Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 26 #2
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Capítulo 26 #2

—Después de eso, pasé los siguientes nueve meses de mi vida encerrado en la Academia de Policía de Chicago.

Muchas cosas cambiaron para mí en ese momento.

—Su sonrisa se desvanece poco a poco—. Cuando hice el acuerdo con el comandante, la perspectiva de tener la oportunidad de volver a ti como un tipo completamente nuevo y renovado era gloriosa.

—Mi corazón duele cuando pronuncia esas palabras, pero me trago la emoción para seguir escuchándolo—.

Pero, cuanto más tiempo pasaba, más me impacientaba.

Quería salir corriendo de ese lugar para contártelo todo y rogar de rodillas porque me aceptaras de regreso…

—Niega con la cabeza y una sonrisa triste se apodera de sus labios—.

Pero el tiempo pasaba… Andaba y yo estaba ahí, atrapado en un edificio del cual no podía salir.

En un lugar donde mi única compañía eran tipos con aspiraciones mayores que salir corriendo para contarle a una chica que ya no era el tipo malo que no la merece…

Sus párpados se cierran y, de pronto, luce abrumado.

—Cuando finalmente me gradué de ese estúpido instituto ni siquiera me enviaron de vuelta a San Francisco.

Fui trasladado a una operación de prueba en Carolina del Norte, donde fui asignado como compañero de Thomas y Paula, quien también acababa de graduarse.

—Escuchar el nombre de ella en sus labios me provoca ganas de gritar, pero me las arreglo para mantenerme inexpresiva—.

La misión duró casi dos meses, Maya. —Sus ojos encuentran los míos—.

Para ese entonces, toda mi fe se había ido al caño.

Yo ya te había abandonado once meses. No sabías absolutamente nada de mí y era probable que ya hubieses rehecho tu vida con otra persona.

—Fue entonces cuando comenzaste a salir con ella… —digo, en voz alta, porque quiero que lo confirme. Quiero escuchar de su propia voz lo que Paula me dijo en el hospital. Por mucho que duela, quiero saberlo.

El silencio que sigue a mis palabras es tenso y pesado.

—Sí —Harry responde, sin apartar sus ojos de los míos.

Asiento, a pesar de que mi corazón se ha detenido una fracción de segundo. Él baja la mirada luego de eso.

—Salimos un par de veces, pero yo… —Me mira, como si buscase en mis ojos algo que indicara que debe callarse—. Simplemente, no estaba listo, Maya. No podía dejar de compararla contigo y eso estaba volviéndome loco.

Duele un poco más. Todos los huesos de mi cuerpo recalan con la sensación amarga que me invade y un dolor intenso se ha apoderado de mi pecho.

—¿Estuviste con ella, Harry? —pregunto, porque necesito saberlo. Porque necesito que me confirme eso que ella dijo.

—No. —La determinación en sus facciones me saca de balance—. No estuve con ella de ninguna manera. Te lo dije antes y te lo digo ahora: no estuve con nadie más. —Sacude la cabeza en una negativa—. Nos besamos. Muchas veces. Pero no pasó a más. Nunca pude llegar a más.

—Ella dijo que la follabas. —No pretendo que suene como un reclamo, pero lo hace.

En ese preciso instante la expresión de Harry se llena de enojo e indignación.

—Yo nunca la toqué, Maya. Jamás le puse un dedo encima con esa intención. Lo juro.

—No está mal si lo hacías. —Fuerzo una sonrisa, pero estoy a punto de resquebrajarme—. Hace mucho tiempo que dejamos de ser algo, Harry. Si estuviste con ella, está bien. Estabas en todo tu derecho. Sigues estándolo.

—¡Pero no fue así, joder! —suelta, irritado—. ¡Maya, por Dios! ¡No le puse una sola mano encima! ¡¿Cómo se supone que iba a hacerlo cuando te amaba como lo hacía?!

—Pasó casi un año, Harry. Casi un año entero. La gente supera. El pasado queda atrás y…

—Pero no lo que sentí, Maya —me interrumpe—.

Lo que sentí por ti no se había ido del todo en ese entonces.

Aún no se ha ido. ¿Cómo iba a follar con otra chica cuando pensaba en ti todo el tiempo?

¿Cuando me obsesionaba la sola idea de pensar que alguien más podía estar abrazándote por las noches?

¿Cuando mi vida entera giraba en torno a tu existencia?

No, Maya. Las cosas no funcionan así para mí. Yo te amaba.

Un centenar de emociones diferentes se arremolinan en mi pecho. Calor, frío, dolor, alivio… Todo se mezcla y se funde en mi interior, y me hace difícil pensar con claridad.

—Yo también lo hacía, Harry —digo, al cabo de unos segundos en silencio, con la voz entrecortada—.

Te amaba tanto que dolía. Te amaba lo suficiente como para no querer estar con nadie más durante el tiempo en el que estuviste lejos…

Y te detesté. Te aborrecí con cada fibra de mi ser por no haber pensado en mí cuando te marchaste.

Porque creí que todo lo que pasamos en ese entonces había sido en vano si al final del día habías decidido abandonarme.

—Las ganas que tengo de llorar son intensas, pero logro mantenerme serena mientras continúo—: Sé que es egoísta decirlo en voz alta.

