Capítulo 15 #2
Harry es una persona incapaz de confiar en alguien a la primera de cambios. El hecho de que considere a Will uno de sus mejores amigos hace que mi pecho se caliente de formas extrañas.
—Tenemos que hablarlo con Ferguson. También debemos mantener a Doug y a Paula al tanto —dice el tipo de nombre Tom, y luego las náuseas me invaden en el instante en el que escucho los últimos dos nombres.
Doug debe ser el abogado Douglas Schneider y Paula debe ser la mujer de la que hablaron cuando me enteré de que se conocían. Mi vista viaja en dirección a Harry y noto cómo la duda se apodera de sus facciones.
—Necesito que te encargues de hablarlo con ellos, ¿crees que puedes hacerlo?
—Monstruo, pero…
—No puedo dejarla sola. —Harry lo interrumpe—. Necesito estar ahí cuando se lo diga a los padres de la pequeña.
Tom parece dudar unos instantes, pero termina asintiendo en dirección a nosotros.
—Repórtate con Ferguson antes de que caiga la noche. Sabes que odia que desaparezcas del radar —dice finalmente, y Harry asiente.
—Lo haré. Mantenme al tanto de todo, ¿de acuerdo?
—Dalo por hecho —Tom habla y le regala una sonrisa fugaz al chico antes de posar su vista en la mía—.
Lamento haberte conocido en estas circunstancias, Maya Bassi.
—Su sonrisa es grande y un tanto burlona—.
Monstruo no hace otra cosa que no sea hablar de ti.
Haremos lo que sea que esté en nuestras manos para ayudarte. Tienes la palabra del equipo.
Entonces, sin decir nada más, se gira sobre sus talones y se echa a andar en dirección a la avenida. Mi atención se vuelca hacia Harry cuando Tom se marcha.
—¿Monstruo? —Es lo único que puedo decir luego de mi breve interacción con aquel chico.
Una sonrisa suave se dibuja en los labios de Harry y, de pronto, luce avergonzado.
—Es una larga historia —dice, y niega con la cabeza—. Ya habrá tiempo de contártela. Por lo pronto, vamos a casa de Will. Esto va a ser un jodido desastre.
La mirada desencajada de Kim es lo único que puedo ver en este momento.
Incredulidad, dolor, ira, desesperación y angustia se arremolinan en sus facciones y lo único que quiero es desaparecer.
Diluirme en un montón de nada para así no sentir, para así dejar de mirar esa horrible expresión en su rostro.
—¡¿Qué?! —Su voz sale en un susurro ronco y entrecortado.
Yo no puedo sostener más su mirada, así que la desvío y me abrazo a mí misma para reprimir la nueva oleada de lágrimas que amenaza por abandonarme.
—¡No! —El sonido mitad sollozo mitad gemido que la abandona es desgarrador—. ¡No, no, no! ¡Por favor, dime que no es cierto, Maya!
En ese momento todo mi autocontrol se va al caño y me cubro el rostro con las manos para evitar que me vea llorar. De pronto, todo es caos.
Kim llora y grita desconsoladamente mientras Will trata de tranquilizarla. Y yo lo único que puedo hacer es recargarme contra el torso de Harry, quien ha envuelto ya un brazo sobre mis hombros, para esconder la cara en el hueco entre su hombro y su mandíbula.
Hace un rato que llegamos a casa de Will y le contamos lo ocurrido. De hecho, fue Harry quien habló con él. Yo no pude hacerlo. No pude pronunciar una sola palabra acerca de lo que pasó.
Will se puso como un loco. Estuvo a punto de salir del apartamento a buscar a Hayley en su coche. Harry apenas pudo contenerlo y creo que, en el proceso, fue golpeado varias veces por un Will desesperado y furioso.
Yo ni siquiera pude mirarlo a los ojos. Ni siquiera fui capaz de implorar su perdón, porque estaba muy ocupada ahogándome en mis propias lágrimas.
Después de eso, pasamos a Joe’s Place por Kim y luego vinimos aquí, al departamento que compartimos juntas, para contárselo todo.
«Todo es mi culpa. Debí hacer algo más. Debí…».
—¡Fue tu maldita culpa! —El grito violento de Kim llena mis oídos e irrumpe la retahíla de negatividad en la que he sido envuelta.
Mi vista se posa en ella, al tiempo que me aparto de Harry para dar un paso hacia adelante.
La mirada cargada de ira cegadora que me dedica es como un puñetazo en el estómago—.
¡Solo debías cuidar de ella! ¡Debiste haber impedido que se la llevaran!
Un sollozo estrangulado brota de mi garganta y balbuceo una débil explicación acerca de cómo traté de impedir que se la llevaran, pero ella ya ha empezado a avanzar hacia mí a toda velocidad.
El impacto brutal de su mano contra mi mejilla me hace callar de inmediato. El dolor estalla en mi sistema y mi rostro gira debido a la fuerza de la bofetada que acaba de propinarme.
—¡Kim, por el amor de Dios! —La voz de Will resuena cerca, mientras Harry tira de mí para alejarme del alcance de mi amiga.
A pesar de todo, el dolor es bien recibido. El dolor es aceptado y abrazado por mí, porque alivia un poco la sensación de malestar que apenas me permite respirar correctamente.
La culpa y la opresión angustiante que se han apoderado de mí apenas me permiten funcionar y lo único que deseo es recibir un jodido castigo por no haber podido impedir que Tyler se llevara a Hayley.
