Capítulo 22 #3
Harris le dio unos lentos lengüetazos y luego cambió a un movimiento circular con la punta de la lengua. En cuestión de segundos, Troy comenzó a balancearse contra su boca, gimiendo y soltando impúdicos tacos mientras Harris usaba todos los trucos para dar un beso negro que conocía.
Se preguntó si Troy querría que se lo follara.
Harris sin duda se prestaría a ello. Le gustaba que lo penetraran con fuerza, pero desde luego no tenía ningún problema en hacer de activo.
Sobre todo cuando el sexo era así, tierno, sensorial e indulgente.
Cuando nadie tenía prisa y todo se reducía a la exploración y el descubrimiento.
Le encantaría deslizarse dentro de Troy, hundirse en él y moverse juntos hasta que los dos estallaran de placer.
—Joder, qué bien… —jadeó Troy—. Me encanta sentir tu barba contra mi piel.
La entrada de Troy seguía cerrada como un puño, pero Harris consiguió introducirle la punta de la lengua.
—¡Ah! —gritó Troy—. Joder. Necesito… —Entonces se dejó caer hacia delante, alejando el ano de la boca de Harris y envolviéndole los labios alrededor de la polla.
Y ahí fue Harris el que gritó, en parte por el alivio y la sorpresa de que Troy por fin se encargara de su sufrida erección, y en parte por frustración. Quería intentar relajar el ano de Troy con la lengua, y ahora apenas podía alcanzarlo.
Pero sí le alcanzaba la polla, así que abrió bien la boca y dejó que Troy se deslizara dentro.
Troy gimió, y las vibraciones hicieron que Harris arqueara la espalda. Llevaba mucho tiempo sin hacer eso, y nunca lo había hecho junto a un fuego mientras un enorme y pesado jugador de la NHL lo presionaba contra el suelo de una cabaña.
Harris lanzaba zumbidos, gemidos y suspiros mientras se la chupaba a Troy porque no podía callarse ni con una polla en la boca.
Le deslizaba las manos sobre los muslos, las caderas y el culo, incapaz de decidir si quería follárselo, que se lo follara a él o simplemente continuar con lo que estaban haciendo.
Un minuto después, perdió la oportunidad de decidir cuando se dio cuenta de que estaba al borde del orgasmo.
Emitió un zumbido alto y ahogado para avisar a Troy, pero este no se retiró, y unos segundos después Harris explotó en su boca.
La sacudida fue tan fuerte que tuvo que alejarse de la polla de Troy.
Gritó mientras un intenso placer recorría su cuerpo una y otra vez.
A pesar de todo, Troy siguió chupándosela, saboreando hasta la última gota y proporcionándole a Harris el máximo placer posible.
Harris intentaba desesperadamente volver a meterse en la boca la polla de Troy, consciente de que él también estaba cerca, pero se quedó atónito cuando Troy empezó a eyacular en el aire, salpicándole el pecho de semen.
Incluso después de todo aquello, Troy siguió esparciendo suaves besos por la agotada polla de Harris, para después desplazarse hasta su muslo y, por último, apartarse. Levantó la pierna para no estar encima de Harris y se dio la vuelta para poder tumbarse junto a él sobre la alfombra.
—Gracias —dijo Troy con voz grave y abatido.
—¿Me das las gracias tú a mí? —respondió Harris con una risa cansada—. Yo solo intentaba seguirte el ritmo.
A Troy se le extendió una amplia y espontánea sonrisa por el rostro, y Harris sintió una sacudida que le pareció más poderosa que la de su orgasmo.
Porque el responsable era él; él había hecho que Troy Barrett sonriera así.
En cierto modo, Harris se lo había ganado, y en ese momento se dio cuenta de la fiereza con la que protegería esa sonrisa.
De la fiereza con la que protegería a Troy.
Porque a lo mejor se estaba enamorando de él.
—¿Qué pasa? —preguntó Troy borrando la sonrisa, porque la cara de Harris debía de haber reflejado parte de su ansiedad.
—Nada —dijo Harris enseguida—. Es que… tengo hambre. Vamos a llamar al servicio de habitaciones.
Troy recuperó la sonrisa. Le dio un beso rápido a Harris y soltó:
—Espero que tengan salmón.
En efecto, tenían salmón, y Troy se comió el suyo con ganas porque, en cuanto les habían llevado la cena, se había dado cuenta de lo hambriento que estaba.
—Sigue sin estar tan bueno como un pastel de chocolate —dijo Harris al tiempo que dejaba su plato vacío sobre la mesita.
Estaban sentados juntos en el sofá, todavía en albornoz y recreándose con el fuego.
El champán se había acabado.
—Te equivocas —afirmó Troy—, pero está bien que también tengamos pastel de chocolate.
Troy dejó que Harris le diera pastel con su tenedor, algo que habría encontrado repugnante en otras parejas, pero que, como nadie podía verlos, ahora mismo no le importaba. Además, se había cogido un buen pedal con el champán.
Cuando acabaron el postre, Harris se acurrucó contra él y los dos se quedaron mirando el fuego.
—¿Qué harás el domingo? —preguntó Harris.
—Tengo entrenamiento por la mañana, pero después estoy libre —respondió Troy.
—¿Quieres venir a cenar a la granja?
Troy se puso rígido.
—¿Con tu familia, quieres decir?
—Claro —dijo Harris, como si no fuera la cosa más trascendental del mundo—. Les vas a encantar.
Aquello era… serio.
—¿Qué les diríamos? Sobre nosotros.
—Lo que te resulte más cómodo. Te aseguro que no nos juzgarán si les contamos que somos… lo que sea que somos.
—¿En serio?
Troy ni siquiera podía imaginárselo.
—Siempre me han querido y me han aceptado. Lo peor que harán será avergonzarme por estar tan emocionados de que haya llevado a alguien a casa.
Troy se relajó un poco.
—¿No sueles llevar a gente a casa?
—Alguna vez invito a amigos a cenar, pero no a chicos con los que salgo. O, bueno, ya sabes. Da igual…
Los dos se quedaron callados un momento y luego Troy dijo, con valentía:
—¿Estamos saliendo?
Harris levantó la vista hacia él.
—Creo que podría decirse que sí.
Troy sonrió.
—Es verdad. —En ese momento era maravillosamente feliz. Si eso era lo que se sentía al salir con alguien, quería seguir haciéndolo. A toda costa—. Deberías decírselo a tus padres —dijo.
—¿Estás seguro?
—Sí. Pero quizá después del domingo, ¿no? Preferiría no hacer un mundo de esa cena.
—Por mí bien. Y no harán un mundo. Ellos al menos. Te lo prometo. Y no dirán nada si yo se lo pido.
Troy se movió para tirar de Harris más hacia su regazo. Quería verle bien la cara.
—Quizá solo durante un tiempo. Dije que no te haría esconderte y lo pienso mantener. Pero primero necesito resolver algunas cosas.
Harris estudió su rostro y luego sonrió.
—Yo primero necesito creer que esto es real.