Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 21
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Capítulo 21

—Tu apartamento es bonito —dijo Harris sin aliento mientras Troy lo empujaba contra una pared.

—Es aburrido. Y no es mío.

Troy le dio un beso salvaje, dominante y perfecto.

Harris no se lo pudo discutir, tanto porque tenía la boca ocupada como porque, en efecto, el apartamento era muy aburrido. Parecía una habitación de hotel extragrande.

Pero seguro que tenía una cama, y eso era lo único que le interesaba a Harris en ese momento.

Llevaba excitado desde que Troy le había cogido la mano en el club por primera vez, en un gesto inesperado y emocionante.

Después le había dado un beso en la mejilla, algo pequeño y sin importancia, pero Harris sabía que para Troy no había sido ninguna de esas dos cosas.

Y luego estaban los besos de verdad. Apasionados, igual que ese, como si contuvieran todos los anhelos secretos que Troy hubiera albergado jamás.

Como si los hubiera reprimido durante tanto tiempo que la presión se hubiera vuelto insoportable y ahora brotaran de él, calientes, desordenados y potencialmente devastadores.

Al final consiguieron llegar al dormitorio y Troy enseguida comenzó a quitarse la ropa. Se desabrochó suficientes botones como para sacarse la camisa por la cabeza, arrastrando con ella la camiseta interior. Harris estaba tan ensimismado con el espectáculo que se olvidó de desnudarse.

—Venga —dijo Troy, ya desnudo por completo—. Quítatelo todo. Quiero verte.

Harris empezó a desabrocharse la camisa, pero no era lo bastante rápido para Troy, que se acercó para echarle una mano. En cuestión de segundos, toda la ropa de Harris formaba una pila en el suelo, y él había vuelto a los brazos de Troy, dejándose besar como si fuera a evaporarse si parara.

—¿Quieres que vuelva a follarte? —preguntó Troy—. ¿Como la última vez?

Harris se estremeció de placer con solo pensarlo.

—Sí, igual que la última vez. Si eso es lo que quieres.

—Es justo lo que quiero.

Harris se dejó empujar hacia atrás, sobre la cama, mientras Troy se cernía sobre él. No podía dejar de contemplar ese cuerpo duro y hermoso, esos ojos intensos, que materializaban todas las fantasías que Harris había tenido en algún momento de ser devorado por un deportista.

—Joder —dijo Harris con un suspiro—, no puedes ser real.

Troy se agarró la polla tiesa y la llevó lentamente hasta los labios de Harris.

—¿Es esto real?

Harris lo tomó con ansia en su boca, gimiendo en cuanto lo saboreó por primera vez.

Troy se colocó sobre los muslos de Harris, que se apoyó sobre los codos; se sentía un poco raro e incómodo, pero por algún motivo eso le daba aún más morbo.

Como si ni siquiera pudieran esperar a ponerse en una postura lógica.

Harris desde luego no tenía pensado moverse.

Tal como estaba no podía metérsela hasta el fondo, así que se centró en la sensible punta de la polla de Troy, dándole lametazos y explorando su abertura. Troy soltó algún que otro taco entre dientes y Harris vio cómo se le tensaban los músculos mientras luchaba por mantener la posición.

Pero Harris quería que lo embistiera. Quería que usara toda esa potencia para follarle la boca.

Soltó la polla de Troy y lo oyó gruñir con desaprobación. Entonces Harris se deslizó hasta el suelo, poniéndose de rodillas junto a Troy.

—Vamos a probar así —dijo Harris con la cabeza hacia atrás para ver la expresión de Troy.

Troy asintió, con los ojos entornados y los labios entreabiertos, y le ofreció su polla a Harris.

—No te cortes —le indicó Harris, y luego envolvió sus labios sobre él y lo tomó bien adentro para demostrarle que podía.

Comenzó a mover la cabeza y le pasó las manos por los muslos y alrededor del culo, dejándoselo claro.

Troy empujó las caderas hacia delante, una sola vez, y se detuvo para mirar a Harris. Sus ojos pedían permiso, y Harris asintió ligeramente, con la esperanza de que su propia mirada reflejara lo mucho que deseaba aquello.

Debió de hacerlo, porque la siguiente embestida fue más fuerte. Y la siguiente. Harris mantenía la mandíbula relajada y la cabeza quieta, y dejó que Troy lo asaltara.

—Joder, Harris —gruñó Troy—. Qué bien lo haces.

Lo agarró por la nuca y le hundió los dedos en el pelo.

Sus envites eran tan fuertes y rápidos que Harris apenas podía gemir de placer.

Tan solo podía mirarlo con ojos nublados y húmedos y centrarse en los chispazos de excitación que le atravesaban el cuerpo.

Le encantaba lo que estaban haciendo. Le encantaba hacer que la gente se sintiera bien y le encantaba que lo trataran con tanta rudeza.

