Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 32 #3
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Capítulo 32 #3

David Ferguson, el comandante —y jefe de Harry—, nos estudia a detalle durante unos segundos antes de hacer un gesto en dirección al chico de las cicatrices para que se acerque al escritorio que hay en el centro de la estancia.

Mi chico avanza sin soltar mi mano, pero yo me quedo quieta donde estoy antes de soltar sus dedos para que se marche.

De inmediato, Harry me mira con gesto extrañado.

Una sonrisa tranquilizadora se dibuja en mis labios y hago un gesto de cabeza para que continúe sin mí.

Acto seguido, me recargo en la pared junto al marco de la puerta.

Harry comprende que trato de darle algo de espacio para que trabaje en paz y me regala un breve asentimiento antes de caminar hasta estar frente al escritorio. El comandante me mira fijamente cuando Harry lo encara. No luce feliz con mi presencia en este lugar.

—Ella se queda aquí —Harry dice tajante, como si pudiese leerle el pensamiento, y Ferguson posa su mirada en él antes de sacudir la cabeza en un gesto contrariado.

—Hemos interrogado al dueño del Sedán —dice al cabo de unos segundos, como si yo ni siquiera me encontrase en la habitación—.

Su nombre es Robert Griffin y vive en Bayview-Hunters Point, el barrio donde residías antiguamente.

De hecho, dice que te conoce. Él sabe que trabajas para la policía.

Se ha delatado al decir eso, pero asegura que no estaba siguiéndote anoche.

Casi puedo ver cómo Harry frunce el ceño, a pesar de que está dándome la espalda.

—No me suena —Harry habla—. No recuerdo haber conocido a ningún Robert Griffin por esos rumbos.

—Yo también tengo algo de información —Thomas habla ahora—. Hemos descubierto que Tyler era su distribuidor de sustancias cuando tú trabajabas para Alexis Rodríguez.

—Eso explica el hecho de que haya dado positivo de sustancias en las pruebas de orina y sangre que se practicaron en él —Paula acota.

—De hecho, hemos podido retenerlo porque encontramos cerca de cinco kilos de marihuana dentro del Sedán —Tom continúa—; pero, además de eso, no hemos logrado encontrar nada que nos diga que ha seguido en contacto con Tyler.

—¿Dónde está él ahora? —Harry habla.

—En una de las celdas de la Sección B. —Es el turno del comandante de hablar.

—¿Tenemos alguna foto de él? —inquiere—. Quizás pueda reconocerlo si lo miro.

Thomas empuja una fotografía impresa hacia Harry, y él la toma entre sus dedos para estudiarla a detalle. Finalmente, después de un largo momento, la pone sobre el escritorio.

—No. No lo conozco.

—¿Y ella? —El comandante hace un gesto hacia mí—. ¿No crees que lo conozca?

En ese momento, todos los presentes me miran.

Yo, instintivamente, me encojo en mí misma.

Harry duda unos instantes, pero hace un gesto para que me acerque al cabo de unos segundos más.

Acto seguido, toma la fotografía y la extiende en mi dirección.

Cuando estoy lo suficientemente cerca tomo la imagen entre los dedos y la observo.

—Oh, Dios… —Las palabras se me escapan casi por voluntad propia.

—¿Qué? —Harry pregunta.

Niego con la cabeza porque no puedo creer lo que veo. No puedo creer a quién veo…

La imagen de un chico afroamericano se extiende delante de mí y la familiaridad es tan grande que apenas puedo soportarla. Una intensa sensación de pesar se instala en mis huesos y, de pronto, un montón de recuerdos vienen a mi cabeza.

Él con Jeremiah. Él queriendo fumar dentro del coche de Jeremiah. Él jugueteando y riendo con el grupo de amigos de mi mejor amigo. Él en mi antiguo departamento, ayudándonos a cargar muebles…

—Es amigo de Jeremiah —digo con un hilo de voz—. Le dicen Rob.

El silencio se instala con pesadez en la reducida habitación y levanto la vista para observar al puñado de detectives que me miran con expresiones inescrutables grabadas en el rostro.

Un suspiro brota de los labios de Harry.

—¿Qué va a proceder con él? ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuáles son nuestras opciones? —pregunta.

El silencio se extiende largo y tirante durante lo que parece ser una eternidad.

—No podemos andarnos con medias tintas —el comandante habla, finalmente, y se dirige a Tom y Paula—. Ofrézcanle un trato para que hable.

Ellos asienten.

—También hay que interrogar de nuevo a la chica que asesinó a William Pitts e investigar qué relación hay entre Robert Griffin y ella —dice, mirando a otros dos agentes.

Esta orden es expresa para ellos—. Respecto al asunto mayor —mira a Harry ahora—, hay mucho que discutir, por eso he llamado a una reunión urgente con el fiscal Schneider.

Ahora mismo nos está esperando en su despacho, pero me temo que ella no podrá acompañarnos.

Me toma unos segundos darme cuenta de que habla de mí.

—Pero…

—Es libre de quedarse aquí mientras que resolvemos todo este embrollo.

—El comandante interrumpe a Harry y este enmudece al instante.

Un destello de preocupación me asalta luego de eso, pero trato de no hacerlo notar demasiado.

—Manos a la obra, entonces —Tom dice, y todos los demás asienten antes de encaminarse fuera de la oficina.

Paula me dedica una mirada desdeñosa al pasar a mi lado, pero yo me limito a mantener la mirada fija en David Ferguson para no tener que encararla. Harry se gira para encararme luego de que todo el equipo se marcha.

—¿Me esperas aquí? —Su voz es un susurro bajo, pero suena preocupado

—. Trataré de no tardar demasiado.

—Sí —asiento al tiempo que esbozo una sonrisa amable—. No te preocupes. No me moveré de este lugar.

Él asiente y se acerca a mí para acariciar un lado de mi cara con el dorso de su mano.

—Hazme un favor —pide—. No le digas nada a Jeremiah aún, ¿vale? Todavía no sabemos cuál es el papel de Rob en todo esto. No lo preocupes antes de tiempo.

—De acuerdo —digo—. Ve con cuidado.

—Volveré lo más pronto que pueda —promete y, sin importarle que su jefe esté mirándonos, deposita un beso casto en mis labios.

—¿Listo, Stevens? —David Ferguson urge y nos hace mirarlo.

Harry asiente al tiempo que se aparta de mí.

—Bien —dice el hombre—. Vámonos, entonces.