Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 14 #4
30%

Capítulo 14 #4

La mirada de Tyler sigue la trayectoria del objeto y a mí me toma un par de segundos reaccionar, pero, cuando lo hago, me echo a correr.

Un hombre ha salido de su casa con mi grito, pero no hace nada cuando paso frente a él a toda velocidad.

Hayley ha comenzado a llorar y soy vagamente consciente de que hay gente gritando a mis espaldas.

Estoy a punto de llegar a la avenida cuando un par de hombres me cierran el paso. Ninguno es más grande que Tyler, pero lucen igual de peligrosos. Uno de ellos trata de llegar a mí y doy un par de pasos hacia atrás antes de echarme a correr hacia la otra acera.

Una mano se cierra en mi cabello y grito debido al dolor que estalla en mi cuero cabelludo. Un brazo se envuelve alrededor de mi cintura y el bulto entre mis brazos me es arrebatado. No dejo de gritar por ayuda. No dejo de patalear y de luchar por ser liberada al tiempo que grito por Hayley.

El llanto desgarrador de la pequeña me hace pelear con más fuerza que antes y lloro. Lloro de impotencia. Lloro porque no puedo creer que esto esté pasando. Lloro porque mi cuerpo ha sido inmovilizado en el suelo y absolutamente nadie ha hecho nada para ayudarme.

Mi mejilla está contra el asfalto. Una mano presiona mi cabeza hacia abajo con tanta fuerza que temo que mi cráneo vaya a estallar en cualquier momento.

Acto seguido, el peso cede durante unos instantes y mi cabello es tirado una vez más.

Un gemido cargado de dolor brota de mis labios y, de pronto, me encuentro mirando a Tyler.

—Dile a Stevens —dice, en un jadeo— que si quiere a su hija de regreso va a tener que entregármelo todo. El dinero, el negocio, la lista de clientes… Lo quiero absolutamente todo, ¿me oyes?

—Déjala ir. —Sollozo, con impotencia—. Ella no tiene nada que ver. Ella no es su hija.

—El tiempo está corriendo, Bassi. Más te vale saber que hablo en serio — escupe con irritación y se da la media vuelta para arrebatar a la pequeña de los brazos de uno de los hombres que me cerró el paso.

Uno a uno, los hombres que venían con él se retiran hasta que el que me retiene se aparta de mí para marcharse.

Yo trato de ponerme de pie lo más rápido que puedo, pero todo mi cuerpo duele.

Trato de correr detrás de ellos, pero no sé dónde buscarlos.

Han llegado a la avenida y se han perdido entre la multitud.

Creo haber visto a uno de ellos subir a un auto, pero lo he perdido en el mar de vehículos atrapados en el tráfico de la ciudad.

La impotencia se detona en mi sistema en un abrir y cerrar de ojos, y no puedo hacer nada más que avanzar entre las hileras de carros mientras intento ver en el interior de ellos para localizarlos.

No puedo dejar de llorar. «¿Qué demonios voy a hacer? ¿Qué voy a decirle a Kim? ¿Qué voy a decirle a Will?». Un sollozo brota de mis labios y las lágrimas reanudan su marcha.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero una mujer se ha acercado a mí a preguntar si me encuentro bien. Yo no he podido responder. No he podido dejar de hipar y llorar como una niña pequeña.

Un hombre se ha acercado también y me ha ofrecido su teléfono celular para hacer una llamada. No sé a quién llamar. No puedo llamar a Kim ahora mismo. No cuando no sé cómo diablos voy a explicarle que, por mi culpa y por la de Harry, se han llevado a su bebé…

«Harry…». La palabra acciona algo en mi cerebro, ya que me apresuro a buscar mi teléfono en el bolso. Debo llamarle. Debo contarle esto. Él debe saber lo que pasó. Debe darle a Tyler eso que pide para que Hayley vuelva…

Rápidamente busco en la lista de contactos del aparato, a la espera de encontrar su número, pero la decepción y la frustración se arraigan en mi sistema cuando no encuentro nada. Estoy a punto de arrojar el aparato al suelo, con frustración, cuando lo recuerdo…

Salgo de la lista de contactos y me apresuro a buscar en el registro de llamadas.

Le ruego al cielo que aún esté ahí. Le ruego a Dios que sea capaz de localizarlo.

De pronto, una oleada de alivio me invade de pies a cabeza.

Entre mis registros más viejos he logrado encontrar un número del que alguna vez Harry me llamó.

No sé si sea el suyo. Ni siquiera sé si aún conserva ese teléfono, pero necesito intentarlo. Debo llamarle.

Uno. Dos. Tres. Cuatro tonos de llamada…

—¿Maya? —La familiar voz ronca, profunda y arrastrada hace que el torrente de lágrimas vuelva a mí.

—Tiene a Hayley —sollozo, sin siquiera darle oportunidad de preguntar qué ha ocurrido—. ¡Tiene a Hayley, Harry!

—¿Qué? ¿Qué está ocurriendo, Maya? Necesito que te tranquilices un poco.

—¡Tyler! —En el instante en el que la palabra sale de mi boca el silencio del otro lado de la línea se hace presente—. M-Me la quitó. Se la llevó. Tiene a Hayley. Cree que es nuestra hija, Harry. Cree que es tu hija.

Un segundo entero de silencio.

—¿Dónde estás? —La frialdad en su voz envía un escalofrío por todo mi cuerpo, y es lo único que necesito para saber que está furioso.

—Estoy en la avenida Washington. Cerca de casa de Will —medio sollozo.

—No te muevas de ahí. Voy para allá. —Entonces, sin darme tiempo de decir nada más, finaliza la llamada.