Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 13
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Capítulo 13

—Eres la peor mejor amiga de la historia. —La voz arrastrada de Jeremiah inunda mis oídos cuando busco la salsa picante en la despensa de la cocina del apartamento donde vivo. Una sonrisa se dibuja en mis labios y ruedo los ojos al cielo al instante.

—Y tú el hombre más dramático de la historia, ¿sabías eso? —digo, en voz de mando, para que sea capaz de escucharme desde la sala.

—¡Deberías estar aquí besuqueándote conmigo! —exclama, con fingida indignación, y una risotada brota de mis labios. Soy capaz de escuchar cómo ríe de vuelta antes de que agregue—: Ya, en serio: deberías estar bebiendo tu peso en alcohol conmigo.

Mi sonrisa se ensancha aún más y sacudo la cabeza en una negativa, al tiempo que localizo la botella y la bajo del lugar donde se encuentra. Luego tomo el contenedor lleno de palomitas de maíz que he hecho en el microondas y me encamino hacia la sala.

La imagen de Jeremiah recostado con aire desgarbado en el sillón para dos personas de mi sala con una botella de cerveza entre los dedos hace que mi estómago se retuerza. No puedo evitar que el recuerdo de mi padre bebiendo hasta la inconsciencia me invada el pensamiento.

Trato de apartar la sensación de malestar que me provoca y me obligo a continuar mi camino para dejarme caer a su lado.

En el proceso empujo sus pies para acomodarme mejor.

Acto seguido, quita el trasto con botana de mis manos y lo coloca sobre su estómago, para tomar un puñado del contenido y echárselo a la boca.

—¿Ya vas a contarme qué pasó con Emma? —pregunto, mientras tomo la lata de refresco que dejé en la mesa de centro de la sala antes de levantarme a preparar palomitas.

Inevitablemente, mi vista cae en los lugares donde la madera fue dañada debido al ataque de violencia que tuvo Harry hace ya unas semanas. Ese en el que se puso a arrojar cosas como un completo lunático.

De inmediato, una punzada de dolor atraviesa mi pecho con solo evocar la imagen de su rostro.

La traición aún quema en mi interior, aunque sé que no debería sentirme de esta forma.

He tratado de alejar de mí todos los pensamientos que tienen que ver con Harry y una mujer de nombre Paula, pero ha sido casi imposible hacerlo.

He pasado los últimos días intentando no darle demasiadas vueltas al asunto porque aún duele como el infierno. Ni siquiera le he dicho nada a nadie sobre lo ocurrido aquella tarde. Ni siquiera a Jeremiah le he contado sobre todo el asunto que hay entre el abogado Douglas Schneider y Harry.

Tenía planeado contárselo todo esta noche; sin embargo, cuando llegó medio borracho a casa diciendo que no quería volver a enamorarse nunca en la vida supe que tendría que esperar un poco.

El silencio se apodera de la estancia en el momento en el que pronuncio el nombre de la chica y, luego de eso, Jeremiah deja de comer y de beber.

Su vista está fija en un punto en el suelo y su expresión se ha ensombrecido notablemente. Sé que está ansioso y preocupado, ya que no ha dejado de hacerse daño. Sus dientes están casi masacrando su labio inferior. Está mordiéndose con tanta fuerza que toda su boca luce irritada y lastimada.

—Sabes que puedes contarme. —Lo animo un poco, solo porque sé que está renuente a contarme.

Me mira a los ojos y la duda parece haberse apoderado de él.

—No estoy muy seguro de si deba contarle esto a alguien. —Su voz se ha enronquecido, pero aún suena arrastrada debido a los efectos del alcohol—. Pero, si no se lo cuento a alguien, no voy a poder vivir tranquilo.

—Sabes que no le diré a nadie —digo, pero mi intención es que suene más como una promesa que como una afirmación.

La duda en las facciones de mi mejor amigo es tanta que la curiosidad me llena el cuerpo.

Jeremiah no suele dudar tanto para contarme algo.

Suele ser el tipo de amigo que te cuenta absolutamente todo.

Es por eso que saber que se siente dudoso de hablar respecto a algo hace que la incertidumbre me carcoma por dentro.

Una inspiración profunda es inhalada por sus pulmones y se obliga a beber el contenido de la botella que tiene entre los dedos.

—Todo es verdad —dice, en voz baja y ronca. Toda la sangre del cuerpo se me agolpa en los pies.

—¿Qué? —Mi voz sale en un susurro incrédulo y angustiado.

—Ella es portadora —asiente y noto cómo la tristeza se apodera de sus facciones—. Las cosas no son como todo el mundo dice, pero sí es portadora…

—¿A qué te refieres?

—Emma no se contagió por estar con alguien y no cuidarse, Maya. —Sus ojos encuentran los míos—. Ella es portadora porque su mamá le transmitió la enfermedad por medio del embarazo.

—Oh, mierda…

—Lloró muchísimo mientras me lo contaba.

—La voz de Jeremiah se quiebra ligeramente, pero se obliga a continuar—: Jamás me había sentido tan inútil y tan impotente en mi vida, ¿sabes?

—El gesto sombrío que se apodera de sus facciones es doloroso e intenso—.

Quería hacer algo para consolarla, pero ella ni siquiera me dejó acercarme.