Siempre había querido ser útil, pero ahora mismo solo quería que lo utilizasen.

Troy tenía la piel sonrosada, desde la cara, bajando por el cuello, hasta buena parte del pecho. Los abdominales se le tensaban cada vez que sacudía las caderas, y Harris lo observaba, hipnotizado.

—Dios, sí que aguantas —jadeó Troy—. Es muy sexy. Precioso, joder.

Harris relajó la garganta, invitando a Troy a metérsela un poco más. Troy empujó y se detuvo, gimiendo mientras Harris tragaba saliva alrededor del hinchado glande de su polla.

—Harris… —Troy inhaló con brusquedad y luego resopló—. No debería… Joder, estoy a punto. Tienes que pararme.

Harris se dio cuenta de que lo decía en serio, así que se retiró y Troy le soltó el pelo.

—Ah, mierda.

Troy se cogió la base de la polla con la mano y apretó con fuerza. Cerró los ojos y respiró hondo varias veces de forma entrecortada mientras Harris lo observaba de rodillas, entretenido con la lucha que libraba Troy.

—Vale —suspiró Troy después de unos segundos de tensión—. Estoy bien. —Se rio con nerviosismo—. Joder, he estado cerca.

Harris se inclinó hacia él con aire juguetón y abrió los labios. Troy dio un paso atrás.

—No te atrevas. —Se rio—. Levántate. Quiero besarte.

Bueno, esa orden fue fácil de obedecer. A Harris ya le estaban matando las rodillas. No se había dado cuenta hasta que Troy le había sacado la polla de la boca.

—Podrías haberlo hecho, ¿sabes? —dijo Harris rodeando el cuello de Troy con los brazos—. Acabar, quiero decir. No tienes por qué follarme esta noche.

—Claro que tengo que follarte esta noche —gruñó Troy, y lo besó.

Harris tenía los labios hinchados y magullados, pero no se cansaba de los besos de Troy.

Continuaron besándose mientras Troy se reclinaba en la cama, tirando de Harris para que se tendiera con él.

Troy se tumbó de espaldas y Harris lo siguió, acomodando su cuerpo sobre todos esos músculos tan firmes.

Dejando que las piernas de ambos se entrelazaran mientras besaba la barbilla, el cuello, la nariz, las orejas, los hombros de Troy… y luego otra vez sus labios.

—Dios, qué dulce eres… —murmuró Troy mientras Harris le besaba la clavícula—. Cuando te ofreces así, de rodillas y con la boca abierta, no me puedo resistir. Odio lo mucho que me gusta ponerme bestia contigo, cuando lo único que quiero es cuidar de ti.

Harris levantó la cabeza para mirarlo a los ojos.

—Ya estás cuidando de mí. Me das lo que quiero, y me encanta que no te reprimas conmigo, Troy.

—No quiero hacerte daño.

—Y por eso no lo harás.

Sus bocas volvieron a encontrarse y los dos rodaron por la cama hasta que Harris quedó de espaldas, debajo de Troy.

—Quiero hacerlo así —susurró Troy—. Quiero mirarte.

Harris confiaba en que los brincos que le daba el corazón no tuvieran nada que ver con su enfermedad.

—Es lo que quiero yo también.

En general, Harris prefería que lo tomaran por detrás o en alguna postura que no dejara a la vista sus cicatrices, pero quería verle la cara a Troy cuando lo penetrara, cuando perdiera el control y cuando se corriera. Harris quería que todos sus sentidos se llenaran de ese chico.

Troy cogió lubricante y un condón de la mesilla.

Se tomó su tiempo para abrir a Harris, con una precaución exasperante después de todo lo que acababan de comentar, pero Harris sabía que era lo mejor.

Se retorció impaciente, deseoso de algo más que los fuertes dedos de Troy.

Cuando Harris estaba a punto de suplicar, Troy le cogió los muslos y le empujó las rodillas hacia el pecho.

Estaba tan abierto y expuesto que Troy se quedó admirando su entrada como si hubiera encontrado un tesoro.

—No muevas las piernas —le ordenó.

Retiró las manos y Harris le hizo caso, manteniéndose bien abierto mientras observaba cómo Troy se ponía el condón.

Troy se echó un poco de lubricante en la polla enfundada y se acarició sin prisa.

—No me merezco todo esto —dijo con voz grave—. Un chico maravilloso esperando mi polla. Es tan sensual, joder…

—Claro que te lo mereces —contestó Harris—. Por favor. Dámela.

Troy lo arrastró con brusquedad hasta el borde del colchón; luego plantó un pie sobre la cama. Se alineó y comenzó a empujar poco a poco, haciendo que Harris gimiera de alivio.

Harris estaba muy duro. Esa noche su polla había sido prácticamente ignorada y ahora exigía atención. Troy se había hundido en él hasta el fondo, jadeando y cerrando con fuerza los ojos.

