Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 25
94%

Capítulo 25

Troy se estaba acostumbrando a despertarse junto al cálido cuerpo desnudo de Harris.

Tanto si estaban en casa de Harris como si estaban en la de Troy, empezar el día con suaves besos adormilados mientras se acurrucaban cómodamente en sábanas que olían al sexo de la noche anterior se había convertido en poco tiempo en la cosa favorita del mundo para Troy.

Esa mañana, cuando abrió los ojos con un parpadeo, se encontró a Harris sentado y sonriendo mientras miraba el móvil. Por un instante, se limitó a observarlo, con el corazón pletórico de afecto.

—¿Qué pasa? —preguntó Troy al final con voz ronca.

—Anoche nació el bebé de Bood y Cassie. Es un niño. Lo han llamado Milo.

—Qué alegría. Y qué nombre tan bonito.

Le dio un beso a Harris en el codo, porque lo tenía a mano.

—Todavía no han mandado fotos, pero me muero por verlo.

Tecleó algo.

—¿Hablas con Bood?

—No, con Wyatt.

—Ah.

Troy dibujó un caminito de besos por el costado de Harris y luego le mordisqueó el sensible hueso de la cadera, lo que le hizo estremecer.

—¿Qué haces por ahí abajo?

Como respuesta, Troy se metió la polla blanda de Harris en la boca.

Harris inspiró hondo y dejó el móvil en la mesilla.

Al cabo de un rato, ambos estaban saciados y entrelazados. Troy no quería salir jamás de esa cama.

Salvo por…

—Mierda. ¿Qué hora es?

Harris cogió el móvil.

—Las diez menos diez.

—¡Joder! —Troy saltó de la cama—. ¡Tengo reunión online a las diez! La he cagado.

—Ups. Lo siento. ¿Quieres que te haga un justificante?

Troy no se molestó en contestar a eso. No tenía tiempo. Se lavó los dientes, se echó agua en la cara a toda prisa y se puso un chándal. Harris apareció en la puerta vestido solo con el bóxer en el momento en que Troy se calzaba las botas.

—¿Aún no te vas a trabajar? —preguntó el jugador.

—No, hoy tengo visita médica. Voy a teletrabajar. ¿Te importa si me marcho más tarde?

—Claro que no. —Sin querer, a Troy se le fue la vista a las cicatrices de Harris—. ¿Va todo bien?

Harris cruzó los brazos delante del pecho.

—Ah, sí. Es una revisión, nada más. Me encuentro genial.

—Mejor. —Troy llegaba supertarde, pero dedicó un instante a darle a Harris un beso de despedida en condiciones—. Nos vemos luego. ¿A la hora de cenar?

—Sí. Hay un restaurante libanés al que me gustaría llevarte.

—Suena bien.

Un beso más y Troy echó a correr como un loco hacia el estadio.

Llegó tarde, por supuesto, pero el entrenador lo saludó sin comentar nada. De nuevo, Troy se maravilló de lo distinto que era de cualquier otro entrenador que hubiera tenido.

La reunión fue casi positiva y Troy notó la emoción que vibraba en la sala; había muchas posibilidades de que los Ottawa Centaurs llegasen a los play-offs por primera vez en más de una década. Apenas un par de meses antes nadie se lo habría creído.

Pese a la entusiasta energía del entrenador Wiebe, a Troy le costó concentrarse en los fragmentos de vídeo que estaba analizando.

Desde hacía un tiempo, la mente de Troy parecía llena únicamente de Harris, corazoncitos flotantes y un ansia enfermiza por que llegara la Noche del Orgullo.

Faltaban tres días para el partido y aún le daba rabia que no fuera contra cualquier otro equipo en lugar de Toronto.

Pero también estaba decidido. Sabía que no hacía falta que saliera del armario de forma pública, y mucho menos que lo anunciara con el vídeo que Harris le estaba ayudando a montar, pero sentía que era la mejor decisión.

Una vez hecho eso, se acabó. Todo el mundo lo sabría y ya no tendría que preocuparse de que se enterasen por casualidad.

Podría dedicar esa energía a crear cambios positivos en el hockey y en sí mismo.

Podría dedicarla a amar a Harris. Porque estaba bastante seguro de que tenía energía de sobra para eso.

Cuando acabó la reunión, Wyatt dio la vuelta a la silla y, con una sonrisa ancha, preguntó:

—¿Os habéis enterado de la noticia?

Troy tardó un momento en acordarse del bebé de Bood y Cassie.

—¡Sí! Es genial.

—Ya. Alucino, la verdad. Pero, joder, se merece todo lo que le venga…

Vale. Era una forma muy rara de mostrar emoción por que alguien tuviera una criatura.

—Eh…, supongo.

Dykstra, que estaba sentado junto a Wyatt, dijo:

—Confío en que no vuelva a jugar nunca.

«Pero ¿qué co…?».

—¿Por qué dices eso? —preguntó Troy, confundidísimo.

Wyatt frunció el ceño.

—Daba por hecho que pensarías igual.

—Eh, no sé si hablamos de lo mismo. Os referís a Bood, ¿verdad?

—¿Qué? —preguntó Dykstra—. No… ¿Por qué no íbamos a querer que Bood jugara al hockey?

—¡Yo qué sé! —exclamó Troy exasperado.

—Hablamos de Kent —informó Wyatt.

A Troy se le paró el corazón.

—¿Qué pasa con Kent?

Wyatt y Dykstra se sonrieron.

—¿No te has enterado? —preguntó Wyatt—. Está acusado. Cinco mujeres se agruparon y presentaron cargos. Lo han arrestado justo antes de la reunión.

