Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 17
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Capítulo 17

—Querías besarme ahí dentro —dijo Harris en cuanto se quedaron solos en la acera nevada.

—¿Tanto se notaba?

Harris no creía que fuera a olvidar jamás la expresión hambrienta con la que Troy le había mirado los labios en el bar. Y tampoco creía que fuera a acostumbrarse nunca a que el maldito Troy Barrett lo deseara.

—Un poco.

—A ver, si te soy sincero, todavía quiero hacerlo.

Harris dejó de caminar y se volvió para mirarlo.

—¿Sí?

Justo pasó un coche y Troy se apartó de él.

—Pero voy a esperar.

Harris intentó no sentirse decepcionado. ¿De verdad esperaba que Troy fuera a besarlo en una calle concurrida, justo a la salida de un bar lleno con sus compañeros de equipo? Eso no sería bueno para ninguno de los dos.

—He aparcado en casa y he venido caminando —dijo Harris.

—Yo igual.

—Entonces ¿vamos… a tu casa? Estamos cerca de las dos.

Troy se mordió el labio.

—Mejor vamos a la tuya, si te parece bien.

—Claro.

La boca de Troy esbozó una de sus raras y adorables sonrisitas.

—Llevaba tiempo queriendo ver dónde vives.

Harris se alegró al oírlo.

—No es un palacio, pero me gusta.

La nieve caía a su alrededor; era suave, pero cuajaba lo suficiente como para que se acumulase en la acera.

Era una noche preciosa y tranquila. En cuanto giraron hacia la calle de Harris, se quedaron solos.

Harris se arriesgó y le cogió la mano. Se emocionó al ver que Troy, sin dudarlo, entrelazaba sus dedos enguantados con los de Harris.

Al minuto, se sorprendió cuando Troy tiró de sus manos entrelazadas y lo atrajo hacia él para darle un beso. Fue rápido, y no superapasionado, pero tan dulce e inesperado que Harris pensó que se le derretirían las piernas.

—Qué mono… —dijo Harris cuando reanudaron la marcha.

—Puedo ser mono.

—¿Así es como te imaginabas besándome en el bar?

—No. Voy a esperar a que estemos a puerta cerrada para eso.

La voz grave de Troy estaba llena de promesas obscenas, así que Harris aceleró el paso.

Por fin llegaron a la puerta de Harris, y este consiguió recordar cómo se usaba una llave a pesar de que Troy no dejara de tocarlo. Sus dedos le acariciaban con suavidad la nuca y luego le besó debajo de la oreja.

—Me muero de ganas… —dijo Troy en voz baja—. He estado pensando mucho en esto.

—¿En serio?

Troy rozó su entrepierna contra el culo de Harris, dejándole sentir lo excitado que estaba.

—Mmm. Abre la puerta.

Harris empujó la puerta para abrirla, tiró de Troy para que entrara y, en cuanto se cerró, se vio acorralado contra ella.

Troy le cogió la boca tal y como ambos querían que ocurriese, con fuerza, de forma posesiva y hambrienta.

Harris gimió y relajó el cuerpo contra la puerta, dejando que Troy lo sostuviera con una rodilla entre sus muslos, una mano en la nuca y otra en la cadera.

—Sabes a manzana —murmuró Troy contra sus labios.

—A sidra —dijo Harris con voz ronca.

Troy se sumergió de nuevo, esta vez besándolo más despacio, como si estuviera saboreando el gusto. Harris estaba en el paraíso. Si pudiera quedarse ahí, explorando el calor resbaladizo y aterciopelado de la boca de Troy con su cuerpo firme apretándolo, sería feliz el resto de su vida.

Pero su erección rozaba con fuerza el enorme muslo de Troy y eso hacía que la situación se volviera insostenible. Tenían que ir al dormitorio…

—Deberíamos… —intentó decir Harris.

—Lo sé.

Troy se arrodilló y casi le arrancó la bragueta.

—Me refería a… —jadeó Harris con desespero.

—Lo sé. Solo déjame…

Le subió la parte inferior de la cazadora a Harris para quitársela de en medio y se abalanzó sobre él.

La polla de Harris quedó envuelta en la cálida y maravillosa boca de Troy y, entonces, dejó de preocuparse por ir a su habitación.

Podían follar ahí mismo, en su diminuta cocina, o en un montón de nieve ahí fuera. Le daba igual.

Troy se la metía hasta el fondo, movía la cabeza y chupaba con fuerza de manera casi agresiva. No había nada suave en cómo lo hacía y a Harris le encantaba. Soltó un gemido fuerte, de éxtasis, y enredó los dedos en la sedosa melena de Troy.

Troy se apartó lo suficiente para preguntar:

—¿Te gusta? —Su voz ya sonaba rota—. ¿No es demasiado?

Harris solo pudo negar con la cabeza; estaba hipnotizado por lo precioso que era el hombre que había arrodillado frente a él. Los ojos de Troy se habían oscurecido por la lujuria y tenía los labios hinchados y brillantes.

Justo esos labios se curvaron en una sonrisa tímida e infantil.

—Lo siento si estoy siendo…

—¿Impaciente?

Troy envolvió con los labios la punta de la polla de Harris y emitió un murmullo de asentimiento.

—Solo para que te quedes tranquilo… —dijo Harris con la voz temblorosa—, conmigo no hace falta que seas delicado.

Troy se apartó y miró fijamente a Harris como si no pudiera creer lo que acababa de decir.

—No te voy a hacer daño.

—Ya lo sé.

Troy contuvo el aliento.

—Jodeeer… Tenemos que ir a tu habitación. Hostia puta.

