Capítulo 24 #2
—Absolutamente nada —resolvió el entrenador—. Vamos a seguir ganando, y tú puedes publicar lo que te dé la gana, y a Crowell que le den. Toda la dirección está de acuerdo; en realidad él no puede hacer nada. Y, si lo hace, te apoyaremos y quedará como un monstruo. Quedamos en tablas, diría.
A Troy le pareció arriesgado, pero aun así le podía la emoción.
—¿En serio?
—Totalmente. Ahora ve a ponerte el equipamiento.
Troy se levantó.
—Gracias. Y…, eh…, me encanta jugar aquí. Sé que a lo mejor no lo pareció durante algún tiempo, pero estoy contento de haber venido.
—Ya me lo parecía —respondió el entrenador. Bajó la cabeza y empezó a garabatear algunas notas en un cuaderno de rayas—. Ah, y creo que deberías comunicarle a dirección que tienes una relación con Harris.
Troy se quedó paralizado mientras se dirigía hacia la puerta.
—¿Qué?
El entrenador levantó la vista, sonriendo.
—La semana pasada os vi besuqueándoos en su despacho.
Joder, ¿de verdad había sido tan descuidado? ¿De verdad había besado a Harris con la puerta abierta? Pensó que iba a estallar.
—Yo, eh…, estábamos…, eh…
El entrenador se rio entre dientes.
—Me alegro por vosotros. Solo intento evitaros problemas.
—Gracias —dijo Troy.
Ay, dios, iba a echarse a llorar si no se largaba de ahí. El día estaba siendo demasiado.
Salió de la oficina medio aturdido. Ya no había tiempo para buscar a Harris antes del entrenamiento, pero sin duda estaba acumulando una larga lista de motivos para darle un buen beso.
—¡Virgen santa! —gritó Wyatt—. ¿Cuándo se ha convertido Quirón en todo un caballo?
Harris le dedicó una sonrisa al cachorro del equipo, que había crecido bastante y parecía que acabaría teniendo el tamaño de un boyero de Berna.
—Se ha puesto enorme este último mes, sí.
—Joder, y que lo digas. —Wyatt se arrodilló en el suelo del vestuario, todavía con las gigantescas espinilleras puestas—. Déjame acariciarlo un poco antes de que Rozanov lo…
Wyatt se calló al oír un grito desgarrador procedente de la taquilla de Ilya.
—¿Qué cojones, Harris? ¿Por qué es enorme?
—Los perros crecen, Roz.
Ilya ya había cruzado la sala y estaba arrodillado junto a Wyatt, apartando al portero de un empujón.
—¡Quirón! ¡Estás hecho un grandullón! ¡Eres como dos Quirones!
Rascó las orejas y el cuello del feliz animal a conciencia.
Mientras Ilya y Wyatt se disputaban el cariño de Quirón, Harris echó un vistazo a la taquilla vacía de Troy. La noche anterior le había dicho a Harris que hoy pensaba salir del armario ante su madre, pero no había sabido nada de él desde entonces.
—¿Hoy no ha venido Troy?
Ilya no apartó la vista de Quirón.
—Está por aquí, en alguna parte. Seguramente en las duchas.
Bueno. Entonces Harris tendría que esperar.
—A Quirón le han dado una mala noticia esta semana —dijo Harris—. Aunque no parece que se sienta muy triste.
Ilya levantó la cabeza de golpe, con los ojos abiertos como platos y llenos de terror.
—¿Qué noticia? ¿Qué pasa?
—Resulta que no tiene madera de perro de terapia. Según los adiestradores, al menos.
—Imposible —dijo Ilya.
—Oooh… —Wyatt le frotó el lomo a Quirón—. Te queremos igualmente, amigo. Yo también era un desastre en el cole.
—¿Qué va a ser de él? —preguntó Ilya.
Harris no pudo evitar sonreír ante la preocupación de Ilya.
—No cambiará gran cosa. Seguirá siendo el perro oficial del equipo, pero necesitará un hogar fuera del estadio.
—Lo vas a adoptar —dijo Ilya con un tono que distaba de ser una sugerencia.
Harris soltó una carcajada de asombro.
—Bueno, puede ser. O sea, he estado pensado que sería buena idea. Así podría traerlo conmigo al trabajo y vosotros lo veríais todo el rato.
Y así Troy, añadió Harris para sus adentros, podría acurrucarse en casa con él, acompañarlo cuando lo sacara a pasear y, quizá, algún día, se compraran una casa en el campo con un gran jardín…
Se había adelantado mucho con sus fantasías al enterarse de que Quirón no cumplía los estándares para ser perro de terapia.
De momento, tenía que ser realista respecto al tamaño de su miniapartamento y al de ese perro, pero lo más probable era que le dejaran traer a Quirón al trabajo todos los días, y también podía llevarlo a la granja constantemente si se llevaba bien con los otros perros.
Y apostaría a que a Ilya no le importaría que Quirón fuera a jugar a su gigantesca casa de vez en cuando.
Ilya le sonrió a Quirón.
—Vas a ser el perro más feliz del mundo.
Harris se encargaría de que así fuera.
En ese momento, Troy salió de una sala trasera con parte del equipamiento aún puesto. No mucho. Solo unas cuantas piezas selectas que, combinadas con su piel al descubierto y sus músculos perlados de sudor, básicamente lo convertían en una fantasía andante.
Llevaba puesto el suspensorio y las ligas, pero se había quitado los calcetines y las espinilleras, dejando al descubierto sus musculosas piernas.
Se había remangado la ajustada camiseta técnica justo por encima del ombligo y aún tenía puestas las coderas, lo que era un tanto extraño, pero Harris estaba completamente a favor.
—Troy. —Harris se dio cuenta de que había pronunciado ese nombre como si Troy fuera un ser mágico al que hasta entonces solo había visto en sueños. Se obligó a salir de su arrebato—. Hola.
—Hola. No sabía que estabas aquí.
Harris no podía dejar de mirarlo. Era consciente de ello. Y era consciente de que Troy, Ilya y Wyatt también debían de haberse dado cuenta. Pero es que no podía. Dejar. De mirarlo.
—Eh… —dijo Troy. Se pasó una mano por el pelo húmedo, echándoselo hacia atrás para retirarlo de la frente—. ¿Estás, eh…? —Bajó la vista—. Ah. Has traído a Quirón.
—Harris es el nuevo papá de Quirón —dijo Ilya.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Troy.
—Eh… —Harris tenía pensado sorprender a Troy con la noticia más tarde, pero, claro, Ilya era Ilya—. Creo que voy a adoptar a Quirón. No va a ser un perro de terapia, pero sigue siendo el perro del equipo y…, eh…
Joder, Troy parecía un batiburrillo de la lista de reproducción completa de porno de fantasías con deportistas de Harris.
—Ahora es grande —dijo Troy.
—Ajá.