Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Mis ojos se cierran con fuerza. Me niego a aceptar que ha tomado esa clase de elecciones.

Simplemente, no suena como algo que haría él.

Es como si hablaran de un chico diferente al que yo conocí.

Mi Harry no haría eso. El hombre del que yo me enamoré jamás habría aceptado hacerse cargo de un negocio como ese.

—No quiero hablar más sobre esto. —Mi voz sale en un susurro ronco y tembloroso—. Me…

«Me lastima».

—Me aburre. Me abruma. Me hace sentir como una imbécil —finalizo. Jeremiah estira su mano hacia mí y aprieta la mía en un gesto conciliador.

El peso invisible que ha estado sobre mis hombros disminuye un poco con el mero acto.

Hace casi una semana que me enteré de que es probable que ni siquiera se haya entregado, y aún no puedo sacudirme la sensación de enojo fuera del cuerpo.

La sensación de decepción que se ha asentado en mi sistema incrementa, pero la sola idea de decir en voz alta todo aquello que pasa por mi cabeza me frustra de formas que no soy capaz de explicar.

—Prometo no volver a tocar el tema, si es así —dice, y me regala una sonrisa tranquilizadora que apenas soy capaz de devolver.

—Gracias… —musito, en voz baja.

Él me guiña un ojo y, sin decir nada más, enciende el auto de nuevo y lo echa a andar en dirección al edificio donde trabajo.

—Señorita Bassi, le tengo buenas noticias. —La voz del agente inmobiliario que ha estado encargándose de la venta del apartamento que Harry dejó a mi nombre llena el auricular de mi teléfono.

—Muero por escucharlas —digo, al tiempo que trato de colgarme el bolso sobre el hombro, mientras pongo mi pulgar en el aparato que utilizamos en el consultorio para registrar la entrada y salida de nuestros respectivos turnos laborales.

—Esta tarde le mostré el apartamento a un joven soltero y al parecer está muy interesado.

Incluso ya ha dicho que lo quiere tal cual está.

Ni siquiera objetó o regateó por el precio.

—El hombre suena entusiasmado y satisfecho—.

Yo le recomiendo vender cuanto antes. No creo que vaya a encontrar muchos interesados debido a la zona en la que se encuentra.

Mi pecho duele con cada una de las palabras del agente, pero sé que no puedo dar marcha atrás. Si realmente deseo que Harry Stevens sea parte de mi pasado debo cortar de tajo con todo aquello que me ata a él. No puedo seguir viviendo bajo su sombra. Necesito seguir mi camino.

—De acuerdo —digo, pero se siente como si me hubiese tragado un costal de piedras—. Vendámoslo, entonces.

El hombre comienza a hablar acerca del procedimiento y el tiempo que tomará que todo esté en orden y listo para que el comprador haga el depósito del enganche.

Habla, también, del tiempo que le tomará redactar el contrato de compraventa y de la investigación a la que debe someter al interesado antes de citarnos para la firma de los documentos legales.

Trato de poner atención a lo que dice, pero tampoco puedo dejar de pensar en la llamada que recibí hace unas horas. El abogado de Tamara Daniels, la madre de la niña a la que Leandro violó, contactó conmigo para pedirme que nos reuniésemos mañana.

No hizo falta que mencionara el asunto que desea tratar. Estoy segura de que va a pedirme que atestigüe en contra de mi padre, y eso es, precisamente, lo que voy a hacer. No puedo volver a quedarme callada. No cuando ese desgraciado le ha arruinado la vida a otra persona.

Salgo del edificio donde trabajo mientras me despido del agente de bienes raíces antes de encaminarme hacia la parada del autobús.

Estoy agotada. Tanto mental como emocionalmente.

Ha sido una semana interminable. La venta del apartamento, las noticias sobre Harry y Leandro, las buenas nuevas sobre la universidad…

Estoy a punto del colapso nervioso. Ha sido demasiado en muy poco tiempo y no estoy segura de estar manejándolo como debería.

El autobús que me lleva a casa se detiene en la parada, pero no subo a él. No puedo hacerlo. No cuando todo lo que ha pasado los últimos días se asienta en mi cabeza del modo en el que lo hace.

Hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan perdida. Siento que voy a la deriva y que soy presa de las decisiones que tomé hace una eternidad; cuando aún no tenía en claro hacia dónde me dirigía.

Odio la idea de deshacerme del apartamento de Harry, porque ese es el único lazo que me queda de mi vida con él; y, al mismo tiempo, amo la idea de liberarme de él, porque ese lugar representa todo aquello que me ha torturado el último año de mi vida.

Jamás había deseado tanto olvidar y, al mismo tiempo, jamás había deseado tanto no hacerlo…

De algún modo, los recuerdos de Harry me mantenían a flote en mis peores momentos y vender el apartamento implica, en cierto modo, deshacerme de ellos. Difuminarlos. Disolverlos otro poco en mi memoria.

Una punzada de dolor me recorre el cuerpo y casi por inercia empiezo a caminar en dirección hacia otra de las avenidas principales. El dolor emocional quema en mis entrañas y retuerce mis intestinos con violencia mientras detengo a un taxi y le pido que me lleve a Bayview-Hunters Point.