Capítulo 16 #4
—¡Troy! —exclamó Harris alegre en cuanto lo vio—. Menudo gol tan increíble has marcado. Hostia puta.
—Gracias.
La mirada de Troy se fijó en el buenorro con el que Harris casi iba de la mano. «¿Cuántos goles increíbles has marcado tú esta noche, colega?».
—Este es Alain —dijo Harris—. Alain, este es Troy Barrett.
Alain le tendió la mano y Troy, tras fruncir el ceño durante un segundo, se la estrechó. La mano de Alain era cálida y fuerte, y sus ojos oscuros eran tan bonitos que costaba mirarlos directamente.
—Hola, Alain —murmuró Troy.
—Es un honor conocerte —dijo Alain con un marcado acento quebequés—. Gen me ha hablado de tu Instagram.
—¿Eh?
—Alain es el novio de Gen —añadió Harris.
A Troy le dio vergüenza lo aliviado que se sintió al oírlo.
—Qué bien. Gen parece una chica estupenda.
En ese momento, Gen se acercó por detrás de Alain.
—Gen no está mal. Anda, hola, Troy. Bonito gol el de esta noche.
—Gracias.
—El gif que publiqué ya tiene un montón de «me gusta» —dijo Harris.
—¿Ah, sí?
—Sip. Y lo mismo ocurre con tus posts de Instagram ahora que las cuentas del equipo los han compartido.
Troy sintió una confusa mezcla de vergüenza y satisfacción.
—Lo has visto, ¿eh?
—No gracias a ti. —Harris le dio un puñetazo en el brazo en tono de broma—. ¡No me dijiste que te habías creado una cuenta! Ni que ibas a usarla para hacerte el puto héroe.
—Como si pudiera hacerlo… —A Troy se le pusieron rojas las mejillas—. Tuve que, eeeh, ver algunos tutoriales para averiguar cómo hacer ciertas cosas, pero creo que le estoy cogiendo el truco.
—Me encantan tus posts, Troy —dijo Gen—. Así es como se es un aliado. Sigue así.
Aliado. Troy supuso que eso era lo que era, o lo que intentaba ser. Un héroe desde luego que no.
—Gracias. Lo haré.
Gen se volvió hacia Alain y le dijo algo en francés rápido. Luego añadió, dirigiéndose a Harris y a Troy:
—Nos vamos.
Harris le dio un abrazo a cada uno mientras Troy se quedaba de pie, incómodo, a un lado.
—Bueno —dijo Harris después de que se fueran—, ¿quieres tomar algo?
—No, ya me he tomado un par de cervezas. Creo que así ya estoy bien. —Señaló el vaso de Harris—. ¿Esa es la sidra de tus hermanas?
—Obvio. Aquí la tienen de barril.
—Qué guay.
Se produjo un silencio incómodo entre ellos. Para Troy había sido un día excelente en todos los sentidos, y no podía evitar pensar que la forma perfecta de rematarlo sería acorralar a Harris contra una pared en algún sitio y besarlo hasta dejarlo sin aliento.
Si a Harris le apetecía.
—No hemos vuelto a hablar. Me refiero a desde que volvimos de Florida —dijo Troy.
—Ya. Yo también había caído en eso.
—No te he estado evitando ni nada por el estilo. No es porque nosotros, eeeh… Ya me entiendes.
Los ojos de Harris brillaron.
—¿Estás seguro?
Troy no podía mentirle.
—Quizá sí. Me da un poco de vergüenza.
Harris resopló.
—Bueno, eso no es lo que me apetece oír.
—¡No! Quiero decir, no me da vergüenza… lo que hicimos. Es porque te solté un montón de cosas y me largué.
—Correcto —asintió Harris—. Pero, para ser justos, fueron un par de días raros.
—Sí, bueno… —Troy bajó la cabeza—. También dije que lo que hicimos no era gran cosa. Pero la cuestión es que, en cierto modo…, sí lo fue.
Harris abrió mucho los ojos.
—Al menos para mí —dijo Troy rápido—. Normalmente no… hago eso. Solo lo he hecho con, eeeh… Bueno, ya sabes.
Esperaba que algún día pudiera hablar de ser gay, de salir con hombres, en lugares públicos, pero hoy no era el día.
—Lo sé —dijo Harris con cuidado—. Cuando salí de tu habitación de hotel después de decirte todo eso, me pasé el resto de la noche pensando en lo importante que debió de ser para ti.
Todo. Lo que hicimos. Lo que fuiste capaz de contarme.
Y para mí es un honor que confíes en mí lo suficiente como para compartirlo conmigo.
Troy dio un golpecito con el dedo del pie a la pata de un taburete de bar.
—Sí. Confío en ti. Y, eeeh…, me gustó lo que hicimos. Mucho.
Harris le puso una mano en el brazo de forma cálida y firme.
—Troy, ¿te gustaría volver a hacer lo que hicimos?
El corazón de Troy se aceleró, pero se las arregló para asentir.
—¿Te gustaría hacerlo… ahora mismo?
Troy no supo qué responder. Se quedó mirándolo, atónito ante la propuesta tan directa de Harris. Fijó la mirada en sus labios, que brillaban tras el último trago de sidra.
Harris se acercó un poco más.
—Porque a mí me encantaría.
Troy se sintió mareado y no podía pensar en nada más que en unir sus bocas con fuerza. Su polla ya se estaba endureciendo, lo que se notaría en los ajustados vaqueros que llevaba puestos.
—Sí —susurró, y luego, en voz más alta y firme, dijo—: Sí. Vamos.
Harris dio un paso atrás y Troy estuvo a punto de caer hacia delante al intentar seguir su calor. Harris lo sujetó con una mano y se rio.
—¿Seguro que solo te has tomado dos cervezas?
—No estoy borracho —prometió Troy mientras se enderezaba—. Es solo que… estoy impaciente.
Harris se inclinó hacia él, y su aliento rozó la oreja de Troy.
—Puedo trabajar con la impaciencia. Cojamos las cazadoras y vayámonos.