Capítulo 35 #4
Nos detenemos frente a una puerta al cabo de unos minutos y la chica entra sin siquiera mirarme.
Yo la sigo, sintiéndome un tanto más cautelosa.
No me toma mucho tiempo darme cuenta de que es una sala de interrogatorios.
Hay una mesa en el centro de la estancia y dos sillas, así como un gran espejo que abarca casi toda una pared.
No puedo evitar pensar que este lugar es muy similar a los que escenifican en las series policíacas.
—Debes saber, Maya —Paula habla, y no me pasa desapercibido el tono despectivo con el que dice mi nombre—, que desde allá dentro —señala el enorme espejo que se encuentra frente a mí— están monitoreándonos, así que iré al grano…
—Le sostengo la mirada y me cruzo de brazos—.
¿Qué puedes contarme acerca de Jeremiah Johnson?
Mi ceño se frunce.
—¿Qué?
—Jeremiah Johnson —ella repite—. Hasta donde sé —se sienta en una de las sillas—, es muy amigo tuyo y de Robert Griffin: el tipo que, debo recordarte, los siguió a ti y a Harry hace unas noches.
—Hace una pequeña pausa e imita mi postura—.
Está bastante informado sobre el caso que llevamos, debo agregar; y, hasta donde tengo entendido, conoce a Tyler Lawson desde hace bastante tiempo.
Un destello de coraje invade mi pecho en ese momento. La ira empieza a fundirse en mi cuerpo y tengo que reunir toda mi fuerza para no esbozar una mueca iracunda.
—¿Tratas de decir que Jeremiah está implicado en todo esto?
—siseo, con enojo—. ¿Así? ¿Sin ninguna prueba contundente?
—Mi voz se eleva un poco con cada palabra que pronuncio—.
Jeremiah conoce a Tyler tanto como yo —escupo—, su amigo Rob le compraba marihuana y, ¡por el amor de Dios!
¡Jeremiah está al tanto del caso porque es mi mejor amigo!
¡Él evitó que Harry pisara la cárcel cuando ocurrió lo de Rodríguez!
Es ilógico pensar que forma parte de toda esta mierda.
Cualquier persona con media neurona puede darse cuenta de que él no tiene nada que ver en todo esto.
—¿Estás segura?
—Completamente.
Paula asiente.
—Ya se ha abierto una investigación en su contra.
—Espero que recuerdes esta conversación cuando compruebes por ti misma que Jeremiah no es esa clase de persona. Espero que te sientas como la más idiota de las personas por sospechar de él —espeto.
—¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que el tipo no ha estado mintiéndote todo este tiempo?
—¡Porque lo conozco, por el amor de Dios! Jeremiah no ha hecho otra cosa más que ver por mi bienestar. Harry mejor que nadie sabe que es un buen tipo.
Ella alza una ceja con arrogancia.
—Stevens fue quien sugirió que quizás Jeremiah estaba implicado en todo esto.
—¿Qué?
—Lo que oyes. —Me mira con condescendencia—. Si no me crees, pregúntaselo.
Trato, con todas mis fuerzas, de mantener a raya el coraje que me invade, pero no puedo. No puedo dejar de temblar de rabia y enojo.
—Haz tu investigación de mierda —suelto, con toda la seguridad que puedo imprimir en la voz—. Estoy segura de que Jeremiah es inocente.
Me pongo de pie y me encamino hacia la salida.
—No he terminado contigo —dice ella a mis espaldas.
—Pero yo ya lo he hecho contigo —digo, sin mirarla, y salgo de la sala echa una furia.
Avanzo a toda velocidad por el pasillo en el instante en el que veo a Harry salir de la oficina del comandante.
Él, sin embargo, no se percata de mi presencia hasta que estoy muy cerca.
Su expresión pasa de la tranquilidad a la alarma en el instante en el que ve mi expresión, y avanza hacia mí para encontrarme a medio camino.
—¿Está todo bien?
—¿Sospechas de Jeremiah? —suelto, sin aliento. Estoy tan enojada… Harry palidece.
—Maya, Robert es su amigo. —Trata de justificarse—. El tipo trabaja para Tyler, por el amor de Dios.
—¡Dios! ¡No puedo creerlo! —Mi voz se eleva—.
¡Jeremiah salvó tu maldito culo! ¡Ideó un plan para salvarte de la trampa que Tyler quería tenderte cuando creíamos que eras un jodido narcotraficante!
—El tono con el que hablo se hace cada vez más fuerte—.
¡¿Cómo se te ocurre que él pueda estar involucrado cuando lo único que ha hecho es intentar ayudarnos? !
—Maya… —Estira un brazo para alcanzarme, pero me aparto.
—¡No me toques! —escupo.
—Maya, por favor, ahora no.
—¿Ahora no? —escupo—. ¿Entonces cuándo? ¿Cuando tengan a mi mejor amigo en una jodida celda solo porque sospechas de él?
La gente nos mira, pero no me interesa. No cuando estoy así de furiosa.
—No puedes culparme por sospechar —dice y baja el tono de su voz, como si pudiese hacerme bajar el mío haciendo eso—. Sabe demasiado. No confío en él.
—Pues yo sí lo hago. —Mi voz suena temblorosa, pero no quiero llorar. Es la ira reprimida la que me hace sonar como si estuviese a punto de hacerlo
—. Yo sí confío en él, Harry, y si Jeremiah pone un pie en una celda por tu culpa no voy a perdonártelo jamás.
No le doy tiempo de responder. Me limito a girarme sobre los talones y me echarme a andar fuera de la delegación.
—¡Maya! —Llama a mis espaldas, pero no me vuelvo para encararlo—. ¡Maya, regresa! —pide, a medio grito… Pero no vuelvo sobre mis pasos.