Capítulo 35 #3
—En ese caso, se buscará a la familia del padre. Cabe mencionar, por cierto, que los tutores deben ser en línea ascendente. —El abogado debe ver la confusión en mi rostro, ya que explica—: Esto quiere decir que solo los abuelos de la pequeña pueden tomar su custodia.
Mi ceño se frunce.
—¿Solo los abuelos? ¿Qué hay de los tíos? ¿Qué pasa si Will tiene algún hermano o hermana que pudiese hacerse cargo de ella?
El abogado niega con la cabeza.
—En ese caso, el hermano o hermana del padre tendría que realizar el trámite de adopción, como cualquier otra persona. Obviamente, el familiar directo tendría preferencia, pero el trámite debe hacerse de cualquier modo.
Un suspiro se me escapa.
—¿Quiere decir que no puedo aspirar a una custodia temporal? — pregunto, pero suena más bien como una afirmación.
El abogado asiente.
—No van a otorgarle esa custodia a nadie hasta que se tenga un veredicto en el caso de la madre —dice—; pero puedo ayudarte en caso de que desees iniciar el trámite de adopción, si fuera necesario.
—¿Qué? —Lo miro, medio aturdida y medio horrorizada—. ¡No, no, no, no! —exclamo y siento cómo el rubor se extiende sobre mis mejillas—. Yo no podría…
El abogado arquea una ceja, pero reprime una sonrisa.
—Acabas de decirme que quieres llevarte a la pequeña para cuidar de ella mientras que todo se resuelve, pero te aterroriza pensar en la posibilidad de cuidar de ella hasta que sea una adulta capaz de ver por sí misma… —dice, y la vergüenza se asienta en mis huesos.
—No es lo mismo —mascullo—. Además, jamás me la darían. —Un destello de tristeza se filtra en el tono de mi voz, pero no sé por qué sueno tan afectada—. No tengo un empleo, dejé la universidad de nuevo… —Niego con la cabeza—. No tengo absolutamente nada qué ofrecerle; es solo que…
«Es solo que la amo tanto». El silencio se extiende durante unos segundos.
—Stevens tiene un empleo estable —Douglas observa—. Tiene un departamento a su nombre y, aunque me pese decirlo en voz alta porque pienso que es una completa escoria, el tipo tiene un buen sueldo.
Mi ceño se frunce.
—¿Sugieres que Harry la adopte?
El abogado niega con la cabeza y sonríe, como si le hubiese contado una broma bastante divertida.
—Se les da prioridad a las parejas —dice con aire divertido, y entonces, añade—: Casadas, claro.
El entendimiento cae sobre mí como baldazo de agua helada y me quedo quieta sin saber qué decir. El abogado me regala un guiño rápido.
—Es solo una opción; aunque, pensándolo bien, no suena demasiado buena.
Habría que limpiar primero los antecedentes de Stevens, y eso toma tiempo; además, el caso de la niña lo tendría que llevar una trabajadora social de aquí del precinto; para que no tomase en cuenta la vida tan turbia que llevó tu novio antes de entregarse a la policía.
Sus palabras se asientan en mi cerebro y trato de procesarlas. Él solo juguetea con uno de los bolígrafos que había sobre el escritorio, con aire distraído.
No sé por qué me siento tan decepcionada. No sé por qué siento como si yo fuese una niña y me hubiesen ofrecido un caramelo para después decirme que no pueden dármelo.
—Supongo que estaré al pendiente, entonces —musito, pero sueno derrotada.
—Si sé de alguna otra opción para ti, te la haré saber. —Douglas suena más amable, ahora. Un poco menos profesional y un poco más humano—. Por lo pronto, confórmate con saber que la niña estará en buenas manos.
Asiento, pero no dejo de pensar en que esa gente jamás va a cuidarla del mismo modo en el que podría hacerlo yo. Nunca van a conocerla del modo en el que yo lo hago…
Nos quedamos en silencio hasta que el sonido de una llamada en la puerta nos hace volcar nuestra atención hacia ella. El abogado frunce el ceño ligeramente, pero eso no impide que pronuncie un autoritario «adelante».
Luego de eso, la puerta se abre un poco para revelar la figura de Paula. Sus ojos y los míos se encuentran durante una fracción de segundo cuando pone un pie en la habitación, pero el contacto se rompe justo en el instante en el que posa su atención en Douglas.
—Vengo a buscar a la señorita Bassi —dice.
Su tono es completamente profesional, pero irradia incomodidad por cada poro del cuerpo. Quizás soy yo quien se siente fuera de lugar y solo estoy proyectándome.
—Necesitamos hacerle unas preguntas —continúa.
Yo me pongo de pie en ese momento. Una parte de mí quiere negarse a ir con ella, pero sé que, de todos modos, voy a tener que hacerlo. No tiene caso postergarlo. Tarde o temprano voy a tener que volver a hablar sobre Kim y lo que ocurrió hace unas horas.
—Gracias por la información —digo, dirigiéndome al abogado. Él asiente y se pone de pie para estrechar mi mano.
—Si decide hacer algo al respecto, búsqueme —dice. Es todo formalidades ahora.
—No lo dude ni un segundo —digo, y Paula nos mira con impaciencia, pero no dice nada mientras sale de la estancia. Yo, tras regalarle un gesto al abogado, la sigo.
Ninguna de las dos dice nada cuando nos encaminamos por una serie interminable de pasillos y escaleras.
No es como si tuviésemos algo que decirnos, pero no me sorprendería si intentase atacar ahora que Harry no se encuentra a mi alrededor.
La última vez que estuve a solas con ella dijo que follaba con él; así que, lo menos que espero, es que haga algún comentario similar.