Se puso de pie, lo que permitió que Harris recuperara un poco la lucidez.

—Vamos a quitarnos primero las cazadoras y todo eso. Me resulta raro llevar una parka con la polla al aire.

Troy lo recorrió con la mirada.

—Aunque te queda bien.

Harris se rio y se metió la erección dentro de los calzoncillos, luego se desabrochó la cazadora. Dejaron la ropa de calle junto a las botas amontonadas frente a la puerta. No se acercaron al dormitorio porque al instante Troy empujó a Harris contra la pared y volvió a besarlo.

—A la habitación… —dijo Harris mientras se reía.

—Ay. Sí. Perdona.

Harris le cogió la mano y lo condujo a través de la cocina hacia el dormitorio, que estaba situado en la parte trasera del apartamento.

—¿Qué tal si te enseño el piso más tarde?

—Sin problema.

Harris cruzó el dormitorio a oscuras y encendió la lámpara de la mesilla de noche.

¡Troy Barrett estaba en su cuarto!

La habitación estaba decorada de forma caótica con montones de fotos de amigos y familiares, entre ellas algunas enmarcadas de los perros y gatos que los Drover habían tenido a lo largo de los años.

También había cosas de los Centaurs, carteles de conciertos, varios grabados que había comprado en Etsy, cosas del Orgullo y un montón de cojines en su cama. Uno tenía forma de manzana.

—Vaya —dijo Troy—. Es… más o menos como me lo esperaba.

—¿En serio?

—Sí. Es muy tú. Muestra cuánto te gusta… todo.

—No me gusta todo…

Troy rodeó a Harris con los brazos por detrás y le besó el cuello mientras Harris se estremecía de felicidad y expectación.

—Pero esto me encanta —suspiró Harris.

Le encantaba de verdad no saber nunca qué esperar de Troy. Era emocionante y a la vez le daba un poco de miedo, pero justo eso también le emocionaba.

Lo más probable era que Troy supiera darle justo lo que quería si Harris se lo pedía.

Si Harris tuviera la capacidad mental para articular palabras ahora que la mano de Troy se había deslizado dentro de sus vaqueros desabrochados y le estaba masajeando la polla a través de los calzoncillos.

Gimió y echó la cabeza hacia atrás para buscar la boca de Troy.

Se besaron de forma salvaje y torpe, hasta que Harris se volvió para que pudieran hacerlo como era debido.

Deslizó una mano bajo la camiseta de Troy, sobre los duros relieves de sus abdominales. Troy se lo tomó como una indirecta y se quitó la camiseta de un tirón. Y uuuf... Ahí estaba de nuevo el ridículo torso de Troy. Justo ahí, para que Harris jugara con él.

—Estás buenísimo, joder —dijo Harris—. Pensaba que me iba a morir en esa playa. Y no por las olas.

—¿Por la medusa esa asesina de kilómetro y medio?

Harris se rio.

—No. Por lo mucho que quería que me tiraras al suelo y te sentaras a horcajadas sobre mí.

Troy acarició la barba de Harris.

—¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres que te tire al suelo y te posea?

Harris se quedó boquiabierto porque obviamente sí quería.

—Dios, sí. Joder, quiero y mucho.

—No quieres que sea delicado contigo. Eso es lo que me has dicho.

—Exacto. Quiero que…

Harris no pudo terminar la frase por algún motivo. Quizá porque la realidad del asunto le estaba dando en la cara justo como él ansiaba. Necesitaba estar con alguien en quien confiara, que estuviera dispuesto y que fuera capaz. Quizá había encontrado a la persona perfecta.

Tragó saliva y enderezó los hombros.

—Quiero que seas bruto conmigo. No soy masoquista, pero no me trates como si fuera frágil, ¿vale?

Troy acarició el pómulo de Harris con el pulgar y sus ojos estaban de color azul fuego, oscuros e intensos.

—No eres frágil, Harris.

Harris se sintió mareado. Escuchar esas palabras, pronunciadas con tanta claridad por un chico que le atraía, era una pasada.

—No, no lo soy.

—He estado fantaseando con comerte vivo —dijo Troy.

No podía ser verdad. Era demasiado bueno para que lo fuera.

—¿En serio?

—Quiero darte todo lo que necesites. ¿Me dejarás?

Harris no respondió. Se limitó a besarlo sin ningún tipo de delicadeza.

Solo había deseo y lujuria, porque eso era todo lo que le quedaba.

Sus manos recorrieron el pecho y el abdomen desnudos y musculosos de Troy, pasando luego a los músculos de la espalda y hombros.

Troy los llevó de vuelta al borde de la cama y luego interrumpió el beso.

—Te toca —dijo mientras desabrochaba el botón superior de la camisa de Harris.

Claro. Mierda.

Vio cómo Troy le desabrochaba la camisa, botón a botón. Se la deslizó por los brazos y Harris la sacudió hasta dejarla caer al suelo. Llevaba una camiseta blanca lisa debajo y se la arrancó de un tirón, como si fuera una tirita.

Y esperó.

—Joder, Harris. —Troy deslizó las yemas de los dedos por la larga cicatriz vertical del pecho de Harris—. ¿Qué…?

—Ahora no, ¿vale?

—Pero…

—Me lo has prometido.

En realidad, Troy no lo había prometido, pero Harris no quería que sus cicatrices hicieran cambiar de opinión a Troy sobre lo frágil que era.

Troy parecía querer insistir, pero en lugar de eso deslizó los dedos por el vello de su pecho, alejándose de la carne marcada que Harris tanto odiaba.

—Me encanta todo este pelo —murmuró Troy—. Es tan puto sexy…