—¡¿Qué?! —Troy no se lo creía.

¿De verdad iban a castigar a Dallas? Sabía que estar acusado no era lo mismo que estar condenado, pero aun así. Era un gran paso.

—¿A que es asombroso? —dijo Dykstra—. Esas mujeres son la hostia de valientes.

—Sí.

Troy metió la mano en el bolsillo para buscar el móvil y luego se dio cuenta de que se lo había dejado en casa con las prisas de llegar a la reunión. Harris debía de haberle mandado un millón de mensajes sobre el tema.

—¿Hay alguna grabación del arresto de Dallas? —les preguntó Troy, porque todavía no era un buen chico del todo. Aún no.

—Joder, ya te digo si hay —respondió Wyatt, y le tendió el móvil para que Troy pudiera ver un vídeo corto. Salía Dallas Kent, con la cabeza gacha y expresión seria. Parecía sobre todo molesto, como si confiara en que aquel fastidio acabase pronto. Troy deseó con todas sus fuerzas que no fuera así.

Y, hostia puta, eso significaba que Dallas no jugaría en el partido de la Noche del Orgullo. Era una razón egoísta por la que alegrarse, pero maldita sea. Menudo puto peso se había quitado de encima.

—Es la mejor peli que he visto en mi vida —dijo Troy mientras lo ponía otra vez.

—Sí, bueno —dijo Dykstra a la par que se levantaba y le daba una palmadita a Troy en el hombro—. Confiemos en que tenga un final feliz.

En cuanto Wyatt y Dykstra se marcharon, el entrenador Wiebe se acercó a Troy.

—Esto es otra cosa, ¿eh?

—Sí, eh, mmm. La verdad es que no me lo creo.

—Creo que ahora Crowell dejará de darte la murga. Seguro que de algún modo retorcido te culpa por lo ocurrido, pero ¿qué podemos hacer? Ahora es una cuestión legal.

Troy no estaba seguro de que Crowell fuera a dejarlo en paz, pero por lo menos haría que a la liga le resultase más difícil defender a Kent.

—¿Estás bien? —preguntó el entrenador, y Troy se sorprendió al ver preocupación en su mirada.

—¿Por qué no iba a estarlo?

—Kent era amigo tuyo —dijo Wiebe sin más—. No sería raro que tuvieras sentimientos encontrados con el tema.

—Pues no me pasa —se apresuró a decir Troy.

Entonces se fijó en que tenía un nudo en el estómago.

Dallas no era una buena persona, pero había sido el primer amigo de Troy en la NHL .

Casi todos los buenos recuerdos de Troy con él se habían empañado, pero habían pasado muchas horas en habitaciones de hotel y en aviones hablando y gastándose bromas—.

Bueno, quizá un poco. No lo sé. No debería sentirme mal por él.

Supongo que es raro. Durante mucho tiempo fuimos uña y carne.

—A veces cuesta dejar de sentir afecto por alguien, por mucho que sepas que no deberías hacerlo.

Por cómo lo dijo, a Troy le dio la impresión de que Wiebe hablaba por experiencia, pero no le preguntó. En lugar de eso, se limitó a responder:

—Ahora hay personas mucho mejores en las que puedo volcar ese afecto.

—Guau —dijo Troy—. Esto es muy… profesional.

Harris se mordió el labio, pues no estaba seguro de si a Troy le gustaba el vídeo o no.

Era la mañana del día del partido de la Noche del Orgullo y Harris apenas había dormido porque había estado preparando el vídeo, retocándolo de forma obsesiva para que quedara perfecto.

Ahora estaban de pie uno junto a otro, agachados sobre el monitor del ordenador del despacho de Harris.

—Si no es como te lo imaginabas, puedo cambiarlo.

—No —dijo Troy a toda prisa—. Sí que me gusta. Es que estoy abrumado. Tipo…, esto lo has hecho tú.

—Lo hemos hecho nosotros.

Troy negó con la cabeza.

—Tú lo has grabado, editado y casi escribiste las palabras que digo. Es obra tuya.

—Yo no escribí lo que dices. Solo te ayudé a darle un poco de forma. —A Harris se le cayó el alma a los pies—. No te has sentido obligado, ¿verdad? Esto es algo muy personal y no quiero que parezca que…

Troy detuvo sus balbuceos poniendo la mano encima de la de Harris.

—Me encanta. Es solo que me parece surrealista verlo. Verme diciendo esas palabras es muy fuerte.

En el vídeo salía Troy hablando por encima de unos fragmentos de él jugando al hockey y haciendo buenas obras y actividades de equipo fuera de la pista.

Harris había incluido una grabación de la visita de los Centaurs al hospital, de la sesión de fotos de Troy e Ilya en Navidad, de Troy jugando con Quirón y de los entrenamientos, además de algunos momentos estelares de los partidos.

Lo había mezclado con parte del vídeo que había grabado de Troy sentado en la misma silla en la que se había puesto para el vídeo de la primera entrevista.

Allí decía al mundo con voz fuerte y segura que era gay y luego explicaba por qué decidía salir del armario en ese momento.

El vídeo estaba muy bien. Harris sabía que había hecho un buen trabajo y estaba orgulloso de Troy por decidirse a dar la noticia.

La temporada ya había sido bastante dura para Troy, y eso sin duda le complicaría las cosas todavía más.

Pero Harris confiaba en que la decisión de Troy a la larga hiciera que su vida fuese mejor.

—Eh, entonces —dijo Troy mientras se apartaba del escritorio—. ¿Cuándo lo subo?

—Cuando quieras. Puedes subirlo ahora o esta tarde. O justo antes del partido.