Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

Al llegar al lugar, guío al taxista por las familiares calles del barrio donde viví durante mucho tiempo, y cuando llegamos al edificio donde se encuentra el apartamento de Harry bajo del auto.

El olor a humedad de la recepción trae oleadas de calor a mi pecho, y el desasosiego se arraiga otro poco en mí. Un nudo comienza a formarse en la base de mi garganta, pero me obligo a avanzar hasta las escaleras principales.

Estoy a punto de subir el primer escalón cuando una voz vagamente conocida inunda mis oídos.

—Creí que ya no vendrías.

Mi cuerpo gira hacia atrás para encontrarme a la amante del dueño del edificio. Aquella que solía atosigarme cuando se acercaba la fecha del pago de mis rentas mensuales.

La mujer me mira con genuino asombro y eso llama mi atención.

—¿Por qué no habría de venir? —Le regalo una pequeña sonrisa, pero la confusión me hace actuar con cautela.

Ella se encoge de hombros.

—Esta mañana vino el dueño del apartamento del último piso. Creí que ya no vendrías porque él ha vuelto.

Mis huesos se hielan por completo y mi corazón se contrae con la sola idea de que él esté en este lugar. El nudo en la boca de mi estómago se aprieta y las náuseas me invaden por completo.

Casi puedo jurar que mi corazón se ha saltado un latido y que mis pulmones han dejado de funcionar como se debe.

—¿Harry? —suelto, en un susurro ahogado—. ¿Harry Stevens estuvo aquí?

La mujer asiente con lentitud y me mira como si fuese el ser más extraño en la faz de la tierra.

—Vino con ese otro chico, el del bastón. —Hace un gesto desdeñoso de mano y se encoje de hombros—. Creí que estabas enterada.

De pronto, mi encuentro con Luke Thompson toma sentido. Soy capaz de reproducir la mirada que no logré interpretar cuando estuvo aquí y quiero golpearme por ser así de estúpida.

«¿Cómo demonios no lo vi antes?».

Luke sabía que Harry había vuelto. Él lo supo primero que nadie. Es por eso que intentó detenerme de vender el apartamento.

Me aclaro la garganta y niego con la cabeza en un gesto confundido.

—Lo que ocurre es que hace unas semanas extravié mi teléfono y no pude recuperar el número. —Trato de sonar avergonzada y pesarosa mientras hablo—. He perdido todo contacto con Harry o Luke. —Ella parece confundida, así que le aclaro:— El chico del bastón.

—¡Oh! —exclama y sonríe, entusiasmada—. Yo tengo el teléfono del chico del bastón. Me lo dio hace mucho tiempo. ¿Lo quieres?

—Sería maravilloso si pudiese dármelo —digo, solo porque deseo salir de esta incómoda situación lo más pronto posible.

La mujer asiente con rapidez y corre hacia el interior de su departamento antes de volver con un trozo de papel entre los dedos. Yo lo tomo con cuidado y me despido de la mujer lo más rápido que puedo antes de salir del viejo edificio.

El papel arrugado entre mis dedos es una tortura. Luke lo supo todo el tiempo y nunca dijo nada. Dejó que Harry me viera la cara de estúpida todo este tiempo. Dejó que siguiera con mi vida cuando él pudo venir a contarme lo que estaba pasando…

La ira, el coraje y la impotencia se arremolinan dentro de mi pecho y, movida por eso, tomo mi teléfono y tecleo el número escrito en el papel con movimientos furiosos. Estoy cegada por el coraje y la vergüenza.

Ni siquiera sé por qué demonios quiero llamarle. Ni siquiera tengo idea de qué voy a decir cuando responda, pero eso no me detiene de presionar el botón de llamada.

Uno…

Dos…

Tres…

Cuatro timbrazos.

—¿Diga? —Esa voz aguda, pero masculina, inunda mis oídos.

—Tú lo sabías… —suelto, sin más, en un susurro furioso y tembloroso. El silencio del otro lado de la línea dura apenas unos segundos.

—¿Maya?

—Siempre lo supiste y nunca dijiste nada… —reprocho. Un suspiro resuena en el auricular.

—¿Qué pretendías que hiciera? Nunca fuimos cercanos.

Nunca fuimos amigos y yo no tenía la confianza de correr a contártelo.

—Hace una pequeña pausa—. Sabía que lo odiarías si te lo decía.

—Quiero replicar, pero la quemazón en mi garganta provocada por las lágrimas no me lo permite.

Él deja escapar otra exhalación lenta y añade, en voz baja:— Además, él ya no es quien era antes.

Era mejor para ti si no sabías que había vuelto.

—Sus palabras calan y escuecen en mi pecho con violencia y brusquedad—. Apenas si puedo reconocerlo.

No me atrevo a decir nada. Ni siquiera puedo procesar del todo sus palabras.

—Maya… vas a odiarme después de esto, pero, si realmente quieres saber en qué se ha convertido Harry, ven a la fiesta que está organizando para esta noche.

Será en la bodega que solía ser de Rodríguez.

Solo te lo advierto: no va a gustarte lo que vas a encontrar.

Y no. No hago esto con el afán de torturarte.

Lo hago porque necesitas darte cuenta de que ya no es el Harry que conocimos.

Ya ni siquiera es el tipo al que apodaban Bestia. Es alguien mucho peor.

—Mientes… —La palabra sale de mi boca en un susurro ahogado y torturado.

—No me creas si no quieres hacerlo. Míralo por tus propios ojos. Sé discreta, no llames la atención y, si decides asistir esta noche, llámame antes para encontrarte ahí —dice y, sin más, finaliza la llamada.