—Joder —dijo Troy apretando los dientes—. Me haces sentir tan bien…

Harris empezó a masturbarse, porque parecía que Troy no iba a aguantar mucho esa noche.

—Tómate tu tiempo —le respondió—. O córrete si lo necesitas. Solo quiero que disfrutes.

Troy no dejaba de observar el movimiento de la mano de Harris. Sacó la lengua para humedecerse el labio inferior y dijo:

—Eso, ponte a punto…

Le dio unas cuantas embestidas poco profundas que enviaron oleadas de placer por el cuerpo de Harris. Ponerse a punto no iba a ser un problema para él.

Troy se movió más deprisa cuando Harris aceleró el ritmo de la mano, y por fin carraspeó:

—No puedo… Tengo que…

Y entonces empezó a penetrarlo a lo bestia. Con fuerza, implacable, haciendo que el cabecero golpeara la pared, que Harris gritara en éxtasis.

—Joder. ¡Joder! —jadeó Troy; después se quedó quieto y con la boca abierta.

Se retiró tan rápido que Harris soltó un aullido, y entonces se tragó su polla, chupándosela con ansia. En pocos segundos, Harris estalló en la boca de Troy con un fuerte gemido. Ojalá el aislamiento acústico del lujoso edificio de Troy fuera decente.

—Hostia puta —jadeó Harris.

Troy se desplomó a su lado, respirando con dificultad.

—Sí. Siento haber acabado tan rápido.

—No te preocupes. Ha sido muy sexy.

Se quedaron tumbados en silencio un par de minutos, tratando de recuperar el aliento. Entonces Harris volvió la cabeza y vio que Troy reprimía una sonrisa.

—¿Qué pasa?

—Nada. Es que siempre me siento ridículo después de follar.

—Ah. —Harris le recorrió la curvatura del hombro con un dedo y después bajó hacia los surcos que rodeaban sus pectorales—. Te entiendo. La verdad es que es una actividad bastante rara.

Troy resopló y se estremeció con una carcajada, lo que hizo reír a Harris.

—Ahora que lo has dicho, no puedo dejar de pensar en lo raro que es —dijo Troy.

—Sí, es que es en plan: podemos cenar, ver la tele o me puedes enchufar la polla por el culo.

Troy ya se estaba partiendo de risa. Era una alegría oírlo.

—También me gustaría hacer esas otras cosas —afirmó Troy cuando logró controlarse—. Contigo, quiero decir.

A Harris se le aceleró el corazón.

—¿Las harías?

—Por supuesto. Haría… —Troy dejó la frase en el aire mientras miraba fijamente el techo—. ¿Crees que la gente nos vio besarnos? O sea, ¿alguien me reconoció?

«Ah. Allá vamos».

—No lo sé —dijo Harris con sinceridad.

—A lo mejor alguien ha subido fotos nuestras a Twitter.

—Hoy en día puede pasar, pero siempre podrías negar que el de las fotos eres tú.

Troy se quedó callado unos segundos y luego continuó:

—Nadie esperaría encontrarme en un concierto como ese.

Harris lo tradujo como: «Nadie esperaría encontrarme rodeado de personas queer ».

—Supongo que no.

Troy se sentó de golpe y cogió el móvil de la mesilla.

—¿Qué haces? —preguntó Harris.

—Subir un post.

Harris se apoyó sobre un codo y estiró el cuello hacia la pantalla. Troy la apartó.

—No seas impaciente —le regañó Troy.

Harris ahogó una dramática exclamación. Troy había subido una foto que él mismo había hecho de Fabian Salah en el escenario, había etiquetado la ubicación y escrito: «Una noche increíble».

—Supongo que en ese concierto no había ningún homófobo —dijo Troy—. Así que, si alguien nos vio, bueno, no le habrá dado mayor importancia.

Harris le dio un beso, conmovido por ese pequeño pero significativo acto de valentía, y dijo:

—En el peor de los casos, se pondrían celosos. De ti, quiero decir. Obviamente.

Troy se echó a reír y lo rodeó con el brazo, atrayéndolo hacia él para que apoyara la cabeza sobre su pecho.

—Quiero llevarte a algún sitio. Quiero otra cita.

Harris sonrió.

—Me encantaría.

Troy le dio un beso en la parte superior de la cabeza y preguntó:

—¿Cuándo?

—Este fin de semana trabajo. El partido All-Star y demás. Pero la semana que viene será tranquila, por las vacaciones.

—Vale. Le daré una vuelta durante el fin de semana. Va a ser épico. La mejor cita de la historia. —Troy le dio un pico y añadió—: Debería…, mmm…, hacer algo con el condón y esas cosas. Pero te quedas esta noche, ¿verdad?

Harris se dio la vuelta, se tumbó de espaldas y estiró los brazos.

—Amigo, puede que nunca vuelva a moverme.