Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 20
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Capítulo 20

Shane Hollander empujó con fuerza a Ilya contra el cristal, y Troy casi se echa a reír al ver la sonrisilla de Ilya. Este le devolvió el empujón a Hollander, lo que hizo intervenir al compañero de línea de Hollander, Hayden Pike.

Lo que a su vez hizo intervenir a Troy. Llegó justo a tiempo para oír cómo Ilya le tomaba el pelo a Pike.

—¿Aún juegas al hockey? —preguntó Ilya.

—No empieces, Rozanov.

—¿Qué haces aquí? —Ilya le dio un empujón a Pike en el pecho, apartándolo a la fuerza—. Estoy hablando con mi amigo Hollander.

—Déjalo en paz, Rozanov —gruñó Shane—. Y lárgate, joder.

Troy sujetaba a Pike por el brazo, pero este no hacía ningún movimiento para arremeter contra Ilya. Troy lo oyó murmurar:

—Estoy harto de esta mierda tan rara…

Troy no estaba seguro de qué había querido decir con aquello.

Ilya se alejó de Hollander y dijo:

—Ya nos pondremos al día este fin de semana, en el All-Star. —Se volvió hacia Pike—. El partido All-Star es un encuentro especial en el que participan los mejores jugadores de la liga.

Troy soltó una risita, y Pike le lanzó una mirada a Hollander que parecía más bien una súplica.

—¿Le puedo meter, por favor?

—Aquí nadie le va a meter a nadie —bramó el árbitro.

—De momento —dijo Ilya con cierta delicadeza en dirección a Hollander.

Hollander entrecerró los ojos, pero no le contestó. Simplemente se fue patinando, llevándose a Pike con él. Ilya lo observó mientras se marchaba.

—Pensaba que erais amigos —dijo Troy.

—Fuera de la pista, sí.

Troy se dio cuenta de que no era muy distinto de cómo Ilya trataba a Scott Hunter cuando jugaban el uno contra el otro.

Puede que los vaciles de Ilya sobre la pista para él fueran una señal de respeto.

A Troy lo había ignorado casi por completo cuando se habían enfrentado con sus respectivos equipos.

Al final, Ottawa ganó a Montreal por 5-3, añadiendo otra victoria a su racha, que ya era un récord para el equipo: nueve partidos seguidos. Qué sensación tan increíble. De nuevo, el vestuario era una fiesta, esa vez con la emoción añadida de tener toda una semana libre por delante.

—Ilya está de buen humor —observó Troy.

Se había puesto medio a bailar al ritmo de la música hip-hop que sonaba a todo trapo en el vestuario, dando palmadas con las manos sin ton ni son y felicitando a todo el mundo con jovialidad.

—Uy, sí —asintió Wyatt—. Siempre está de buen humor cuando ganamos a Montreal. Creo que ser amigo de Shane Hollander no le impide disfrutar destrozándolo en la pista.

—Eso parece.

Al día siguiente, Ilya y Wyatt se dirigirían al fin de semana del All-Star, en Anaheim.

Ese año a Troy no lo habían invitado al partido, obviamente.

A juzgar por lo que el comisionado pensaba de él, lo más probable era que nunca volvieran a invitarlo.

Pero en realidad no le importaba. Harris le había pedido algo muy parecido a una cita y esa invitación le resultaba mucho más emocionante.

La verdad era que Troy ni siquiera quería ver el partido All-Star, así que mucho menos participar en él. Allí estarían Dallas Kent y el comisionado. Y seguramente un montón de jugadores que pensaban que Troy era un traidor.

—¿Tienes ganas de jugar el All-Star? —le preguntó a Wyatt.

—Sí. Sé que muchos lo odian, pero yo nunca pensé que me invitarían, ¿sabes? Ya voy por mi segundo año consecutivo. Además, el resto de la semana me voy a Vancouver para ver a mi sobrino. Me muero de ganas. Lisa se reunirá allí conmigo.

—Guay. ¿Crees que a Ilya le hace ilusión?

—Parece que le gustan los All-Star —dijo Wyatt—. Creo que disfruta molestando a todas las grandes estrellas a la vez.

Troy esbozó una sonrisa.

Más tarde, cuando iba hacia su coche, Ilya lo alcanzó.

—¿Algún plan chulo para la semana libre? —preguntó Ilya.

—La verdad es que no.

—¿Solo pasar el rato en Ottawa?

—Sí.

Ilya sonrió con suficiencia.

—Interesante.

Troy entornó los ojos.

—No, no es interesante. Más bien todo lo contrario.

—Podrías hacerlo interesante. Con Harris.

—¡Cállate! —Troy echó un vistazo frenético a su alrededor, pero parecía que no había nadie más en el garaje—. Mañana por la noche voy a salir con él.

—Hostia puta, Barrett. Eso es muy guay.

Troy se rascó la nuca con gesto nervioso.

—Es una cita, supongo. A ver, eso creo. Eso espero.

Ilya le chocó el hombro.

—Es buen tío. Trátalo bien.

—Lo sé. Lo haré.

—Sí —confirmó Ilya con severidad. Después suavizó la expresión con una sonrisa juguetona—. ¿A dónde lo vas a llevar?

—Él me va a llevar a mí a un concierto. De Fabian Salah.

—¡Fabian! No sabía que estaba en la ciudad.

—¿Lo conoces?

Ilya se quedó mirando a Troy como si este fuera idiota.

—Sí. Es el novio de Ryan Price. El mismo Ryan Price que hace de entrenador en mis campamentos.

—Claro. Me había olvidado.

—Vi tocar a Fabian una vez —dijo Ilya—. En Montreal. Es muy bueno. Muy… guapo.

—¿Ah, sí?

Ilya sonrió.

