Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 15 #4
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Capítulo 15 #4

—Puedes tomar la habitación —dice, sin dejar de mirarme—. No tengo problema alguno durmiendo aquí en la sala.

El dolor se apodera de mi pecho cuando las palabras abandonan su boca. Una oleada de recuerdos me invade en ese momento y mi corazón se estruja cuando revivo el instante en el que Harry me sacó del lugar en el que vivía con Leandro y me ofreció su habitación para dormir a mis anchas.

«Supongo que algunas cosas nunca cambian».

—Sabes que puedo tomar el sillón —digo en un susurro amable, pero me siento más inestable que nunca.

—Y sabes que esto puede convertirse en una horrible discusión —él medio sonríe—; así que mejor ahorrémonoslo, ¿te parece? Tú aceptas la habitación de buena gana y nadie se enoja con nadie.

Una sonrisa irritada se dibuja en mis labios sin que pueda evitarlo.

—Hay cosas que nunca van a cambiar, ¿cierto? —digo, en voz baja. Su sonrisa flaquea. El anhelo que se refleja en su rostro es doloroso.

—Y hay cosas que nunca van a volver a ser lo que eran. Así uno lo desee con todas sus fuerzas —dice.

Algo dentro de mí parece romperse en ese momento.

—De todos modos, no creo que pueda dormir —digo, en un susurro, porque es cierto.

Harry se deja caer sobre uno de los sillones y apoya los antebrazos sobre las rodillas.

—Yo tampoco creo poder hacerlo. —Se sincera antes de pasar sus dedos entre las hebras gruesas de su cabello.

—¿Qué vamos a hacer, Harry? —El miedo se filtra en mi tono de voz.

—Vamos a darle a Tyler lo que quiere —habla, con resolución—. Voy a dárselo todo.

El alivio se mezcla con un puñado de preguntas.

—¿Cómo vamos a localizarlo? ¿Cómo vamos a asegurar que Hayley esté a salvo hasta que lo haga?

—Tom va a encargarse de eso. —Harry me mira a los ojos—. Es tiempo de que toda esta mierda acabe.

Estoy a punto de hacer otra pregunta —esta vez acerca de ese chico llamado Tom— cuando el sonido del aparato intercomunicador que se encuentra junto a la puerta llena todo el espacio.

El ceño de Harry se frunce ligeramente y mira el reloj en su muñeca para verificar la hora antes de levantarse y pasarme de largo para presionar el botón.

—¿Sí? —dice, contra el aparato.

—Soy yo. —La voz femenina que resuena en la pequeña caja envía una punzada de angustia a todo mi cuerpo.

La vista de Harry se posa en mí casi de inmediato, y trato de lucir serena y tranquila mientras me abrazo a mí misma y finjo inspeccionar la estancia desconocida para mí.

—¿Harry? —La chica habla de nuevo—. Thomas me lo ha dicho todo.

Vine a ver cómo te encuentras.

—Ahora te abro —dice él, pero no luce nada complacido con la idea de abrir la puerta de seguridad del edificio; sin embargo, presiona uno de los botones y, de pronto, se corta la comunicación con la chica.

El nombre «Paula» viene a mi cabeza casi de inmediato y mi estómago se revuelve con la sola idea de toparme con ella de frente. Estoy aterrorizada, pero trato de no aparentarlo.

—Tu departamento es bonito —digo, en un intento desesperado por mantener la conversación en tono amigable.

Mi mirada se posa fugazmente en él y noto cómo cambia el peso de su cuerpo de una pierna a otra, con incomodidad. Luce ansioso.

—Gracias —dice, pero suena tenso. Un claro contraste con el aspecto desgarbado que tenía hace unos segundos.

De pronto, el sonido de la puerta siendo golpeada hace que ambos nos volquemos hacia ella. Harry parece dudar, pero termina avanzando hacia la entrada para abrir a quien sea que llama. No estoy segura, pero creo haber notado algo de palidez en su rostro.

La madera se abre por las bisagras y, de pronto, la figura de una chica aparece en mi campo de visión. Un vago recuerdo viene a mi cabeza en ese instante y sé que la he visto con anterioridad. Estoy segura de que la he visto en algún otro lado.

«¿Dónde?». Poco a poco la escena toma fuerza y, de pronto, sé quién es.

La vi hablando con Harry la noche en la que fui a corroborar con mis propios ojos que estaba de vuelta en la ciudad. Es la misma chica rubia con la que él charlaba mientras yo trataba de mantenerme oculta entre el mar de cuerpos drogados dentro de la vieja bodega.

—Tom me lo ha dicho todo —dice ella, sin percatarse de mi presencia—. ¿Cómo estás? ¿Has hablado con Will? ¿Qué te ha dicho respecto a…? —Su vista se topa conmigo y enmudece por completo.

Los ojos de la chica que está frente a mí me miran de pies a cabeza, pero yo me mantengo firme ante su escrutinio.

—¿Quién eres tú? —dice, finalmente, en un susurro ronco. No me pasa desapercibido el tono impaciente y molesto de su voz.

—Paula… —La voz de Harry llena mis oídos en ese momento.

—Maya —lo interrumpo, sin dejar de mirarla a los ojos—. Maya Bassi.

El rostro de la chica palidece. Un terror crudo y poderoso se apodera de las facciones de la mujer que se encuentra de pie delante de mí y una oleada de satisfacción me llena el cuerpo.

—¿Maya Bassi? —tartamudea y mira en dirección a Harry para preguntar—: ¿Esa Maya Bassi?

Los ojos de Harry encuentran los míos y noto cómo sus ojos se llenan con algo cálido e intenso.

—Sí —dice, con la voz enronquecida por las emociones—. Es esa Maya Bassi.