Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

Ni de coña iba a contarle a Gen lo de Troy.

Por un lado, para eso tendría que sacar a Troy del armario.

Por otro, hablar de ese tema le resultaba demasiado embarazoso.

¿Qué esperaba? ¿Que Troy Barrett fuera su novio?

Los chicos con el aspecto de Troy no salían con chicos con el aspecto de Harris.

El último novio de Troy había sido una atractiva estrella de televisión con los abdominales como una tableta de chocolate.

Seguro que Troy solo veía a Harris como un apaño temporal.

Alguien con quien le había resultado cómodo salir del armario, lo que estaba muy bien, pero también alguien que no suponía mucho riesgo.

Había sabido que Harris era gay desde el minuto uno, y lo más probable era que también diera por sentado que el chico de las manzanas no iba a rechazarlo.

—Voy a dar un paseo —dijo Harris—. Necesito descansar un rato del ordenador.

Necesitaba descansar de esos oscuros pensamientos.

Sabía que no eran verdad. Troy le había clavado esa penetrante mirada de color cobalto suficientes veces como para que Harris entendiera que ese chico veía en él algo que le gustaba.

De hecho, cuando habían decidido ponerle fin a la parte física de la relación, Troy había llegado a decirle que le gustaba.

Solo necesitaba algo de espacio y él iba a dárselo sin ponerse de morros.

Además, ser amigo de Troy era… agradable.

Se llevaban bien, y últimamente Troy parecía más feliz; se reía y sonreía con más facilidad, y se dedicaba en cuerpo y alma a ayudar a las víctimas de agresiones sexuales como podía.

En definitiva, seguía siendo maravilloso y atractivo, al tiempo que mantenía su compromiso con una amistad sin derecho a roce. Vamos, que iba a acabar con Harris.

—Saluda a Troy de mi parte —dijo Gen.

—No voy a ver a Troy.

—No, claro.

Lo más probable era que Troy ni siquiera estuviera en el edificio. Quizá sí. Harris supuso que a esa hora solía entrenar en el gimnasio del equipo.

Ojalá pudiera dejar de pensar en la última noche que habían pasado juntos. Dios, cómo se lo había follado Troy. Le había dado justo lo que necesitaba y había sido increíble.

Y luego lo había abrazado toda la noche y había hablado con él mientras se relajaban en la cama a la mañana siguiente. Le había lavado el pelo a Harris, le había hecho una mamada en la ducha y se había burlado de su olla de cocción lenta.

A Harris le gustaba tanto…

Por supuesto, pasó por delante de la entrada del gimnasio y echó un vistazo al interior con disimulo. No iba a entrar, pero quería ver a Troy un momento. Solo un segundo.

Pero no estaba allí.

Casi que mejor. Harris siguió caminando y, al doblar una esquina, sacó el móvil para consultar Twitter.

Y se dio de bruces con Troy.

—¡Mierda! Lo siento —dijo Harris—. No miraba por dónde iba.

Troy se había llevado la mano al corazón y exhalaba con fuerza.

—Joder. No me lo esperaba.

Harris levantó el teléfono con gesto avergonzado.

—Ya me conoces. Soy adicto al móvil.

Troy se limitó a mirarlo, y entonces Harris se dio cuenta de lo alterado que parecía.

—¿Qué pasa? —preguntó Harris.

Troy llevó los ojos de un lado a otro. Después señaló con la cabeza detrás de él.

—Ven.

Caminaron hasta el final de pasillo para, según intuía Harris, alejarse del gimnasio, donde se encontraban los otros jugadores del equipo. Entonces Troy se volvió hacia él y dijo, apenas en un susurro:

—Me ha llamado el comisionado.

—¿El comisionado? —Harris no lo entendía—. ¿Crowell?

—Sí. O sea, tal cual. El mismísimo Roger Crowell. Por teléfono.

—¿Cuándo? ¿Por qué?

—Hace unos minutos. Está preocupado.

—¿Por qué?

Harris tenía la alarmante sospecha de que ya lo sabía. A su modo de ver, el comisionado de la NHL no era ningún ser de luz.

—Por mi cuenta de Instagram. Por…, ya sabes, por todo. Empezando por lo que le dije a Dallas. —Troy se pasó una mano por el pelo—. ¡Joder! No quiero… Intentaba hacer lo correcto. Y solo estoy consiguiendo cabrear a la gente.

Harris le puso una mano en el brazo a Troy.

—Troy, estás haciendo lo correcto. Cuéntame qué te ha dicho exactamente.

—Me ha hecho algunas preguntas sobre Dallas para asegurarse de que yo no hubiera visto nada.

Cuando se lo he confirmado, me ha dicho que no debería avivar las llamas de…

Mierda. No recuerdo qué palabras ha usado, pero lo que quiere es que deje de hablar de las víctimas de agresión sexual.

Ha dicho que era, bueno, admirable, pero también que no debería hacerlo.

No sé. Estoy la hostia de confundido. ¿Tú has hablado alguna vez con él? Es superintimidante, joder.

Harris nunca había oído balbucear a Troy y no le gustaba.

