Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

Troy podía no decir nada. Podía llamar a Remy y pedir que echaran a Curtis del estadio de inmediato. Podía acabar con aquello. Pero, en lugar de eso, acercó la mano a la de Harris.

Este lo miró con expresión interrogante y, cuando Troy asintió, le dio la mano, entrelazó los dedos de los dos y apretó.

Curtis se quedó blanco como el papel.

—Harris es mi novio, papá. Soy gay.

Troy sintió el consuelo de la mano cálida de Harris mientras se preparaba para la respuesta de su padre a esa bomba.

Curtis soltó un suspiro y luego dijo en la voz más baja que Troy le había oído en la vida:

—¿Qué?

—Soy gay —repitió Troy, que se negaba a acobardarse.

Le aguantó la mirada a su padre con los hombros hacia atrás y la cabeza bien alta.

—Tú… —dijo su padre.

Entonces negó con la cabeza, apretó la mandíbula y se dio la vuelta.

No miró atrás y Troy notó que un escalofrío le recorría todo el cuerpo mientras lo observaba salir del estadio. Seguro que era una bajada de adrenalina.

—Vamos —dijo Harris en voz baja y tiró con cuidado de la mano de Troy—. Volvamos a mi despacho.

Troy no recordaba cómo había llegado del mostrador de seguridad al despacho de Harris, pero de pronto se sintió a salvo detrás de una puerta cerrada, a solas con su novio.

Y entonces se derrumbó en el suelo, acurrucado y con las rodillas dobladas. Se echó a llorar, aunque no sabía por qué. Se había acabado. Ya no habría motivos para temer a su padre.

Harris se puso a su lado de inmediato y le pasó el brazo por los hombros.

—Lo siento mucho, Troy. Ha sido horrible.

Troy era incapaz de hablar. Se limitó a mover la cabeza encima de las rodillas.

—Pero estoy orgulloso de ti. Joder, has sido muy valiente.

Dejó que Troy llorase unos minutos mientras le acariciaba la espalda y murmuraba comentarios tranquilizadores. Cuando Troy se recompuso y levantó la cabeza, pensó que seguro que tenía la cara hecha un desastre.

—Lo que más siento es alivio —dijo en voz baja y abatida—. Creo que estoy soltando alguna emoción reprimida. —Sorbió los mocos—. En el fondo, es lo mejor.

Harris cogió una caja de pañuelos del escritorio y se la ofreció.

—Opino lo mismo.

Troy se limpió un poco con los pañuelos de papel.

Se sentía en calma, como si se hubiera librado de un millón de cargas de golpe.

Había tragado demasiada mierda, había dejado que demasiadas personas tóxicas gobernaran su vida en el pasado.

Había tomado demasiadas decisiones nefastas y había valorado lo que no valía nada.

Pero, de algún modo, todo eso lo había conducido a ese momento, a estar sentado en el suelo de una aburrida oficina mientras su maravilloso novio le ofrecía pañuelos.

—Te quiero —dijo Troy.

Era el peor momento: tenía los ojos rojos, le goteaba la nariz, notaba la voz rasposa y los dos estaban en el trabajo, pero no pudo evitarlo. Amaba a Harris y necesitaba que lo supiera.

De pronto a Harris también se le humedecieron los ojos.

—Troy… —susurró.

Troy se echó a reír y su cuerpo se sacudió con tanta fuerza como cuando había estado llorando.

—Lo siento —chilló.

Pero entonces notó el abrazo de Harris, fuerte y reconfortante. Harris le besó la sien.

—Yo también te quiero. Por dios, Troy. Claro que sí.

Troy creyó que el corazón iba a salírsele del pecho. Todo lo malo pasó a ser un recuerdo lejano.

—Podría haber elegido un mejor momento para decírtelo —comentó cuando dejó de reírse.

—No pasa nada —dijo Harris—. Al final lo haremos bien. Tengo intención de decírtelo muchas veces.

Troy se apartó para poder ver la sonrisa de Harris. No le decepcionó.

Se besaron, aunque Troy estaba hecho un desastre. No pareció que a Harris le importara en absoluto, pues se subió al regazo de Troy y empezó a comérselo a besos.

Cuando dejaron de enrollarse, Troy estaba tendido en el suelo con Harris encima.

—Vaya. Qué poco profesional —dijo Harris.

—Será mejor que te deje trabajar.

—Sí. —Harris suspiró—. La verdad es que tengo mogollón de cosas que hacer.

Se bajó de encima de Troy y le ofreció la mano para ayudar a que se levantara. Tenían aspecto de haberse dado el lote en medio de un huracán.

—Voy a subir el vídeo ahora mismo —dijo Troy.

—¿Sí?

Troy localizó el móvil, que se había dejado encima de la mesa de Harris. Abrió Instagram y entonces frunció el ceño.

—Espera. ¿Cómo lo cuelgo?

Harris se echó a reír y extendió la mano para que le diera el móvil.

—Ya lo hago yo.

Troy observó a Harris mientras lo preparaba todo. Luego le devolvió el móvil a Troy para que escribiera el título debajo. Troy fue directo: «Así soy yo».

Añadió los emoticonos de una bandera arcoíris, un corazón y un stick de hockey. Entonces lo subió.

Hostia puta.

Había subido el puto post.

Harris lo abrazó por detrás y le plantó un beso en el hombro.

—Estoy orgulloso de ti.

Troy puso la mano encima de la de Harris y las apretó fuerte sobre su propio corazón.

—Gracias. No habría hecho nada de esto sin ti. —Se volvió para mirar a la cara a Harris—. Te amo.

Harris le sonrió de oreja a oreja.

—Mejor aún. Yo también te amo. Y puedes darme las gracias machacando a Toronto esta noche. ¡No me obligues a tener que escribir sobre una derrota después de esto!

Troy sonrió.

—Se van a cagar.