Capítulo 14 #3
—Debes descansar. Kim me ha dicho que has trabajado de noche toda la semana. Hoy es tu día de descanso, ¿no es cierto?, debes aprovecharlo y dormir lo más que puedas.
La sonrisa de Will se relaja un poco y asiente.
—Debes prometer que me enviarás un texto en cuando estén sanas y salvas.
—Lo prometo —digo, y le regalo una última sonrisa antes de echarme a andar en dirección a la calle.
La pequeña Hayley balbucea mientras camino por la acera con ella entre mis brazos. Trata de tirar de mi cabello, el cual se encuentra amarrado en una coleta alta, y me aparto para evitar que deshaga mi improvisado peinado.
Al llegar a la esquina giro hacia la derecha en dirección a una de las avenidas y observo, distraídamente, a las dos mujeres que charlan afuera del pórtico iluminado de una casa. Un par de chiquillos juegan a la pelota justo a la mitad de la calle y un chico trota por la acera de enfrente.
Continúo mi camino a paso despreocupado y cruzo para no tener que hacerlo después en la intersección de la avenida. Estoy a pocos pasos de distancia de mi destino.
Puedo escuchar el sonido de los autos en la distancia y soy capaz de distinguir los semáforos del cruce desde el lugar en el que me encuentro.
Entonces siento que el peso de una mano se coloca sobre uno de mis hombros.
La alarma se enciende en mi sistema al instante y mi corazón se salta un latido antes de enloquecer.
Mi primer impulso es el de girarme para encarar a quien sea que está tocándome; sin embargo, el golpe de aliento caliente justo detrás de mi oreja hace que me congele en mi sitio.
—Sigue caminando. —La voz ronca y pastosa me pone la carne de gallina y dudo antes de dar mi siguiente paso—. Cuidado con hacer cualquier movimiento en falso. La niña va a pagarlo.
El destello de pánico que me asalta en ese momento hace que las manos me tiemblen. En un acto reflejo, aferro a Hayley con más fuerza contra mí y cierro los ojos unos segundos para tomar un par de inspiraciones profundas.
Un brazo se desliza sobre mis hombros. El aroma a loción masculina me golpea de lleno. No es un aroma agradable. Es dulzón y está mezclado con el hediondo olor que tiene la marihuana.
—Mi cartera está en el bolso —digo, en un susurro entrecortado.
Una risa corta brota de la garganta del tipo que camina a mi lado y la familiaridad se estrella contra mí. Conozco esa risa. Conozco esa voz…
—No quiero tu estúpido dinero, Maya Bassi. —Mis rodillas flaquean en el instante en el que las piezas comienzan a caer en su lugar.
Mi corazón se acelera otro poco y giro el rostro solo para mirar a alguien que ya sé que se encuentra aquí. La insidiosa sensación del pánico se arraiga en mis huesos y mi pecho se contrae en el instante en el que mis ojos se encuentran con los de Tyler Lawson.
Aún afeita su cabeza, y sigue siendo grande y ancho hasta lucir antinatural.
Hay más tinta en su cuerpo de la que puedo recordar, y estoy segura de que toda ella es relativamente reciente.
Todo su cuello está teñido con modelos intrincados de tatuajes que no logro distinguir del todo y luce completamente aterrador.
Tanto, que no puedo dejar de mirarlo como una estúpida.
—Dame a la niña —escupe y siento cómo toda la sangre del cuerpo se me agolpa en los pies.
—No —suelto tan rápido como él da la orden.
—Dame a la puta niña, Bassi —escupe él, entre dientes.
—No. —Niego con la cabeza y siento cómo mis ojos se llenan de lágrimas—. A la niña no. Déjame llevarla a un lugar seguro. Puedo acompañarte a donde quieras, pero, por favor, no la metas en esto.
Tyler sonríe en dirección a la calle.
—¿Crees que soy estúpido? —suelta, en medio de una risa amarga—. La niña es mi boleto dorado. Stevens no va a negarme nada si sabe que tengo a su hija en mi poder.
—¿Qué? —suelto, en un susurro incrédulo, y el terror se asienta en mis huesos—. ¡No es de Stevens! ¡Ni siquiera es mía! No la metas en esto, por favor…
—¡Oh, por favor! —Vuelve a reír, pero la carcajada suena sin humor—.
Tú de verdad crees que soy idiota, ¿no es así?
Llevo semanas vigilándote. Sé que vienes a dejarla a ese edificio que se encuentra a unas calles de aquí.
Sé que Stevens viene también. Lo he visto salir de ahí con ese imbécil que siempre lo acompaña a todos lados y la bebé entre los brazos.
No soy estúpido. Sé que esa niña es de ustedes; así que, entrégamela ahora si no quieres que le pegue un tiro en la cabeza y le envíe a Stevens las partes de tu cuerpo dentro de una maldita caja.
El horror se asienta en mi estómago con tanta violencia que apenas puedo mantenerme en pie.
Mi cuerpo entero se siente pesado y tembloroso, pero no he dejado de caminar. Tengo que hacer algo. Tengo que llegar a la avenida y gritar con todas mis fuerzas. Tengo que mantener a Hayley lejos de todo esto o Kim jamás va a perdonármelo…
Mi vista recorre la calle con lentitud y calculo la cantidad de pasos que va a tomarme llegar a la esquina y subirme a un taxi. No sé si voy a lograrlo, pero debo intentarlo. Debo hacerlo ahora mismo.
—Dame a la maldita bebé, Maya —sisea Tyler a mi lado y trago duro.
Tengo tanto miedo. Estoy tan asustada… Mis párpados se cierran con fuerza y tomo una inspiración profunda. «Debo hacerlo. Tengo que hacerlo». Dejo escapar el aire lentamente.
—¡Auxilioooooo! —Mis pulmones arden y mi garganta duele cuando la palabra sale de mi boca en un alarido desgarrado.
—¡Perra desgraciada! —Tyler exclama al instante y, acto seguido, el caos se desata.
Mi atención se precipita a toda velocidad hacia Tyler, quien se ha llevado la mano a la cinturilla de los vaqueros.
El arma aparece en mi campo de visión en un segundo y apunta hacia mí.
Sin siquiera procesarlo, golpeo su mano con la mía con todas mis fuerzas y la pistola sale despedida de entre sus dedos.