—No me pasa desapercibido el tono desesperado y enfadado que hay en su voz—.

¿Y sabes qué es lo más jodido de todo? —Una risa corta y amarga brota de su boca—.

Que ella realmente siente algo por mí. Me lo dijo.

Me dijo que siente lo mismo que yo siento por ella; y a pesar de eso, nunca va a dejarme formar parte de su vida.

Nunca va a aceptarme porque está demasiado asustada de contagiar a alguien…

—Jeremiah niega una y otra vez antes de presionar sus palmas contra sus ojos.

Mi mano se estira para colocarse sobre su hombro en un gesto conciliador.

—¿Y tú? —pregunto en un susurro suave—. Si ella estuviese dispuesta a estar contigo, ¿lo aceptarías? ¿Aceptarías todo lo que implica?

Sé que sabe a qué me refiero, ya que soy capaz de sentir cómo los músculos de sus hombros se tensan con mi pregunta. Sus manos se apartan de su rostro y me mira con una determinación que jamás había visto en él.

—Estoy tan estúpidamente enamorado de ella, Maya, que me importa un carajo todo lo demás.

Y, si tuviese la capacidad de succionar la vida fuera de mí con un beso, seguiría deseando estar con ella.

Esperaría ese jodido beso de la muerte con mucho gusto —dice, y el orgullo y la preocupación hinchan mi pecho—.

Emma es la mujer más hermosa que he conocido en mi vida y no quiero hacer otra cosa que no sea estar con ella.

—Sacude la cabeza en una negativa—. Es que si tú supieras qué clase de chica es.

Si tú conocieras cuán dedicada es con lo que hace y cuán preciosa es…

Una sonrisa aterrorizada se dibuja en mis labios solo porque nunca había escuchado a Jeremiah hablar así de una chica.

A pesar de eso, no puedo dejar de sentirme un poco preocupada por lo que la condición de la chica pueda implicar; sin embargo, sé que no debería haber ningún problema si ellos cuidan los aspectos que deben cuidar.

Aun así, me siento un poco inquieta al respecto. Ese lado sobreprotector que hay en mí apenas me permite pensar con claridad en un caso como este.

Trato de empujar los pensamientos negativos fuera de mí en el momento en el que empiezo a sentir cómo mis pensamientos se desvían a un lugar un poco más oscuro, y me concentro en el hecho de que mi mejor amigo está enamorado.

Jamás lo había visto de este modo. Jeremiah no es del tipo de chico que dice estar enamorado de la primera mujer que se le pone enfrente, así que esto es algo completamente nuevo para mí.

Estoy orgullosa de él por tener la capacidad de admitirlo de esa manera.

Hoy en día, no cualquiera se atreve a expresar de ese modo sus sentimientos.

A Jeremiah no le da miedo salir lastimado.

Él es del tipo de persona que suele arriesgar el todo por el todo, y es algo que siempre he admirado de su personalidad.

Me encantaría ser un poco más como él y un poco menos como yo…

—No sé qué hacer, Maya. —El sonido de su voz me saca de mis cavilaciones—. ¿Cómo se supone que debo actuar ahora? ¿Debo dejarla en paz? ¿Alejarme de su vida? ¿Tratar de acercarme de nuevo? Siento que me va a estallar la cabeza de tanto darle vueltas.

—Jeremiah, es que no necesitas pensarlo tanto —digo, porque realmente lo creo—. Si de verdad estás enamorado, lucha por ella. Es probable que esté aterrorizada con la idea de estar con alguien como tú; pero, si de verdad estás enamorado, no desistas.

—¿Qué sugieres que haga entonces? —Medio ríe—. ¿Que vaya a su casa y la acose hasta que acepte que quiere estar conmigo?

—Lo que sea necesario —sonrío y él suelta una carcajada.

—No lo sé, Maya —dice una vez superado el ataque de risa. Su sonrisa ha empezado a perder fuerza—. Es que es tan necia.

—¿Y tú no eres igual? —inquiero—. ¿Qué pasó con el Jeremiah que conocí? Hasta donde yo recuerdo, ese chico no me dejó en paz hasta que le dije mi nombre… ¿Dónde has dejado a ese sujeto?

Otra carcajada lo asalta y cubre su rostro con sus manos. Soy capaz de notar cómo su cuello se tiñe de rojo con el mero recuerdo de nuestra primera interacción.

—Gracias por hacerme recordar eso —masculla—. Había olvidado lo patético que fui.

Una risita brota de mis labios.

—Solo haz tu magia, Jeremiah —lo aliento—. No podrá resistirse.

Mi mejor amigo me regala una mirada cargada de cariño y una sonrisa grande se apodera de sus labios.

—Gracias por esto, Maya —dice, y le guiño un ojo.

—Es un placer para mí alentarte a ser un novio psicópata —bromeo y él ríe por lo bajo.

De pronto, su boca se abre para responderme, pero es interrumpido por el sonido de mi teléfono.

Inmediatamente, mi corazón parece saltarse un latido, solo porque las únicas personas que han estado llamándome últimamente han sido Douglas Schneider y Harry Stevens.

No le he respondido a ninguno de los dos. No tengo intención alguna de averiguar qué es lo que quieren, así que dejo que el aparato suene sin siquiera mirar la pantalla.

—¿No vas a responder? —Jeremiah pregunta.