Capítulo 15 #3
—No puedo marcharme. —Mi voz sale en un susurro tembloroso e inestable—. Necesito…
—No puedes quedarte aquí tampoco —me interrumpe y lo encaro. Su ceño está fruncido con preocupación—. Kim está demasiado enojada. Va a terminar destrozando su amistad si te quedas aquí a escuchar toda la mierda que lleva dentro. Necesita que le des espacio.
El agujero que se ha instalado en la boca de mi estómago desde hace horas parece hacerse más grande con las palabras de Harry, pero sé que tiene razón.
—Nunca va a perdonarme. —El murmullo inestable suena triste y derrotado.
—No pienses en eso ahora, Maya. —Una de sus manos grandes ahueca mi mejilla—. No te tortures así. No ha sido culpa tuya y lo sabes. Esto es entre Tyler y yo.
Niego con la cabeza una y otra vez mientras reprimo las ganas que tengo de echarme a llorar de nuevo.
—Debí mantenerla a salvo. Debí luchar más, Harry. Debí impedir que se la llevaran. —Mi voz sale en un susurro ahogado por el nudo de mi garganta.
—¿Cómo? ¿Recibiendo un disparo? Maya, hiciste lo que estuvo en tus manos. Estoy seguro de que así fue. —Sus palabras calientan mi pecho y un destello de alivio corre por mi torrente sanguíneo. Sé que miente para hacerme sentir mejor, pero igual agradezco el gesto.
Mis ojos se cierran una vez más y tomo una bocanada de aire antes de dejarla ir con lentitud. Siento cómo su pulgar traza una caricia suave en mi mejilla y, cuando vuelvo a abrirlos, noto cómo sus ojos se han oscurecido varios tonos.
De pronto, la preocupación se marca en sus facciones, haciéndolo lucir más grande de lo que en realidad es. En ese momento, la confusión se arraiga en mi sistema.
—¿Qué ocurre? —pregunto, porque no comprendo el motivo de su cambio de humor tan repentino.
—Ocurre que necesito llevarte a un lugar seguro o voy a enloquecer — dice, casi en un gruñido—. No he podido dejar de pensar en la probabilidad que hay de que Tyler vuelva a intentar llegar a ti. Si ya lo hizo una vez, va a volver a hacerlo. Pensar en ello está acabando con mis nervios.
—Harry…
—Por favor, déjame ponerte a salvo. —Me interrumpe—. No voy a perdonarme nunca si Tyler vuelve por ti y te encuentra. Cometí un error terrible, Maya. Te descuidé y mira lo que ocurrió…
Niego con la cabeza.
—No era tu responsabilidad cuidarme, Harry —digo, porque es cierto—. Sigue sin serlo. Además, fui yo quien te pidió que te alejaras.
Los ojos esmeralda de Harry se cierran unos segundos y noto cómo un músculo salta en su mandíbula.
—Déjame mantenerte a salvo ahora, Maya. Por favor… —La súplica en el tono de su voz envía un escalofrío por todo mi cuerpo.
—Debes dejar de pensar que puedes mantenerme lejos de todo peligro, Harry. No es sano para ti. Vas a destruirte.
Su mirada encuentra la mía de nuevo.
—Por una vez en la vida, déjame hacer las cosas a mi manera, Maya. Por favor, déjame llevarte a un lugar seguro. Déjame cuidar de ti —ruega—. Necesito hacerlo.
No soy capaz de responder. Todo dentro de mí es una maraña inconexa de sentimientos y sensaciones encontradas. Odio que sea capaz de poner mi mundo de cabeza. Odio que provoque todo esto en mí. Odio que sea el veneno que está acabando conmigo y a la vez el antídoto que puede revertirlo todo…
Él parece notar la duda en mis facciones, ya que aprovecha ese momento para envolver sus dedos alrededor de mi muñeca.
—Ven aquí, pequeña —ordena, pero suena más bien una petición suplicante.
Acto seguido, y sin darme tiempo de decir nada, tira de mí en dirección a las escaleras del edificio.
La oscuridad lo llena todo en el instante en el que pongo un pie dentro del espacio.
Doy un par de pasos dubitativos mientras mis dedos tantean la pared más cercana.
Trato de mirar más allá de la tenue luz que se filtra a través de las pesadas cortinas, pero nada funciona.
Estoy caminando a ciegas en la oscuridad.
Soy capaz de sentir cómo Harry entra detrás de mí antes de que todo sea alumbrado por la luz que emana del foco que cuelga al centro de la estancia. Mis ojos se cierran debido al cambio brusco y tengo que parpadear un par de veces para acostumbrarme a la nueva iluminación.
La pequeña sala del apartamento donde ahora vive es más pequeña que la de su antiguo espacio, pero la distribución no es muy diferente.
Los sillones de cuero son similares a los que adornaban el lugar que dejó a mi nombre; sin embargo, aquí las paredes son totalmente blancas.
Hay un puñado de papeles regados sobre la mesa de centro, así como un montón de restos de comida chatarra sobre los muebles decorativos.
El suelo no está alfombrado, así que soy capaz de notar algunas manchas en él.
—Lamento el desastre. —Se disculpa cuando repara que mi vista se encuentra fija en la caja de pizza abandonada sobre uno de los sillones—. No he tenido oportunidad de poner un poco de orden aquí.
—Está bien —digo tan rápido como puedo—. No te preocupes.
Harry atraviesa la estancia con aire ansioso y levanta la caja de pizza y los contenedores de comida china, para después desaparecer por la puerta que asumo lleva a la cocina.
Cuando regresa se encarga de apilar los papeles de la mesa y acomodarlos de modo que es posible ver la superficie de vidrio que cubre la estructura metálica del mueble.
—Casi no paso tiempo en este lugar. —Se disculpa de nuevo—. Prácticamente solo vengo a dormir; es por eso que…
—Harry —lo interrumpo; una sonrisa amenaza por abandonarme—, está bien.
Su mirada se alza para encontrar la mía y algo en su expresión se transforma cuando lo hace. Algo que no logro comprender del todo.