Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 26 #3
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Capítulo 26 #3

—Me duele todo el puto cuerpo —dice, sin dejar de sonreír—, pero jamás me había sentido así de bien conmigo mismo. Jamás me había sentido así de tranquilo. No tienes idea de lo bien que se siente decir la maldita verdad de una vez por todas.

Es mi turno de sonreír. Él estira una mano y la coloca sobre una de las mías. Siento la presión de sus dedos largos y cálidos en ella y mi corazón acelera su marcha sin que pueda hacer nada para evitarlo.

—¿Y tú? —pregunta—. ¿Cómo te sientes?

Desvío la mirada y clavo la vista en nuestras manos. La suya es, claramente, más grande que la mía.

—No lo sé —admito—. Últimamente mi estabilidad emocional pende de un hilo.

Hace unas semanas lo único que hacía era tener miedo.

Miedo de que tu cuerpo se cansara de luchar.

Miedo de las consecuencias que podía traer el disparo…

—Mis ojos se cierran—. Hace más de una semana me sentía devastada por lo ocurrido con Will, la manera en la que Kim se marchó y tu falta de consciencia.

—El peso de los acontecimientos me aprisiona entera—.

Hoy, lo único que quiero es cerrar los ojos y olvidarme de todo y de todos. Estoy tan cansada…

Siento cómo sus dedos me aprietan aún más.

—No sabes cuánto lamento todo lo que ha pasado —dice, en un susurro ronco—. No tenías porqué vivir todo esto. No lo mereces. No después de todo lo que ha pasado.

Mi vista se alza para encontrar la suya.

—¿Qué va a pasar ahora? —inquiero. Llegados a este punto, he comenzado a permitir que las dudas salgan a la superficie poco a poco.

—¿Con el asunto de la policía? —dice—. Aún no lo sé.

Tom no ha querido decirme mucho. Lo único que sé es que necesitamos atrapar a Tyler antes de que lo joda todo.

—Un atisbo de coraje se filtra en el tono de su voz—.

Si ese imbécil no se hubiese metido en el camino ya habríamos capturado a Johan Lasserre y toda esta mierda se habría acabado.

Entre él e Igor nos lo están haciendo todo más difícil.

—No entiendo absolutamente nada de lo que estás diciendo —digo, medio divertida y medio asustada por el coraje impreso en su voz.

Harry toma una inspiración profunda.

—Cuando volví a San Francisco, el comandante, Tom y yo ideamos un plan.

—Empieza a explicar—: Yo volvería a los suburbios y citaría a los antiguos distribuidores de Rodríguez para anunciar que había vuelto para tomar el lugar que robé y así comenzar a relacionarme con la gente correcta.

El comandante consiguió hacerse de un montón de drogas para comenzar la distribución en la zona y hacer que se corriera la voz —dice—.

En menos de un mes ya estaba recibiendo llamadas de uno de los hombres de Hassan Khal: el antiguo proveedor mayorista de Rodríguez.

Acordamos de reunirnos para hacer negocios, pero, como es obvio en esta clase de negocios, el tipo no se presentó.

Envió a su mano derecha, un chico llamado Daniel Lewis.

—Su ceño se frunce ligeramente, como si tratara de concentrarse en el recuerdo para no perder ningún detalle—.

Cerramos un trato con él y, en menos de un mes, ya nos habíamos convertido en la mejor red de distribución de los barrios bajos de la ciudad.

Fue en ese momento que vino la primera redada.

Todos los antiguos distribuidores de Rodríguez, mis excompañeros, fueron arrestados y reemplazados por agentes encubiertos.

—Entre ellos Tom y Paula… —adivino. Pronunciar el nombre de la chica me provoca meterme el dedo por la tráquea hasta vomitar, pero trato de no hacerlo notar demasiado.

Harry asiente.

—Nuestro segundo objetivo fue entablar relaciones estrechas con Hassan Khal.

A él todavía no lo hemos encarcelado porque no queremos levantar sospechas, pero lo tenemos, prácticamente, en nuestras manos —Harry explica—.