Sé que es horrible decir que hubiese preferido que no te marcharas a que te entregaras, pero es la verdad.

No sabes cuánto te reproché. Cuánto te eché de menos…

—Una risa carente de humor brota de mis labios—.

Y trataba de convencerme a mí misma de que te había superado —continúo—, pero lo cierto era que dolía como el infierno.

A cada maldito segundo. Tu ausencia era una jodida tortura.

Es por eso que… —Trago el nudo que se ha formado en mi garganta—.

Es por eso que cuando llegó Jeremiah diciendo que había escuchado rumores de que habías vuelto me sentí el ser más miserable del mundo.

Me sentí abandonada, ultrajada… Sentí como si me hubieras visto la cara de idiota todo ese tiempo y que las noches de insomnio en las que trataba de convencerme a mí misma de que habías hecho lo correcto habían sido en vano.

Harry baja la vista al edredón que cubre la mitad inferior de su cuerpo.

—Quería decírtelo, Maya. Quería contártelo todo, pero…

—dice y un suspiro brota de su garganta— …

cuando volví a San Francisco y me reencontré con Will me dijo que estabas bien.

Que estabas rehaciendo tu vida. Es por eso que no me atreví a buscarte.

—Sus ojos y los míos se encuentran—. Supe que habías aplicado para entrar a la universidad, que tenías un empleo mejor, que habías ido a terapia y que, incluso, se te veía mucho mejor de lo que se te había visto nunca.

—Sacude la cabeza—. Yo no podía llegar a arruinar tu vida una vez más.

No podía llegar a decirte: «¡Ei, Maya! ¿Adivina qué?

Estoy trabajando para la policía» cuando tú lo tenías casi todo resuelto.

Se sentía incorrecto. —Se detiene unos segundos—.

Prefería aferrarme a la idea de que estabas bien y de que no podía decirle nada a nadie sobre el trato con la policía.

Prefería anclarme de esa cosa extraña que tenía con Paula para ya no pensarte.

—Sus ojos se cierran en un gesto avergonzado—. Estaba hecho un desastre. Aún lo estoy…

El silencio se extiende en la habitación durante unos instantes. Las palabras de ambos recaen en el ambiente; pero, sorprendentemente, me siento ligera. Aliviada…

—Solo quiero saber algo… —digo, en voz baja, al cabo de unos instantes. Harry me mira expectante—: Si yo no me hubiese enterado de que habías vuelto, ¿no habrías vuelto a buscarme?

Él me sostiene la mirada.

—No —dice, y la revelación me escuece el cuerpo entero—. Y no porque no hubiese querido, sino porque a estas alturas estaba convencido de que estabas mejor sin mí.

—¿Y tú? —Mi voz sale en un susurro tembloroso y débil—. ¿Estabas mejor sin mí?

Una emoción intensa y dolorosa surca sus facciones y noto cómo su mandíbula se tensa. Está más que claro que no esperaba esa pregunta de mi parte.

—Mi vida ha sido siempre un infierno, Maya —dice, después de unos instantes de silencio—; pero, cuando estaba contigo, no podía recordar toda la oscuridad del pasado, ni los problemas que me atormentaban, ni el remordimiento de conciencia…

Todo se disolvía cuando te miraba. Todo se disuelve cuando te tengo cerca.

Incluso ahora. —Noto cómo sus ojos se humedecen ligeramente—. Espero que eso responda a tu pregunta.

Una inspiración profunda es inhalada por mi nariz y dejo escapar el aire con lentitud para aminorar la tensión que se ha acumulado sobre mis hombros.

—Yo… —Trago duro—. Yo te debo una disculpa, Harry. Su ceño se frunce.

—No me debes nada, Maya.

—Por supuesto que sí —asiento—. Te traté como si fueras basura. Te dije cosas hirientes. Cosas de las que me arrepiento como no tienes una idea…

—Tú no lo sabías —niega, determinado—. No sabías nada. Para ti yo era el hijo de puta mentiroso que solo jugaba contigo. No puedo culparte por haber dicho todo eso cuando no sabías la verdad.

—Aun así, no debí decirlo. Por muy enojada que estuviese, no debí tratarte así.

Harry suspira con frustración.

—Eres tan terca…

Una sonrisa tira de las comisuras de mis labios y bajo la mirada para que no pueda notarla.

—Gracias —mascullo y ríe por lo bajo.

—Ven aquí… —Su voz es suave y dulce cuando habla, y no puedo evitar mirarlo de reojo antes de dar un paso dubitativo en su dirección.

Él hace un gesto que indica su deseo de que me acerque más y espera pacientemente a que me decida a acortar la distancia que nos separa, para sentarme a su lado en el colchón. Una sonrisa dulce se desliza en las comisuras de sus labios y un precioso hoyuelo se pinta en su mejilla izquierda.

—¿Cómo te sientes? —pregunto, porque no sé qué otra cosa decir. Su sonrisa se ensancha tanto que muestra todos sus dientes.

—¿Es en serio? —medio ríe—. ¿Es lo único que quieres saber? ¿No tienes dudas? ¿No quieres que te responda algo en específico?

Sacudo la cabeza en una negativa.

—Con saber cómo te encuentras me es suficiente.