lo es… —Asiento y me siento un tanto frenética. Estoy demasiado alterada. Necesito tomar un par de inspiraciones profundas o voy a colapsar.

—Mi definición de malo cambió completamente después de que Harry Stevens y tú aparecieron en mi vida, así que…

—Rob está en la cárcel porque venía siguiéndonos a Harry y a mí en un Sedán negro —suelto, sin más, y él enmudece—; Kim intentó asesinarnos a Harry y a mí anoche; y la idiota de la detective que está enamorada de Harry ha mandado investigarte porque sospechan de ti.

—Las palabras me abandonan a toda velocidad y mi ansiedad incrementa con cada una de ellas—.

El gobierno ha tomado a Hayley bajo custodia y peleé con Harry porque fue él quien sugirió que tienes algo que ver con Tyler y el mundo en el que está metido.

La vista de Jeremiah está fija en la mía. Su rostro no ha cambiado de expresión; pero el tono de su piel ha palidecido considerablemente. Entonces, frota su cara con las palmas antes de presionar las manos contra sus sienes, en un gesto incrédulo, nervioso y estupefacto.

—Mierda —dice, al cabo de unos instantes. Su voz suena más ronca que nunca—. Oh, jodida mierda…

—Jeremiah, yo confío en ti —me apresuro a decir cuando noto cómo se aparta y comienza a caminar por toda la estancia de manera errática.

—Gracias —dice, pero suena horrorizado—. Eso ayuda.

—Jeremiah, escúchame…

—Solo… —Hace una seña que indica que espere—. Dame un segundo. Necesito… Oh, joder… Necesito un trago.

Luego de eso, presiona sus dedos índice y pulgar contra el puente de su nariz y noto cómo trata de respirar profundamente para calmarse; sin embargo, lo único que consigue es palidecer otro poco.

—¿Puedes contármelo todo a detalle, por favor? —dice, al cabo de unos minutos en silencio, y entonces comienzo a relatárselo todo desde un principio.

Le hablo acerca del incidente del Sedán negro y de Rob conduciéndolo; le cuento acerca de lo ocurrido con Kim anoche; lo que hablé con Douglas Schneider acerca de la custodia de Hayley; le hablo del interrogatorio al que Paula quiso someterme y de las sospechas que tiene el cuerpo de policías para el que Harry trabaja… Se lo digo todo.

Para cuando termino de hablar, Jeremiah se encuentra sentado en uno de los sillones de la estancia, con la cabeza gacha, los hombros hundidos y el cuerpo inclinado hacia adelante en una postura aterrorizada y amedrentada.

Nadie habla durante un largo rato. Por un momento, creo que Jeremiah va a pedirme que me vaya y no regrese nunca, pero se limita a dejar escapar un suspiro pesado antes de encararme.

Su expresión, antes relajada y divertida, es ahora una cargada de decepción y tristeza.

Jamás lo había visto de este modo. Jamás había visto tanto pesar en su rostro.

—Maya, yo no tengo nada que ver con ese idiota —dice, con la voz enronquecida por las emociones—.

Me importa una mierda lo que piense Stevens o los detectives que trabajan con él, pero tú…

Tú eres mi mejor amiga. Tú sí me importas.

Y quiero que sepas que no tengo nada que ver con ese tipo.

—Hace una pausa—. No tengo miedo de que me investiguen —continúa, luego de unos instantes—.

No tengo absolutamente nada que esconder y, si quieren buscar hasta debajo de las piedras, adelante.

Que lo hagan. Lo único que me importa ahora mismo es que Emma, Nick y tú sepan que no soy capaz de involucrarme con alguien como Tyler Lawson.

El alivio que traen sus palabras a mi sistema me hace soltar una exhalación larga y pausada.

—Yo sé que no has tenido nada que ver —aseguro—. Es absurdo pensar que lo hagas cuando casi mueres por salvar a Harry. Cuando no has hecho nada más que ayudarnos.

