Capítulo 17 #2
Harris suspiró de alivio y placer.
—Qué bien. Porque tengo mucho.
Troy se tiró con él a la cama y luego se volvió para que Harris quedara debajo de él.
El peso de Troy lo aplastaba contra el colchón mientras le besaba el cuello, la clavícula y el pecho, evitando con cuidado tocar las cicatrices.
Harris jadeó cuando Troy le mordió el pezón, con un punto de fuerza, lo cual era perfecto.
—Joder, sí —exhaló Harris—. Justo así.
Troy volvió a morderlo, tirando de la piel sensible con los dientes. Harris gimió y se retorció, y Troy murmuró:
—Dios, mírate…
Sus palabras bailaban sobre la piel de Harris en una cálida ráfaga de aire.
—Te comería vivo…
—Hazlo —suplicó Harris sin pensar.
Quería que Troy lo inmovilizara y se lo follara con fuerza. Quería todo aquello con lo que Troy hubiera fantaseado.
Troy se incorporó, se sentó a horcajadas sobre la cintura de Harris mientras lo miraba desde arriba.
La piel suave de Troy brillaba con el reflejo de la luz tenue de la lámpara.
Las sombras se acumulaban en los surcos de sus músculos y hacían que se marcasen más.
Harris pasó el pulgar por uno de los pezones, oscuro y firme, fascinado.
Oyó una suave risita y se sorprendió al ver que Troy le sonreía.
Era una sonrisa brillante y deslumbrante que se reflejaba en sus ojos.
—Anda. —Harris había perdido toda la capacidad que pudiera haber tenido en algún momento para mantener la calma—. ¿Y qué te hacer sonreír así?
—Estoy feliz.
Era una respuesta tan sencilla y obvia, pero hizo que Harris le devolviera la sonrisa con ímpetu.
—¿Ah, sí?
—Voy a follar con un tío que está buenísimo.
El estómago de Harris era un auténtico caos de emoción vertiginosa.
—Entonces ¿quieres que me vaya?
Troy negó con la cabeza.
—Si no sabes lo bueno que estás, quizá tenga que demostrártelo.
—Quizá.
—Empecemos quitándote esos pantalones —dijo Troy con una voz grave y deliciosa—. Quiero verte todo.
Se quedó de pie junto a la cama y observó cómo Harris se quitaba la ropa. Entonces Harris estaba desnudo, tumbado en la cama e intentando no taparse mientras Troy lo observaba.
—Dios, eres aún mejor de lo que imaginaba, Harris —dijo Troy con la voz ronca—. Me encanta tu polla. Menéatela para mí. Déjame verte.
Harris hizo lo que pidió, más que contento de poder hacerle un poco de caso a su polla. Gimió de alivio mientras se la meneaba poco a poco unas cuantas veces.
Troy se desabrochó los vaqueros y deslizó una mano hacia abajo para acariciar su erección a través de los calzoncillos.
—Qué buenísimo estás, Harris.
Harris aún no podía creerse que alguien con el aspecto de Troy lo encontrara atractivo. Y menos aún que lo viera sexy. Pero ahora no era momento de protestar porque Troy se estaba bajando los vaqueros y los calzoncillos por las caderas y… hostia puta.
La polla de Troy era tan impresionante como el resto de él: larga, dura y sin circuncidar, y le sobresalía de un mechón de vello oscuro bien recortado como si fuera una ofrenda.
Harris esperó, sin dejar de meneársela, a ver qué iba a hacer Troy a continuación.
Troy exhaló despacio mientras recorría con la mirada el cuerpo de Harris. Estaba hipnotizado por cada centímetro de él, desde su amplio pecho cubierto de pelo hasta su suave vientre, con ese rastro de vello que conducía a su polla regordeta y también sin circuncidar.
Y esa cicatriz… Esa de las que Harris no quería hablar, pero que Troy no podía dejar de mirar.
Apartó los ojos a la fuerza, de vuelta a donde la mano de Harris seguía trabajando obediente con su polla.
Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que Troy había hecho eso (que lo había hecho de verdad, sin ropa y con suficiente luz para ver a su precioso compañero). No sabía por dónde empezar.
—Ven aquí —le dijo Harris.
Troy se acercó, se tumbó sobre el cuerpo firme de Harris y le abordó la boca. Sus pollas se rozaban mientras se besaban con pasión. Se sentía la hostia de bien estar pegado al cuerpo desnudo de un hombre. Si por Troy fuera, nunca estaría en otro sitio.
Pero, sobre todo, era increíble estar ¡pegado a Harris! Estar en su cama, haciéndole jadear de placer. Besándolo.
—Quiero que me la metas —jadeó Harris contra los labios de Troy.
Ay, joder. Troy había imaginado que ese era el objetivo final, pero oír a Harris decir esas palabras era casi increíble.
—¿Sí?
—Sí. Duro.
—Joooder… —Troy frotó la mejilla contra la barba de Harris mientras trataba recuperar la compostura—. ¿Te importa si te la chupo un poco más primero?
