Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

—¿Así está bien? —preguntó cuando ya estaba toda dentro.

Le costaba respirar, como si acabara de terminar un largo turno en la pista mientras intentaba mantener el control.

—Me estás matando, colega —dijo Harris—. He dicho que me gustaba duro, no que me gustara la tortura.

Troy contuvo una sonrisa, luego agarró con fuerza las caderas de Harris y le dio lo que quería.

Troy lo penetró con fuerza, tan fuerte como pudo, mientras Harris emitía sonidos altos y alentadores.

A Troy le gustaba hacer ejercicio y entrenar, pero, aunque lo odiara, todas las horas diarias de esfuerzo físico que dedicaba a su cuerpo valdrían la pena por ese momento.

Le encantaba ser fuerte y tener la resistencia necesaria para follar así a Harris.

—Aaay —jadeó Harris—. Joder, Troy. No pares.

No lo iba hacer. No hasta que Harris hubiera tenido suficiente.

Le deslizó las manos por la espalda y los brazos de Harris cedieron, así que cayó sobre el colchón.

Troy lo siguió, inclinando el cuerpo sobre el de Harris y lo sujetó con una mano firme entre los omóplatos mientras lo embestía con fuerza.

—Sí —soltó Harris—. Me encanta. Hostia puta.

Troy siguió así, perdiéndose en el éxtasis de metérsela a alguien. De metérsela a Harris. Quería hacerlo para siempre, pero se estaba acercando al orgasmo y no quería correrse primero.

—Oye —dijo entre dientes—. Quiero que…

Levantó la palma de la mano y miró con asombro la marca roja e hinchada que había dejado en la piel de Harris; luego le rodeó con un brazo el pecho y lo levantó bruscamente. Tiró de Harris hacia atrás para que se quedara sentado en su regazo, de espaldas a él.

—Tócate —le gruñó al oído—. Necesito ver cómo te corres.

Troy le embestía mientras Harris se la meneaba rápido. Cada vez le costaba más mantener el ritmo que Harris quería, porque Troy estaba a punto de correrse dentro de él. Necesitaba que Harris se corriera. Ya.

—Vamooos —jadeó—. Que me corro, hostia, Harris. Joder.

—Y yo. Tú sigue.

Troy no sabía muy bien qué le había pasado, pero de golpe estaba mordiendo la carne entre el cuello y el hombro de Harris como un puto perro. Fue un impulso extraño, pero a Harris pareció gustarle, porque gritó y se corrió sobre su peludo vientre.

—Hostia puta, Harris. Me corro. Me…

Troy se quedó mudo.

Su orgasmo lo atravesó como una llama cegadora y maravillosa mientras el culo de Harris lo apretaba con fuerza.

Cuando pudo volver a pensar, Troy se dio cuenta de que estaba salpicando el hombro de Harris con besos suaves, como si se disculpara por haberse vuelto un salvaje con él. Harris respiraba con dificultad, su pecho se agitaba contra el brazo de Troy.

—Ha sido perfecto —jadeó Harris—. Ha sido… Dios mío. Nunca me había…

Troy siguió besándolo. No podía parar. Lo hacía en todos los sitios donde pudiera llegar: hombros, cuello, espalda, pelo…

—Gracias —suspiró Harris—. Lo necesitaba.

—Y yo.

Soltó a Harris con cuidado y se apartó. Harris se desplomó sobre la cama, tumbado de espaldas, y sonrió un poco a Troy.

—Dios —jadeó Troy—. Pareces destrozado.

—No queda nada de mí. —Harris extendió los brazos sobre el colchón—. Tendrán que contratar a un nuevo gestor de redes sociales.

—Va a ser incómodo explicar el porqué.

—Mmm.

Cerró los ojos, lo que significaba que no podía ver cómo Troy le sonreía con impotencia. Harris tenía el pelo revuelto, la piel enrojecida y brillante por el sudor y la cara relajada y satisfecha, como si Troy le hubiera dado justo lo que necesitaba.

—No te duermas todavía. ¿Dónde está el baño?

Harris señaló con la mano hacia la puerta sin abrir los ojos.

—Por ahí.

Troy resopló y se quitó el condón.

—Enseguida vuelvo.

—Mmmfff…

Cuando Troy volvió del baño, limpió a Harris con una toalla que había encontrado.

—¿Estás bien?

—Estoy estupendo —dijo Harris—. Quizá mañana no monte a caballo, pero…

—En serio, ¿no te he hecho daño?

Harris se incorporó.

—De verdad que no. Me ha encantado.

—Vale.

La polla de Harris era aún más mona cuando estaba flácida.

—¿Quieres que me vaya?

Troy esperaba de verdad que no, porque se estaba quedando frito.

—¡No! Obvio que no. Quédate.

—Genial. Gracias.

Troy tiró la toalla al cesto de la ropa sucia que había en la esquina. Harris apartó las mantas en señal de invitación y ambos se metieron debajo. Mientras se ponían cómodos, varias almohadas se cayeron al suelo.

—No me puedo creer que pensaras que te iba a echar —le regañó Harris.

—No quería dar nada por supuesto.

—¿Y qué ha pasado con lo de follar toda la noche, semental? ¿No era eso lo que habías dicho?

—Vete a la mierda —murmuró Troy somnoliento. Le costaba mantener los ojos abiertos.

Harris se rio y luego apagó la lámpara. Un momento después, se acurrucó contra Troy, cálido, suave y muy agradecido.

Troy lo rodeó con un brazo y lo atrajo hacia él para que pudieran acurrucarse juntos.

Troy estaba bastante seguro de que había un cojín o algo así debajo de él, pero no le importaba.

Estaba más cómodo de lo que había estado en toda su vida.

—Buenas noches —dijo Harris.

—Sí… —asintió Troy.