Capítulo 24 #3
Entonces Troy le sonrió, como si advirtiera el efecto que su apariencia provocaba en Harris. Señaló su taquilla con la cabeza y se dirigió hacia ella. Harris lo siguió irremediablemente.
Las ligas de Troy le colgaban sobre los enormes muslos y rebotaban contra ellos mientras caminaba. Debajo del suspensorio llevaba una sofisticada ropa interior deportiva que parecían unas pequeñas mallas negras. Se ceñían a cada centímetro de su trasero, marcando el relieve de sus músculos.
Cuando llegaron a su taquilla, Troy dijo:
—¿De verdad vas a adoptar a Quirón? Es genial.
—Sabía que te gustaría. —Harris se acercó a él y luchó contra el impulso de ponerle las manos sobre el pecho—. Esto es totalmente injusto —murmuró.
—¿El qué?
—¡Esto! —Harris gesticuló con la mano hacia el cuerpo de Troy—. Dime que tienes un suspensorio de repuesto en casa.
Troy sonrió con picardía.
—¿Por qué? ¿Es que tienes un fetiche con el equipamiento de hockey?
—Eh… Sí. —Harris lo dijo como si fuera obvio—. Pero ni te lo imaginas. ¡Mira!
Señaló el bulto que había aparecido en sus vaqueros.
Troy echó un vistazo y, cuando volvió a cruzar la mirada con Harris, tenía los ojos oscuros y ardientes.
—Qué interesante…
Harris sintió calor por todo el cuerpo.
—Solo es una fantasía o algo así. No hagas una montaña de esto.
Troy volvió a mirar la entrepierna de Harris.
—Parece que ya lo he hecho.
—Joder. —Harris negó con la cabeza—. Nop. Vale. Tenemos que hablar de cosas serias.
Los ojos de Troy perdieron parte de su ardor.
—Pues sí.
—¿Cómo te ha ido con tu madre?
—De maravilla. Me ha apoyado un montón y es genial.
A Harris se le iluminó la cara y a punto estuvo de besarlo allí mismo, en el vestuario.
—¡Qué guay!
—Sí. Y, cuando he llegado aquí, el entrenador me ha llamado a su despacho para decirme que Crowell está cabreado porque he vuelto a subir posts.
Harris puso los ojos en blanco.
—Joder. ¿En serio?
—Sí, pero también me ha dicho que la directiva me apoya. Y él también. No van a tomar ninguna medida disciplinaria contra mí, y eso que Crowell se lo ha pedido.
Dios, a Harris le encantaba ese equipo.
—No me sorprende. Ya te dije que aquí solo hay buena gente. Parece que hoy has recibido mucho cariño.
—No me importaría recibir un poco más —respondió Troy con tono seductor. Luego abrió mucho los ojos—. ¡Ah! ¡Y el entrenador sabe lo nuestro! Nos pilló…, eh…, besuqueándonos, según él mismo dijo, en tu despacho.
Ups.
—Mierda, Troy. Lo siento. ¿Estás bien?
Troy asintió.
—Estoy bien. La verdad es que me siento genial. Creo que podría salir del armario ante el equipo. ¿Ahora mismo, por ejemplo?
—¿Ahora mismo? ¿Aquí?
—Sí. ¿Qué te parece?
—A mí bien, pero ¿estás seguro de que…?
Pero Troy ya se había subido al banco de su taquilla.
—Hey, gente —anunció en voz alta.
La sala quedó un poco más en silencio. Entonces Illya añadió:
—Callaos todos y escuchad a Barrett.
Y todos se callaron.
—Solo una cosa —dijo Troy con una voz sorprendentemente firme—. Estoy saliendo con Harris. Estamos juntos. Soy gay.
Bueno, no era poesía. Pero aun así hizo que a Harris se le llenaran los ojos de lágrimas.
Tras otro momento de silencio que pareció interminable, comenzaron los aplausos. Y los silbidos. Y los vítores.
Troy se desplomó contra la pared, como si no pudiera creerse lo que acababa de hacer. Se quedó mirando a sus compañeros de equipo con los ojos como platos hasta que una amplia y eufórica sonrisa se le dibujó en el rostro.
—De momento, me gustaría que esto no saliera de aquí —dijo Troy aún sonriendo—. Por favor. Vale. Gracias.
Se bajó del banco, hacia los brazos abiertos de Harris, que lo abrazó con fuerza, sin importarle en absoluto que estuviera empapado en sudor y oliera a bolsa de gimnasio.
—Ha sido raro. Me ha encantado.
—¿Ha estado bien?
—He dicho que me ha encantado.
—Aún tenemos que, bueno, comunicar oficialmente la relación —señaló Troy.
—Lo sé. Pero no es más que una formalidad. A nadie le importará.
—Vale. ¿Puedo besarte?
—Seguro que todos nos están mirando.
—Pues más me vale que sea un buen beso.
Troy colocó una mano con firmeza en la espalda de Harris, lo inclinó un poco y se lanzó a besarlo.
Todos gritaron y aplaudieron a su alrededor mientras Troy besaba a Harris como si acabara de volver de la guerra.
Harris hizo lo posible por corresponderle; no quería solo dejarse llevar por la emoción.
Joder, estaba tan orgulloso de Troy… y todavía más que un poco abrumado por el hecho de que, por alguna razón, Troy creyera que Harris merecía todo este revuelo.
Que quisiera estar con Harris tanto como para enfrentarse a sus miedos más profundos.
Cuando se separaron, Troy se puso recto y saludó torpemente con la mano a sus alborotados compañeros de equipo.
—¡Bien hecho, Harris! —gritó Bood.
Harris sabía que se estaba sonrojando, pero tampoco podía dejar de sonreír.
—¿Nos vemos luego? —le preguntó a Troy.
—Si estos tíos dejan de burlarse de mí en algún momento, sí, claro.
Lo dijo como si estuviera enfadado, pero la sonrisa y los ojos empañados de Troy decían todo lo contrario.