—No…
Troy se deslizó por su cuerpo. Agarró ambos muslos de Harris con fuerza, los separó y los echó hacia atrás, abriendo bien las piernas de Harris y parando, confiaba, antes de que el estiramiento pudiera resultarle incómodo.
Harris gimió y volvió la cabeza sobre una de las miles de almohadas apiladas en la cama.
—Joder. Troy.
Troy hundió los dedos en sus muslos carnosos, con la presión justa para hacer que Harris se retorciera.
—¿Está bien así? —preguntó.
—Suuuperbién, joder. Hostia puta.
Troy inclinó la cabeza y le lamió la polla a Harris. Dios, cómo había echado de menos el sexo y, sobre todo, cómo había echado de menos hacer una mamada. Hacía demasiado tiempo que Troy no lo hacía, a pesar de tener veinticinco años y estar cachondo la mayor parte del tiempo.
Mierda de relación a distancia. Aunque eso no había detenido a Adrian…
Troy no quería pensar en eso ahora. Quería centrarse en el hombre que tenía debajo y disfrutar del aroma almizclado de su entrepierna, de las gotas saladas de su líquido preseminal y de la forma sexy en que gemía, de forma escandalosa, como en todo.
Se la metió hasta el fondo, porque eso era algo en lo que Troy sobresalía. El hockey y las gargantas profundas eran sus dos habilidades principales.
—Uuuf. Dios. Troy, estás… uuuf.
Troy respondió con un murmullo y quitó una de las manos de los muslos de Harris para poder apretarle y acariciarle las pelotas. Le encantaba ver cómo se retorcía en la cama, ya fuera de sí. Se merecía sentirse así de bien. Troy quería darle todo lo que se merecía.
Con ese objetivo en mente, Troy deslizó los dedos hasta el ano de Harris y empezó a acariciarlo y a trazar círculos con suavidad. Deslizó los labios hasta la punta de la polla de Harris y se la chupó para provocar que saliera más líquido preseminal.
—Mierda —dijo Harris con voz ronca—. Para…
Troy la soltó y paró con los dedos.
—¿Necesitas un descanso?
—Si no quieres que me corra ya, sí.
—Quizá sí quiero. Quizá a mí me queden algunas rondas más.
—Has jugado un partido esta noche. Es imposible que te queden.
—¿Me estás retando?
Harris se limitó a reír, algo que Troy se merecía. Sabía que lo más seguro era que se quedara dormido en cuanto se corriera. Harris tendría suerte si Troy no se quedaba frito encima de él.
—Toma… —Harris metió la mano en la mesita de noche y sacó un bote de lubricante—. Creo que ya puedes volver a tocarme sin peligro.
Troy se tomó su tiempo para entrar en Harris.
Era algo que disfrutaba y, además, hacía tiempo que no tenía la oportunidad de hacer.
Adrian y él no tenían roles fijos en la cama; ambos habían estado descubriendo lo que les gustaba hacer con el otro.
Troy prefería hacer de activo, y esperaba tener la experiencia suficiente para que eso le resultara placentero a Harris.
Era intimidante estar con alguien nuevo cuando antes solo había estado con Adrian.
¿Y si lo habían estado haciendo todo mal?
—Dios, qué bien, Troy… Es una puta fantasía —gimió Harris mientras Troy le metía tres dedos poco a poco. Así que quizá Troy sí lo estaba haciendo bien.
La polla de Harris era tan mona… Troy no sabía muy bien cómo expresarlo sin que sonara raro, así que se lo guardó para sí mismo.
La polla de Troy era bonita, era larga y delgada y, según él, tenía una buena forma.
La de Harris era regordeta y un poco más corta que la suya, y tenía una peca en la punta con la que Troy se había obsesionado.
—Colega —dijo Harris entre dientes—, voy a necesitar que me folles ya.
Troy acarició con el dedo índice la próstata de Harris, haciendo que este se estremeciera y gimiera.
—¿Tienes condones?
—En el cajón. Junto al lubricante. Joder. Date prisa.
Troy esbozó una sonrisa al retirar los dedos. Apenas se había tocado la polla, y quizá mejor así. Ya sentía que podría correrse en cuanto se la metiera a Harris, y eso sería una tragedia.
Se puso el condón mientras Harris lo observaba con la mirada perdida.
—¿Lo quieres fuerte? —preguntó Troy para asegurarse.
—Tan duro como puedas. Puedo aguantarlo.
Troy contuvo el aliento.
—Date la vuelta. Voy a reventar la puta cama follándote.
Harris se dio la vuelta tan rápido que casi hizo que Troy se riera, pero estaba intentando intimidarlo.
O al menos parecer machote y sexy. Se arrodilló detrás de Harris, agarrándole las nalgas con ambas manos y hundiéndole los dedos.
Harris arqueó la espalda y levantó el culo en señal de invitación.
De forma impulsiva, Troy bajó la cabeza e hincó los dientes en la nalga izquierda. Disfrutó del grito de sorpresa que soltó Harris.
—Troy. Por favor.
Troy se colocó en posición, respiró lento y profundo para tranquilizarse y luego embistió con cuidado. Puede que Harris quisiera sexo duro, pero Troy se aseguraría de no hacerle daño.