De Khal conseguimos que nos proporcionara el nombre de su superior: Aaron Luhrman.

Para ese entonces ya nos habíamos adueñado del negocio de la mitad de la ciudad.

—Lo consiguieron demasiado rápido —observo, en voz baja. El asombro tiñe mi voz y me siento un poco avergonzada por ello.

Harry sonríe ligeramente.

—Llegar a Aaron fue bastante sencillo —continúa hablando, pese al humor que mi declaración ha traído—. Es más descuidado que Hassan, pero lo es con justa razón: su gente es bastante eficiente.

—Él también está libre aún, me imagino.

—Así es —asiente—. Será capturado una vez que Johan Lasserre caiga.

—¿Y quién diablos es Johan Lasserre?

—El distribuidor más grande de todo California. ¿Tienes una idea de lo asquerosamente poderoso que es? —Sacude la cabeza en una negativa—. Ese hombre es mi pez gordo. Si logramos capturarlo, tengo un pie afuera de la cárcel. Si capturamos a Lasserre, todo esto habrá valido la pena.

—¿Te has reunido ya con él? —pregunto—. ¿Con Lasserre en persona? Harry asiente.

—Me reuní con él una semana antes de que el imbécil de Tyler secuestrara a la hija de Kim y Will. El día que Tyler te atacó su gente iba a entregarnos un cargamento de drogas en la costa, pero no pude llegar a recibirlo. Tampoco he tenido oportunidad de hablar con él.

—¿No has hablado con Lasserre desde entonces?

Harry niega con la cabeza.

—Tom ha seguido en contacto con su gente.

Les ha dicho que estuvieron a punto de jodernos un negocio y que estoy escondiéndome hasta que las aguas se calmen.

Está costándonos mucho mantener oculto el hecho de que estuve en el hospital durante todo este tiempo, pero, afortunadamente, aún no parece haber sospechas por mi ausencia.

—¿Qué hay de Tyler? —pregunto—. ¿Cómo es que Tyler tiene ahora un negocio de distribución?

—Tenemos un infiltrado en las filas de un hombre llamado Igor Poliakov.

El tipo es un antiguo socio de Lasserre y, hasta donde tengo entendido, Tyler acudió a él para decirle que se encargaría de sacarme del camino si le daba su apoyo.

Que teníamos una venganza pendiente y que él se desharía de mí para que Igor se consagrara con Lasserre y este le concediera volver.

—¿Volver?

Harry siente.

—Al parecer, Igor cometió un error imperdonable —explica—.

No tengo idea de qué clase de error haya sido, pero Lasserre prescindió de sus servicios.

Aún no nos explicamos por qué no lo mató si se supone que ese desliz fue imperdonable; pero, por ahora, no lo consideramos relevante.

Ahora mismo, lo único que nos preocupa es el hecho de que Igor busca volver al juego. Volver a caer en la gracia de Lasserre.

—¿Y dónde entras tú en todo eso?

—Yo soy el obstáculo más grande entre Poliakov y Lasserre. Yo, ahora mismo, soy el hijo predilecto de la mafia del estado. Es por eso que Igor está tan desesperado por deshacerse de mí. Tyler le prometió eso exactamente: que se desharía de mí. Que me eliminaría del camino si le daba su apoyo.

—¿Qué va a pasar si Tyler le dice a Igor que trabajas para la policía? —Sueno aterrorizada ahora.

—Va a darle las armas necesarias para deshacerse de mí. Va a darle la manera de arruinarme y arruinar todo lo que hemos conseguido hasta ahora.

—Hay que detener a Tyler, entonces, para que no le diga a Igor que trabajas para la policía y que este no vaya a decirle a Lasserre —digo, meditabunda.

—Exacto —Harry asiente—. Es una carrera contrarreloj. La policía está cazando a Tyler y vigilando a Igor las veinticuatro horas. No podemos permitir que lo arruinen todo. No cuando estamos tan cerca de acabar con uno de los proveedores más importantes del país.