Mi amigo me regala una negativa.

—Y, aun así, Harry está en todo el derecho del mundo de desconfiar, Maya —dice—.

Si yo estuviese en sus zapatos, estaría igual.

He estado, de alguna manera u otra, involucrado en todo lo que pasó y, si Kim demostró que pudo ser influenciada por Tyler, ¿por qué yo habría de ser diferente?

— Se encoge de hombros en un gesto que pretende ser despreocupado, pero que solo consigue añadir tensión a sus músculos.

Sé que está aterrorizado—. Entiendo a la perfección la postura de tu novio, Maya.

No seas tan dura con él. Solo hace lo que haría cualquiera en su posición.

—No puedo creer que lo defiendas. No cuando está involucrándote en algo que no te concierne. —Sueno más dura y furiosa.

—No, Maya. —Él niega con la cabeza. Su gesto es acongojado, pero se las arregla para esbozar una sonrisa—.

No lo defiendo. ¡Al tipo ni siquiera lo conozco, por el amor de Dios!

—Deja escapar un suspiro—. Lo que sucede es que está en su derecho de desconfiar de mí.

Entiende eso… La lunática de la mejor amiga de su novia se metió en su apartamento y le disparó la carga entera de una pistola con toda la intención de matarlo; uno de los mejores amigos de un tipo que clama ser amigo de su novia los siguió en un coche por toda la maldita ciudad…

¿Cómo esperas que confíe en mí? ¿Cómo esperas que confíe en su propia sombra, Maya?

Desvío la mirada. Sé que tiene razón. Sé que Harry tiene todos los motivos del mundo para desconfiar, pero, de todos modos, me siento traicionada.

—¿Qué hago, entonces? —digo, con la voz hecha un nudo tenso y tembloroso—.

¿Me quedo callada mientras él va por la vida investigando a todo el que me rodea?

Entiendo que lo que ocurrió con Kim fue algo horrible.

Yo todavía no acabo de creerlo, pero no por ese motivo voy a señalar a las personas que no han hecho nada más que ayudarme.

Lo salvaste de ir a la cárcel cuando ocurrió lo de Rodríguez; ¡por Dios!

Pusiste en juego tu vida al acompañarme a aquella bodega en la que le dispararon…

—Niego—. Debería darte el beneficio de la duda.

Debería saber que no eres una mala persona.

Sus ojos se fijan en los míos con resolución y tranquilidad.

—No tengo miedo, Maya —dice y me toma por sorpresa el gesto sereno que esboza—. Si quiere investigarme, adelante. Que lo haga. No va a encontrar nada. Así que, cuando termine su paranoia, hazme el favor de decirle de mi parte que puede venir a lamerme el…

—¡Jeremiah! —chillo, antes de que alcance a terminar su frase, y él suelta una risotada corta.

—Solo bromeo. —Me regala una sonrisa grande y firme, pero hay un destello de miedo en su mirada. Entonces, me guiña un ojo y añade—: Quita esa cara, por favor, que parece como si estuvieses a punto de vomitar.

—Se siente como si pudiera hacerlo ahora mismo —mascullo, al tiempo que me dejo caer sobre uno de los sofás.

—Más te vale no hacerlo, porque acabamos de mandar que laven la tapicería de los sillones —dice con fingido horror.

Una sonrisa se desliza en mis labios.

—Eres un idiota. ¿Cómo puedes bromear en un momento como este? — digo, y la preocupación se arraiga aún más en mi sistema.

Jeremiah esboza una sonrisa cargada de pesar.

—Nada gano con angustiarme, Maya —dice—. Es mejor dejar que las cosas sigan su curso. Y, más aún, si te sientes tan tranquilo como yo lo hago ahora.

Mi vista se posa en él y estiro la mano para colocarla encima de la suya en un gesto tranquilizador.

—Yo te creo —digo—. Sé que no estás involucrado.

Él asiente.