—¡Ustedes dos tienen la puta culpa de todo esto! ¡Tú, jodido imbécil! ¡Se llevaron a mi hija por tu culpa, maldito hijo de perra! ¡Te odio! —dice, en dirección a Harry.
—¡Kim, basta! —Will habla detrás de ella, pero no se detiene.
—¡Tú debiste cuidar de Hayley! —grita hacia mí—. ¡Debiste mantenerla a salvo! ¡¿Es que acaso no puedes hacer una puta cosa bien?!
El dolor intenso que me provocan sus palabras es insoportable, pero no me atrevo a decir nada. No me atrevo a decir nada porque sé que tiene razón. Sé que lo he arruinado todo. Que no he dejado de joderlo para las personas que me rodean y que soy un maldito desastre.
—¡Kim! ¡Por Dios, para ya! —Will espeta, con violencia y la toma por los hombros para girarla y mirarla a los ojos—. ¡No vas a solucionar una mierda buscando culpables! Lo que tenemos que hacer ahora es pensar en cómo vamos a proceder con todo esto.
—Voy a darle a Tyler todo lo que pide, Kim —Harry habla. Trata de sonar sereno, pero hay un destello de angustia en la forma en la que habla—. Prometo que voy a solucionar esto.
Una risa amarga brota de los labios de mi amiga, quien se retira del agarre de Will para encarar a Harry.
—¡¿Esperas que te crea cuando ni siquiera fuiste capaz de cumplir las putas promesas que le hiciste a Maya?! ¡Eres patético, Harry! ¡Eres el hombre más despreciable del jodido planeta! ¡Ojalá te pudras en el infierno!
—¡Kim! —La palabra sale de mis labios sin que pueda detenerla y ella me mira con resentimiento y coraje.
—¡No te atrevas a defenderlo, Maya! —escupe, interrumpiéndome.
Lágrimas nuevas abandonan sus ojos y me siento miserable—.
¡No de nuevo! ¡Te lo advertí! ¡Te lo dije mil veces!
¡Te dije que este imbécil no era bueno para ti y mira lo que pasó!
¡Eres una maldita buena para nada! ¡Estoy cansada de todo esto!
¡Estoy harta de que te comportes como una idiota cuando Harry está cerca de ti!
¡Ni siquiera puedo mirarte ahora mismo! —Me digo una y otra vez que está enojada, que todas sus palabras han sido dichas cegadas por la angustia y la tristeza, pero, aun así, duelen como la mierda.
Calan y escuecen en mi pecho como el peor de los venenos—.
¡Lárgate de aquí! ¡Vete! ¡No quiero tener que ver tu puta cara nunca más!
Quiero responder. Quiero escupirle que este apartamento también es mío.
Que pago la renta y los servicios justo como ella y que no tiene derecho alguno de echarme de mi propia casa; sin embargo, reprimo todas las palabras que se agolpan en mi garganta y que amenazan con salir casi por voluntad propia.
La impotencia, el coraje y la culpabilidad se mezclan en mi sistema, creando un monstruo que amenaza con acabar con todo; sin embargo, muerdo mi lengua para evitar dejarlo salir.
La mirada suplicante que Will le dirige a Harry es todo lo que él necesita para tomarme por el brazo y tirar de mí en dirección a la salida del apartamento. Yo no opongo resistencia.
No quiero estar más aquí. No quiero seguir escuchando palabras hirientes de Kim y tampoco quiero mirar la expresión angustiada de Will. No cuando yo soy la culpable de todo lo que está pasando.
Quiero decir algo, lo que sea, para aminorar el enojo de Kim, pero nada viene a mí mientras Harry guía nuestro camino hacia el pasillo del edificio. No creo que haya nada que pueda decir para remediar algo como esto.
Soy empujada hasta el corredor con suavidad y, una vez ahí, la puerta del apartamento es cerrada por Harry. El impacto de la madera me saca de mi estupor y, en ese momento, la realización me azota de lleno. Estoy fuera de mi casa, con Harry, y no sé a dónde demonios nos dirigimos.
Una parte de mí, esa que es orgullosa y terca, me dice que debo quedarme justo donde estoy; sin embargo, otra, esa que es un poco más sensata y centrada, me dice que ahora no es tiempo de hacer esa clase de cosas.
En este momento lo último que necesitamos es discutir entre nosotros.
—Vamos. —La suave orden proveniente de sus labios me pone la carne de gallina, pero no puedo moverme de donde me encuentro.
Trato de procesar el hecho de que, después de semanas, estoy aquí, con él, sin discutir o pelear por estupideces. Hacía mucho tiempo que no estaba a su alrededor sin sentirme a la defensiva.
De pronto, me encuentro dividida entre la abrumadora realización de este hecho y la angustia lacerante que me provoca saber que Hayley está en manos del hombre más despreciable que he tenido la desdicha de conocer.
Quiero quedarme aquí e implorarle a Kim y a Will que me perdonen y, al mismo tiempo, quiero desaparecer. Quiero que todo esto sea una maldita pesadilla porque no tengo idea de cómo mierda voy a solucionar todo esto.
Una figura familiar se interpone en mi campo de visión y, en ese momento, me doy cuenta de que he dejado de mirar a Harry para contemplar la puerta de madera que me separa de mi mejor amiga y su exnovio.
—Maya, déjalo estar. —Sé que trata de sonar duro, pero fracasa terriblemente.