Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 20 #3
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Capítulo 20 #3

—Ah. —Ryan parecía avergonzado—. Perdona. Ya no sigo mucho el hockey.

—No pasa nada. —Troy ladeó la cabeza hacia el escenario, ya vacío—. ¿En serio es ese tu novio?

El rostro de Ryan volvió a cambiar, esta vez para mostrar una sonrisa de orgullo.

—Sí, lo sé. A mí también me cuesta creerlo.

Siempre había llevado el pelo largo, y una barba tupida, a veces rebelde, solía cubrirle el rostro.

Ahora llevaba el pelo más corto de lo que Troy se lo había visto jamás y su barba había quedado reducida a una sombra incipiente de color rojo oscuro.

Resultó que Ryan había estado ocultando un rostro muy atractivo y una preciosa sonrisa debajo de todo ese pelo.

—Tienes buen aspecto —dijo Troy, porque a ese tío le debía un cumplido.

Y muchas disculpas—. Oye, mmm, sé que esto igual no significa mucho para ti, pero quería pedirte perdón.

Cuando jugábamos juntos, me comporté como un auténtico gilipollas contigo, y lo siento. Me pone enfermo pensar cómo te trataba.

Era evidente que Ryan no se esperaba nada de aquello, a juzgar por cómo abrió la boca.

—Eh…, vale. No te preocupes.

—Sobre todo con lo del miedo a volar. No me puedo creer lo horrible e inmaduro que fui. Y ahora me hago una idea de cómo te sentías.

—Sí, he oído lo del avión. No sabía que tú ibas en él porque no sabía que jugabas para Ottawa, pero…, mmm…, menuda pesadilla.

—Sí, joder, fue aterrador.

—No quiero ni pensarlo. Ni siquiera he vuelto a subirme a un avión desde que dejé el hockey.

—¿En serio? He oído que viajas con tu novio cuando está de gira.

—Vamos por carretera. O vuela él solo. Yo no voy a todos los viajes. —Entrecerró los ojos—. Espera. ¿Quién te ha contado todo eso?

—Eh… —Vale, ese era el otro asunto que Troy quería tratar—. Mi amigo Harris. Es muy fan de Fabian y lleva las redes sociales de los Centaurs. Es… gay.

Ryan levantó las cejas.

—¿Ahora tienes un amigo gay?

—Sí, bueno… También quería disculparme por eso.

Dije un montón de mierda homófoba cuando jugaba para Toronto y no debería haberlo hecho.

No quiero poner excusas, pero en cierto modo…

me escondía detrás de eso, no sé si me explico.

Ya sé que no lo hace menos horrible, pero es lo que me llevó a actuar así.

Casi pudo ver cómo Ryan juntaba las piezas del puzle en su cabeza.

—Espera. ¿¡Eres gay!?

Troy tragó saliva.

—Sí.

Ryan lanzó una exhalación.

—Esa no la vi venir.

—Me imagino.

Por la expresión de Ryan, Troy no sabría decir si en realidad le importaba algo de todo aquello.

—¿Tu amigo sabe que eres gay? —preguntó Ryan.

—¿Quién? ¿Harris?

—No. Dallas.

A Troy se le encogió el estómago como siempre que oía el nombre de Dallas.

—Vaya. Sí que has estado desconectado del hockey. Ya no somos amigos.

—Ah, muy bien.

—Lo sé.

Ambos compartieron un extraño silencio hasta que Ryan dijo:

—Debería ir a encontrarme con Fabian en el backstage , pero…, mmm…

—Sí, claro. Vete. —Tras dudar un segundo, Troy añadió—: Me alegro de que seas feliz, Ryan.

Ryan asintió.

—Suerte con lo de, ya sabes, aclarar tu situación.

Se marchó a toda prisa sin mirar atrás, aunque a Troy no le extrañó. Estaba contento de haber tenido la oportunidad de disculparse, pero no esperaba que Ryan se quedara hablando con él más de lo necesario.

Sin embargo, ahí había alguien que sí quería hablar con Troy. Que siempre tenía tiempo para él y parecía preocuparse de verdad por lo que le ocurría. Y Troy no iba a hacerlo esperar.

Harris había encontrado amigos con los que hablar mientras Troy estaba ocupado con Ryan, así que no se había aburrido. Pero un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando vio a Troy caminando hacia él.

—Me has encontrado —dijo Harris.

—Te dije que lo haría.

Entonces le puso una mano a Harris en la mejilla, le ladeó la cabeza y lo besó. Con lengua. Con un montón de gente alrededor.

Y, de repente, ya no había nadie alrededor. Para Harris, al menos. Lo único que existía en ese momento era la firme y cálida presión de los labios de Troy sobre los suyos, y el lento y suave enredo de sus lenguas.

Troy comenzó a apartarse, pero Harris le mordisqueó el labio inferior, atrayéndolo de nuevo hacia él en busca de otro beso largo y soberbio.

—Guau —soltó Harris medio aturdido cuando por fin se separaron para coger aire. Cuando había invitado a Troy a salir esa noche, no había esperado nada de aquello. No lo había esperado, pero lo había deseado—. ¿A qué ha venido eso?

—No sé. Llevo toda la noche queriendo hacerlo y… —La sonrisa de Troy era más amplia y luminosa de lo que Harris la había visto jamás, y sus ojos brillaban con una energía rebosante de emoción—. No suelo hacer lo que me apetece muy a menudo. Me gusta besarte.

—Ah —dijo Harris—. Guay.

Troy seguía acariciando el rostro de Harris.

—¿Quieres que vayamos a mi casa?

—Vale —respondió Harris, aún atolondrado por el beso.

Entonces Troy volvió a besarlo. Fue rápido pero dulce, porque seguía sonriendo.

—Perdona —dijo Troy—. Es el último, te lo prometo.

—Espero que no. —Harris le cogió la mano—. Vamos a por las cazadoras.