Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 26
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Capítulo 26

Troy no volvió a mirar Instagram en todo el día después de subir el vídeo. Le dijo a Harris que no le contara qué reacciones había y que no le leyera ninguno de los comentarios. Necesitaba jugar el partido con la cabeza tan despejada como le fuera posible.

Ahora estaba en el vestuario preparándose para el calentamiento.

Todos los del equipo lucían sus jerséis del Orgullo, que tenían el logo de los Centaurs arcoíris en el pecho, y habían puesto cinta protectora arcoíris en los sticks .

Para el partido no llevarían los jerséis, los venderían online para recaudar dinero para organizaciones benéficas de ayuda a la comunidad LGBTIQ+ de la ciudad y cambiarían la cinta de los sticks por una blanca o negra; casi todos los jugadores de hockey tenían sus manías con los colores de la cinta protectora durante los partidos.

Troy ya había decidido que se dejaría la arcoíris en la pala del stick durante el encuentro, aunque fuera un poco cantona. Ya que estaba, iría a por todas.

La sala estaba más animada que nunca antes de un partido. Habían puesto música y se oían muchos gritos y risas. Troy estaba callado, pero no porque estuviera triste. Sencillamente quería empaparse del instante.

No había vuelta atrás.

Cuando llegó el momento de ir a la pista a calentar, Troy vio a Harris en el pasillo, junto al vestuario.

Estaba grabando a los jugadores mientras salían.

Cuando vio a Troy, su sonrisa fue tan deslumbrante que casi lo dejó ciego.

Troy trató de mantener una expresión neutra para la cámara, pero dudaba que lo estuviera consiguiendo.

Y menos aún cuando se fijó en las lágrimas que había en los ojos de Harris.

—No empieces —le advirtió Troy—. Porque seguiré yo…

Harris dejó de grabar.

—No puedo evitarlo. Espera a que veas las respuestas al ví…

—Nop. Guárdatelo. Luego, ¿vale?

—Vale.

Apretó los labios, como si fuera la única manera que tenía de callarse.

Bood dio un empujón en la espalda a Troy en broma al pasar por delante de él, y Troy estuvo a punto de caerse encima de Harris.

—Dale un beso de buena suerte, Barrett.

Harris le sonrió.

—Igual funciona.

Así pues, Troy besó a su novio. Fue un poco raro porque ya llevaba todo el equipamiento y los patines le hacían ser un par de dedos más alto que de costumbre.

No pareció que a Harris le importase. Se puso de puntillas y besó a Troy con las mismas ganas que si estuviera hecho de helado de cookie dough .

—Guau —dijo Troy cuando se separaron—. Te lo has tomado en serio, ¿eh?

—La ropa de hockey. Ya sabes que me vuelve loco.

—No me puedo creer que te dejen trabajar aquí, pervertido.

Harris le dio un beso en la mejilla.

—Estoy orgulloso de ti. Ahora sal de aquí y gana.

—Solo es el calentamiento.

—Pues estira mejor que nadie haya estirado nunca.

Troy se echó a reír y se volvió para quedar frente a la entrada de la pista. Entonces respiró hondo y pisó el hielo por primera vez como hombre abiertamente gay.

Dejó la cabeza gacha durante toda la primera vuelta alrededor de la parte de la pista correspondiente a los Centaurs. Reconocía que le daba miedo levantar la mirada.

Ilya se puso a su altura.

—Es chulo, ¿verdad?

Troy levantó por fin la mirada y se detuvo en seco.

Lo primero que vio fue una pancarta gigante pintada a mano que colgaba de la segunda gradería.

En ella ponía Te queremos, Troy con letras de los colores del arcoíris y unos enormes corazones en los dos extremos.

Cuando miró alrededor, vio banderas arcoíris y carteles hechos por fans con su nombre por todas partes.

—Hostia puta —murmuró.

Ilya le pasó un brazo por los hombros.

—No está mal. Así debe de sentirse Scott Hunter.

A Troy se le escapó una estruendosa carcajada. Maldita sea, ahora tenía los ojos llenos de lágrimas.

—También es para ti, ¿eh? Aunque no lo sepan.

—Sí. Y puede que lo sepan… pronto.

—¿Ah, sí?

—Eso espero. —Ilya apartó el brazo—. Esta noche todos vamos a llevar cinta protectora arcoíris. Para el partido, no solo para el calentamiento. Para mostrar apoyo.

Entonces sonrió y se alejó patinando.

Troy tuvo que bajar de nuevo la cabeza para ocultar la emoción pura que se reflejaba en su cara.

Harris se sintió orgulloso de sí mismo por no desmoronarse por completo durante la presentación previa al partido.

El equipo había invitado a dos activistas queer de la ciudad para que tirasen el puck en el saque de honor y, en lugar de que Ilya se enfrentara al capitán del equipo de Toronto en ese saque, eligieron a Troy como representante de los Centaurs.

Cuando anunciaron el nombre de Troy, la multitud se levantó para aplaudirlo.

Harris vio en las enormes pantallas que le costaba mantener las emociones a raya.

Saludó a la muchedumbre unas cuantas veces con los labios apretados.

Asintió estoico y parecía algo apurado, pero la ovación se prolongó.

Al final, Troy tuvo que taparse la cara con una de las manazas cubiertas por los guantes de hockey.

Harris se desmoronó un poquitín…

El capitán de Toronto parecía incómodo con todo el tema, pero ¿qué más daba aquel tío?

Eso no tenía nada que ver con él. Después de soltar el puck , los dos activistas, por turnos, chocaron la mano del capitán de Toronto y luego dieron un abrazo a Troy.

Tras saludar por última vez al público, Troy se marchó patinando para quedarse en la línea azul.

Harris se fijó en que Ilya le daba una palmada en la espalda cuando volvía a su puesto.

También se fijó en que los ojos de Ilya no parecían del todo secos.

La noche fue una fantasía. No solo para Troy, sino para el hockey en general. Y para Harris. Siempre le había gustado el hockey, pero desde niño sabía que habría sido un espacio peligroso para él si hubiera jugado. Esa noche habría criaturas queer a quienes aquella representación daría esperanza.

También fue una noche muy ajetreada para Harris, pero nunca había disfrutado tanto de su trabajo. Se esforzaría al máximo por documentar el partido y, con suerte, Troy tendría ganas de ver el reportaje algún día.

Y si no, bueno, desde luego que Harris pensaba ver el vídeo de la tremenda ovación de pie a Troy unas mil millones de veces.

Se le iluminó la pantalla del móvil con un nuevo mensaje de Anna.

Anna: Me muero. Qué bonito. ¿Estás bien?

Harris sonrió. Toda su familia estaba en el partido, ataviada al completo con camisetas con el nombre de Troy Barrett y ondeando banderas arcoíris.

Troy se había sorprendido y emocionado mucho cuando Harris le había contado que iban a ir, y puede que además se hubiera puesto un poco triste.

Harris lo comprendía y le habría encantado que la madre de Troy también fuera al partido.

Y, ya puestos, le habría encantado que su padre no fuera un capullo inútil.

Respondió a Anna:

Harris: Todavía no soy un mar de lágrimas.

Anna: ¡Yo sí!

Harris se rio y, sí, bueno, sonó un poco lloroso.

Troy casi lamentó que lo nombraran jugador estrella del partido. Se lo merecía, sin duda, al marcar dos de los cuatro goles de Ottawa. Habían ganado el partido y Troy sabía que nunca olvidaría aquella noche tan increíble.

Pero, cuando salió a saludar a la afición después del nombramiento, hubo otra ovación con la gente de pie que se prolongó más tiempo del habitual.

Ya se sentía frágil después de la montaña rusa emocional de todo el día, además de por el partido ganado con mucho esfuerzo, y en conjunto fue demasiado.

Había montones de pancartas. Muchas decían Te queremos, Troy y Orgulloses de Troy Barrett y cosas similares. A Troy le resultaba imposible asimilarlo todo.

Cuando saludó por última vez y salió de la pista, le escocían los ojos. No le quedaba suficiente líquido en el cuerpo para llorar en ese momento.

Había sido un partido reñido porque Toronto era un buen equipo, incluso sin Dallas Kent, pero todos habían estado extrañamente callados.

Troy no había recibido los insultos y desprecios para los que se había preparado, y quizá se debiera a la muestra general de apoyo por parte de la afición, o quizá porque sus compañeros de equipo habían dejado claro que respaldaban a Troy.

Tal vez perder a Kent hubiera desinflado un poco las velas de los Guardians.

Fuera lo que fuese, Troy estaba agradecido.

No le habría hecho gracia tener que darle un puñetazo a alguien en un edificio tan lleno de amor hacia él.

La energía del vestuario era brutal. Cuando Troy entró, todos lo vitorearon.

—Ya basta —dijo Troy, aunque no paraba de sonreír—. Por favor.

Ilya lo envolvió en un abrazo. Iba sin camiseta, así que la cara de Troy quedó aplastada contra el feo tatuaje del oso pardo.

—Alucinante —dijo Ilya—. Como una peli de Disney.

—¿Esa que termina cuando el príncipe recibe el abrazo de un patoso sudado?

Ilya lo soltó.

—Espero que estés listo para pasarte horas hablando con la prensa.

Troy gruñó. La noche había sido magnífica, pero lo que le apetecía de verdad era ir a algún lugar tranquilo con Harris y quizá pasarse la noche alternando rondas de sexo con arrebatos de llanto de alegría.

En efecto, llegó la prensa y todo el mundo quería hablar mil años con Troy.

Él respondió a las preguntas lo mejor que pudo, pero su mayor preocupación fue buscar a Harris entre la multitud.

Por fin se disolvió la amalgama de periodistas y ahí estaba, sonriendo a Troy y con un ramo de flores en la mano.

Troy se levantó y se acercó a él.

—¿Son para mí?

—No. Pero te las puedes quedar.

Troy se rio y negó con la cabeza. Luego besó a su novio. Alguien los silbó. Cayó en la cuenta de que la prensa todavía estaba en la sala, así que seguro que estaban haciéndoles fotos.

—¿Te parece bien que nos fotografíen? —preguntó Troy.

—Si a ti te parece bien, a mí también.

Troy volvió a besarlo. No le importaría tener una foto profesional de ese momento.

Cuando se apartaron, Troy se sorprendió al ver a Remy, el guardia de seguridad, junto a ellos.