—No, nunca he hablado con él. Pero me hago una idea de cómo es por las entrevistas, las ruedas de prensa y esas cosas. ¿Te ha amenazado? ¿Te ha dado un ultimátum si no dejas de subir posts como has hecho hasta ahora?

—Ha dicho que esperaba que el asunto quedara zanjado porque no quería tener que llevarlo más lejos, signifique eso lo que signifique.

—Qué cabrón —masculló Harris.

Troy se puso pálido como si acabara de oírlo blasfemar.

—Escúchame —dijo Harris agarrando con fuerza a Troy por los bíceps—.

Estás jugando al hockey de miedo, y eso es lo único que le debes a este equipo o a la liga.

Lo que haces no es dañino ni ilegal. Usas tu fama e influencia para ayudar a personas que no suelen tener voz, y eso no tiene nada de malo. Si Crowell dice otra cosa, que le den.

Troy tragó saliva.

—Ha dicho que Dallas Kent es una de las estrellas más importantes de la liga y que dar crédito a las historias de las mujeres que lo acusan da una mala imagen a toda la liga.

Harris sintió el extraño impulso de darle un puñetazo a algo.

—¿Qué más?

—Se reía del tema, como si fuéramos un par de viejos amigos tomándonos una birra o algo así.

Se reía de esas mujeres porque decía que solo buscaban sus cinco minutos de gloria o no sé qué.

Que no se las puede creer. Joder, Harris.

Tal como hablaba, me hacía dudar de mí mismo. Me hacía dudar de todo.

Harris sacudió la cabeza.

—Se equivoca. Sabes que se equivoca.

—¿Seguro? Yo no vi nada. Quizá solo quería creerlas porque Dallas me estaba sacando de quicio.

Harris mantuvo la voz firme.

—¿De verdad piensas eso?

Troy respiró hondo un par de veces.

—No. Creo que Dallas lo hizo. Sé que lo hizo. Todo.

—Vale.

—Tampoco es que sea el único. Seguro que esta liga lleva más de cien años protegiendo a putos depredadores sexuales como él.

—Es probable —coincidió Harris.

—Sé que no puedo arreglarlo todo, pero quiero ayudar. Un poco. Si puede ser.

Troy se desplomó contra la pared, con un aspecto tan abatido que a Harris le entraron ganas de abrazarlo. Así que lo hizo. Troy le devolvió el abrazo de inmediato, atrayendo a Harris hacia él.

—No dejo de tirarte toda mi mierda encima —dijo Troy contra su hombro mientras rodeaba la espalda de Harris con los brazos—. Lo siento.

—No lo sientas. Quiero ayudar. Somos amigos, ¿vale?

Troy cogió aire despacio y le hizo cosquillas a Harris en el cuello. Luego volvió a hacerlo, como si estuviera inhalando el aroma de Harris.

—¿Manzanas? —bromeó Harris con ternura.

—Mmm.

Troy se quedó allí un minuto, después se apartó. Los labios de ambos estaban a escasos centímetros. No estaría bien besar a Troy ahí, sobre todo ahora que estaba tan vulnerable.

—Tengo que volver —dijo Troy dando un paso atrás.

—Sí. Vale. —Harris recuperó la compostura—. Pero deberíamos seguir hablando de esto cuando tengas tiempo.

—De acuerdo. Si te parece bien.

—Me parece bien.

—Puede que me mantenga alejado de Instagram un tiempo.

—Tiene sentido.

Troy asintió y dio otro paso en dirección al gimnasio.

—¿Qué haces el viernes por la noche? —soltó Harris de repente.

Troy se dio la vuelta.

—No sé. Nada. ¿Por qué?

—Fabian Salah toca en la ciudad esa noche.

Troy frunció el ceño.

—¿Quién?

—El músico. Una vez lo escuchamos en mi camioneta. Sale con Ryan Price.

—Ah, sí.

—Tengo dos entradas. Compré dos porque sabía que se agotarían y quería asegurarme de poder llevar a alguien, y se me acaba de ocurrir que a lo mejor te apetece ir. —Era mentira. Harris había comprado la segunda entrada pensando en Troy—. En fin, que deberías venir. Si quieres. Conmigo.

—¿Es este viernes?

—Sí. La primera noche de tu semana libre.

Troy pareció pensárselo.

—Claro. Vale.

A Harris se le iluminó la cara.

—¿Sí?

—Sí. Será…, mmm…, guay. Salir contigo, lejos de aquí. La verdad es que… ya tenía ganas.

La sonrisa tímida de Troy era arrebatadora.

—Yo también —dijo Harris.

Troy se lo quedó mirando con gesto serio.

—De verdad, no sé qué habría hecho esta temporada sin ti.

Ay.

Harris esbozó una sonrisa temblorosa.

—Me alegro de haberte ayudado.

—Ya lo sé. Es una de las cosas por las que me gustas. —Abrió los ojos como platos—. Quiero decir…, gracias.

Se fue al trote antes de que Harris pudiera contestar.

—Buah, tío —le murmuró Harris a su maltrecho corazón—. Creo que este chico puede acabar con nosotros.