—Fabian y Ryan son como la Bella y la Bestia. Ya verás.

Troy asintió con la esperanza de que su rostro no reflejara lo angustiado que estaba ante la posibilidad de volver a ver a Ryan Price.

—Hablando de bestias, voy a hacer que Dallas Kent pase un finde muy incómodo.

Troy resopló.

—No me puedo creer que este año sea un puto All-Star.

—Ya. Siento que a ti no te hayan invitado.

—Me da igual. No quiero ver a Dallas, y el comisionado está cabreado conmigo, así que… —Troy se interrumpió. No tenía pensado contarle a Ilya, ni a nadie, aparte de a Harris, la llamada del comisionado Crowell.

—¿Crowell? ¿Qué quieres decir con que está cabreado? —preguntó Ilya.

—Nada. Olvídalo.

Ilya se puso serio.

—No. ¿Qué ha dicho?

Troy soltó un suspiro.

—Me llamó para advertirme que, ya sabes, deje de insinuar que Dallas Kent es culpable. No le gusta lo que he estado subiendo a Instagram.

—¿En serio?

—Me llamó al móvil. Hablamos como quince minutos. Yo estaba cagado de miedo.

—Esto no me gusta —dijo Ilya con gravedad—. Es malo.

—Lo sé. Por eso he dejado de publicar.

—No. Lo que es malo es que Crowell te dijera esas cosas. A lo mejor hablo con él en Anaheim.

El pánico se apoderó de Troy.

—No, por favor. En serio. No lo hagas. Solo empeorará las cosas, y entonces te verás arrastrado a esto.

Ilya apretó la mandíbula y se quedó callado unos segundos antes de contestar:

—No dejes de subir posts. A menos que sea elección tuya, y no de Crowell.

Y así, sin más, Troy se sintió como un cobarde. Ya había vuelto a doblegarse ante la voluntad de hombres agresivos y autoritarios de moral dudosa.

—Necesito un poco de tiempo para pensar.

—Vas a tener toda una semana. Úsala.

—Lo haré.

Ilya sacó el móvil, le echó un vistazo y sonrió.

—Me tengo que ir.

—Claro. Pásalo bien en Anaheim. Y disfruta de la semana de descanso.

—Lo haré. —Ilya comenzó a caminar hacia su todoterreno Mercedes y luego dijo por encima de su hombro—: A Harris le iría bien desconectar un poco del trabajo. A lo mejor tú lo puedes distraer.

Troy lanzó una carcajada extraña y vacilante que reveló más de lo que él hubiera querido.

—Ya, claro…

La risotada de Ilya fue mucho más digna y controlada. Le guiñó un ojo mientras se subía al todoterreno y se marchó, dejando a Troy solo en el garaje con mucho en lo que pensar.

Troy creía que estaba haciendo bastante buen trabajo manteniendo la cabeza fría, dadas las circunstancias.

Visto desde fuera, al menos.

Estaba en una especie de cita. Con un chico. En la ciudad donde jugaba al hockey. Con alguien que trabajaba para ese mismo equipo de hockey. En la actuación de un músico abiertamente queer que salía con uno de sus antiguos compañeros.

Ay, dios.

El brazo de Harris rozó el suyo.

—¿Estás bien?

Troy se había dado cuenta de que Harris había procurado no tocarlo desde que habían entrado al abarrotado club.

Troy se apretó de nuevo contra él, no demasiado, para hacerle saber sin palabras que quería ser valiente.

Que de verdad quería que aquello fuera una cita.

Que esa noche quería coger la mano de Harris, o quizá incluso besarlo, ahí, en el club. Solo tenía que encontrar el valor.

—Estoy bien —dijo Troy—. Hacía mucho que no venía a un concierto así. En un club y, ya sabes, de pie.

—Para mí, es la mejor manera de escuchar música en directo. Me encanta formar parte de una multitud.

A Troy no solía importarle, pero sentía que todos lo miraban.

Además, no le parecía que ese fuera su público habitual.

No veía a los típicos deportistas. Todos parecían muy arty , con el pelo teñido de colores chillones y ropa que podría ser irónica.

Fea, eso seguro, pero probablemente a propósito.

Otros iban más arreglados, pero de un modo que habría hecho que los antiguos compañeros de equipo de Troy se burlaran.

Ellos habrían descrito a esa gente con insultos.

Y, no hacía tanto, era posible que Troy hubiera hecho lo mismo.

Algún día, esperaba estar entre gente abiertamente queer y sentir que encajaba. Porque, sí, él era el típico deportista, pero también era gay, y necesitaba encontrar la manera de ser ambas cosas.

—¿Pedimos algo de beber? —preguntó Troy.

Ya hacía mucho calor en la sala.

—Me has leído la mente. Vamos.

Se apretujaron entre la multitud y Harris se detuvo a sonreír y saludar a varias personas. Troy se preguntó, y no por primera vez, por qué lo habría invitado a él y no a uno de sus muchos amigos, que no pegarían tanto el cantazo. A menos que aquello fuera una cita, que podría ser.

El camarero, un joven muy atractivo con el pelo oscuro y la piel morena, cogió la mano de Harris y tiró de él para darle un abrazo sobre la barra.

—¿Qué te cuentas, Harris?

—Poca cosa. Con ganas de ver el concierto.

—Va a ser increíble —señaló el chico. Entonces centró su atención en Troy. Lo evaluó con tanto descaro que consiguió ponerlo nervioso—. ¿Quién es tu amigo?

—Este es Troy. Se ha mudado aquí desde Toronto. Troy, este es Manu, un amigo de la uni.

Troy casi se ríe con la anodina descripción que Harris había hecho de él, pero también agradeció que no mencionara su apellido ni que jugaba para los Centaurs. Le estrechó la mano y le dijo: