Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 26 #2
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Capítulo 26 #2

—Troy —le dijo Remy—, alguien ha venido a verte.

Todas las buenas sensaciones se evaporaron al instante. Troy miró a Harris, quien se encogió de hombros.

—Mierda. Se suponía que mi padre no iba a venir al partido —dijo Troy—. ¿Por qué lo ha hecho?

—En realidad, es una mujer —dijo Remy—. Julia Frasier. Dice que es tu madre. A tu familia no se le da nada bien lo de avisar antes, ¿no?

—¿Qué? —susurró Troy.

Le devolvió de sopetón el ramo a Harris y dio varias zancadas hacia la puerta antes de darse cuenta de que había sido muy maleducado.

—Lo siento —dijo mirando a Harris—. ¡Me encantan las flores!

Sin embargo, Harris sonreía.

—Olvídate de las flores. ¡Ve!

Troy salió del vestuario corriendo tanto como le permitían las chanclas que se había puesto al quitarse los patines. Todavía llevaba la mitad del equipamiento y estaba empapado en sudor, pero, si era cierto que su madre estaba allí, iba a abrazarla y ella tendría que aguantarse.

Al doblar la esquina la vio cerca del mostrador de seguridad, casi en el mismo punto en el que había estado su padre por la mañana. Charlie estaba a su lado, pero se retiró cuando vio que se acercaba Troy.

—¡Mamá! —gritó.

Y entonces la envolvió con sus brazotes sudorosos y su madre enterró la cabeza bajo la barbilla de él. Seguro que la estaba abrazando demasiado fuerte y parte de las protecciones debían de estar clavándosele, pero no podía soltarla.

Durante un buen rato no dijeron ni una palabra. Luego se apartaron y Troy preguntó:

—¿Cómo es que has venido? ¿Cuándo has llegado? ¿Por qué no me lo habías dicho?

Su madre se rio.

—Queríamos darte una sorpresa. Cuando me contaste que tenías intención de salir del armario antes de este partido, decidí que debía estar aquí. Así que volamos de vuelta a casa y luego aquí.

—Pero ¿por qué no me lo dijiste? Habría podido conseguiros entradas, habría podido…

—Hemos comprado entradas y hemos visto todo el partido. Sabía que ya tenías mucho jaleo antes del partido y no quería añadirte más cosas.

Troy la abrazó de nuevo.

—Cuánto me alegro de que hayáis venido. Ay, dios, cuánto te he echado de menos.

—Yo también. —Cuando la soltó de nuevo, su madre dijo—: Creo que ya hemos viajado bastante por ahora. Puede que nos quedemos una temporada en Ottawa.

—¿En serio? ¡Es genial! Os conseguiré entradas para todos los partidos si queréis. También para los play-offs . ¡Vamos a ir a los play-offs !

—¡Ya lo sé! —Alargó el cuello y miró por encima del hombro de Troy—. ¿Tu novio es ese chico de ahí?

Troy se dio la vuelta y vio a Harris, que los saludaba con algo de vergüenza. Troy le hizo un gesto para que se acercara.

—Harris, esta es mi madre, Julia, y su novio, Charlie. Por cierto, me alegro de verte, Charlie.

—Lo mismo digo —contestó Charlie. Dio un paso al frente y le estrechó la mano a Troy—. El partido ha sido fantástico. Y la ceremonia previa, muy bonita.

Harris saludó a todos y les dio la mano. O eso intentó… porque la madre de Troy lo abrazó fuerte, algo que no pareció importar en absoluto a Harris.

—Cuánto me alegro de conocerte, Harris —dijo la madre—. Gracias por hacer que mi hijo vuelva a sonreír.

—Mamá… —protestó Troy, pero su queja quedó atenuada por el hecho de que, en efecto, estaba sonriendo.

—De nada —dijo Harris—. Me encanta su sonrisa.

—Se quedarán una temporada en Ottawa —dijo Troy.

—Fantástico. ¿Estaréis en casa de Troy? —preguntó Harris—. Puedo dejaros solos a los tres esta noche para que os pongáis al día.

—Ni hablar —dijo la madre de Troy—. No hemos venido a meter las narices. De momento nos alojaremos en un hotel.

Por muy emocionado que estuviera Troy de ver a su madre, sintió alivio cuando la oyó decir eso. De verdad necesitaba estar a solas con Harris esa noche.

—Tengo que ducharme y tal —dijo Troy—. Y luego, si os soy sincero, lo más probable es que caiga redondo. Pero podemos quedar mañana para desayunar, ¿qué os parece?

Hubo otra ronda de abrazos y apretones de manos y luego su madre y Charlie se marcharon.

—Es cierto que hoy ha sido como una peli de Disney —dijo Troy mientras observaba cómo se iban.

Harris lo cogió de la mano.

—Ha sido alucinante. Y tengo una idea genial para el final.

—Eso parece otra clase de peli.

—¿No hay ninguna de Disney en la que el novio del príncipe le acaricia el ano hasta que el príncipe le suplica que lo folle?

Troy resopló.

—No lo sé. No veo pelis de Disney.

Harris chasqueó los dedos.

— 101 dálmatas . Esa es la peli en la que estaba pensando.

—Qué puto friki eres.

Troy empezó a caminar de vuelta al vestuario.

—¿Puedo leerte algunas de las respuestas al vídeo?

—No.

—¿Puedo decirte que Scott Hunter ha contestado?

—No. Espera. ¿En serio?

—Está muy orgulloso de ti.

A Troy le dio un vuelco el corazón.

—Qué amable.

—Montones de personas más han escrito comentarios. Y a mucha gente le ha gustado el vídeo.

—Esto está peligrosamente cerca de leerme las respuestas, ¿sabes?

—Lo siento. Te quiero.

Troy sonrió y dejó de caminar.

—Dame el móvil.

Harris se lo dio.

—¿Vas a leerlas?

—No. —Troy acercó la cara a la de Harris y estiró el brazo con la cámara mirando hacia ellos—. Sonríe.

En lugar de eso, Harris le dio un beso en la mejilla y Troy hizo unas cuantas fotos.

—Oye, ¿qué haces? —preguntó Harris al ver que Troy no le devolvía el móvil.

—Entro en mi Instagram. Espera un segundo.

—¿Vas a subirla ahora mismo?

—Chist.

Troy eligió la foto que más le gustaba, la subió sin filtro y escribió a toda prisa: «Qué feliz soy ahora mismo.

Gracias, Ottawa, por una noche maravillosa y por ser el lugar en el que he conocido a mi fantástico novio.

Te quiero, Harris». Lo subió sin pensárselo dos veces y entonces le devolvió el móvil a Harris.

—Tendrás que volver a entrar en tu cuenta —murmuró.

Harris leyó el post y luego se apretó los labios con los dedos mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Ay, no. No llores. Ya no puedo con más emociones esta noche.

Harris negó con la cabeza.

—Somos una pareja monísima —dijo con voz temblorosa.

—Estaba pensando —dijo Troy con cautela— en que quizá podrías ayudarme a buscar casa. ¿Quizá algo en el campo?

Harris se tapó la boca con la mano.

—Basta ya.

Troy sonrió.

—Quizá un sitio en el que quepa Quirón.

—¿Podré ir a verte de vez en cuando?

—Si me traes tarta de manzana.

Harris sorbió por la nariz, pero la expresión de sus ojos era de pura felicidad.

—Entonces ¿ahora sí te gusta Ottawa?

Troy le puso una mano en la mejilla a Harris y dijo con sinceridad:

—No querría estar en ningún otro sitio.