Capítulo 23 #3
—Me gusta mucho cómo eres —dijo Harris entre los besos con los que salpicaba el abdomen de Troy—. Me gusta todo sobre ti, hasta esa forma tan rara de sonreír y cómo finges que no te molan los dulces.
Troy resopló entre sonrisas.
—Vale.
—Solo quería dejarlo claro, para que no te hagas ideas equivocadas. Porque, hostia puta, Troy. Tienes un cuerpo de escándalo.
—Tú sí que eres un escándalo.
—Es que, a ver, ¿qué ejercicios hay que hacer para tener este músculo de aquí?
Harris recorrió el oblicuo derecho de Troy con el dedo.
Troy se estremeció.
—Sabes que tú también lo tienes, ¿verdad?
—Sí, enterrado en algún sitio, probablemente. Pero los tuyos son tan… abultados…
—Hacer ejercicio es mi trabajo.
Harris besó la cadera de Troy y luego bajó hasta su ombligo.
—Y yo estoy encantado.
—Guay. Cuesta mucho estar… abultado.
Los dos se echaron a reír. Era algo que habían hecho mucho desde que habían entrado a trompicones en el apartamento de Harris, apenas capaces de dejar de besarse el tiempo suficiente como para abrir la puerta.
Troy se sentía como si estuviera borracho, aunque no se había pasado con la sidra en la granja.
—Ven aquí —dijo, y Harris se arrastró hacia arriba para que sus rostros quedaran a la misma altura. Troy le acarició el pelo un momento y se perdió en sus ojos verdes—. Te voy a echar de menos.
—Y yo a ti. Pero estaré aquí cuando regreses.
—Creo que te voy a enviar muchos mensajes —advirtió Troy.
—Más te vale. —Harris le dio un beso en la nariz—. Hago unas fotopollas increíbles.
Troy estalló en carcajadas, lo que hizo que a Harris le pasara lo mismo.
—¿Eso qué significa siquiera? —preguntó con la voz entrecortada.
—Ya lo verás.
Troy se recompuso y dijo:
—No me importaría recibir una foto de tu polla. Es adorable.
Harris se dio un cabezazo en la frente sobre el pecho de Troy.
—¿Adorable? —gimoteó.
—Me gusta. —Troy le dio un beso a Harris en la coronilla y añadió—: Me gustaría tenerla… dentro.
Harris alzó la cabeza.
—¿Esta noche?
—Si te parece bien.
—Me parece superbién. Lo has hecho antes, ¿verdad?
—Sí. Hace tiempo, pero me gusta.
Harris se sentó a horcajadas sobre los muslos de Troy y se frotó las manos con emoción.
—Esto va a molar.
Troy se rio, pero soltó un gemido en cuanto Harris se metió su polla en la boca. Hasta entonces solo la había tenido medio dura, entre las risas y la charla, pero se empalmó en cuestión de segundos.
Troy tardó un rato en relajarse lo suficiente incluso para aceptar cómodamente los dedos de Harris, pero este era un compañero paciente, motivador y, la verdad, muy habilidoso.
Le prestó más atención a la próstata de Troy de la que jamás había recibido, y acabó haciéndolo enloquecer, retorcerse y derramar líquido preseminal.
Nunca se había corrido solo con la estimulación de la próstata, pero en ese momento le parecía posible.
—¿Estás bien? —preguntó Harris para asegurarse.
Troy solo pudo soltar una risa ahogada y un balbuceo.
—La hostia de bien.
—Tengo un vibrador increíble que podría usar contigo. A mí me hace correrme tan fuerte que casi duele.
Joder, por supuesto que Troy quería probarlo. Pero otro día. Ahora no.
—Esta noche no. Te quiero a ti, Harris. Por favor.
Harris le dio un beso en la rodilla.
—Vale.
Retiró despacio los dedos y Troy respiró hondo un par de veces para lidiar con la sensación temporal de vacío. Harris se puso un condón y lubricante, y por fin se colocó en posición.
—Eres tan guapo… —dijo Harris. Su voz sonó más baja de lo que Troy la había oído jamás—. ¿Cómo es posible que seas real?
—Lo soy. Fóllame, por favor —casi gimió Troy.
Troy arqueó la espalda la primera vez que sintió la polla de Harris presionando su entrada. Harris se deslizó dentro de él con un movimiento lento y dulce hasta que Troy se sintió maravillosamente dilatado y lleno.
—¿Sigues bien? —preguntó Harris.
Troy asintió.
—¿Me das un beso?
Harris se inclinó hacia abajo y ambos se besaron con tanta ternura que, en cierto modo, resultaba más abrumador que ser penetrado.
Entonces Harris empezó a embestirlo. Mantuvo un ritmo lento, y estaba bien.
Troy siguió besándolo mientras se apoderaba de él una calidez que nada tenía que ver con el clímax sexual.
Había hecho de pasivo otras veces, pero nunca se había sentido así.
Se sabía querido por la forma en que Harris lo besaba, lo tocaba, se lo follaba.
Como si nada malo fuera a volver a pasarle si Harris podía evitarlo.
Y, dios, Troy esperaba que Harris supiera que aquello era recíproco. Esperaba que Harris sintiera lo mucho que él le importaba por cómo Troy le devolvía los besos y se apretaba alrededor de su polla, reacio a dejarlo ir.
Se balancearon juntos durante un rato maravilloso e interminable mientras Harris murmuraba cosas dulces que Troy no lograba procesar del todo.
—Estoy a punto —gruñó Harris en un momento dado contra los labios de Troy—. Tócate. Córrete conmigo.
Troy alargó el brazo entre ellos e hizo lo que le habían dicho. En cuanto tuvo la mano envuelta en la polla, se dio cuenta de que él también estaba a punto.
—Joder, date prisa —jadeó Harris.
Sus embestidas se aceleraron y Troy intentó seguirle el ritmo.
—Vale —dijo Troy—. Estoy a punto. Estoy… Mierda. Me voy a correr. Harris, joder, me…
Los dos gritaron de placer (Harris más fuerte, como de costumbre), y Troy descargó sobre su propio pecho mientras Harris acababa tras unas cuantas embestidas rápidas y frenéticas más.
Durante unos instantes, Harris se quedó donde estaba, inclinado sobre Troy, con el pelo ligeramente húmedo cayéndole sobre los ojos. Tenía los labios mojados y magullados de tanto que se habían besado, y sus ojos color esmeralda brillaban con hermosura.
Harris le sonrió y dijo:
—No ha estado mal.
Troy se rio y pensó que ojalá Harris nunca dejara de ser tan payaso durante el sexo.
—Estoy de acuerdo.
Harris se retiró y besó a Troy rápidamente antes de ir a asearse. Troy extendió los brazos sobre la cama y se encontró con la jirafa de peluche de Harris en una esquina. Cogió el juguete y lo sujetó encima de su cara.
—Señor Cuellilargo, creo que estoy enamorado de él.