Capítulo 16 #3
El siguiente, al final, lo marcó Luca Haas en el segundo tiempo. Por desgracia, fue después de que los Admirals hubieran marcado dos goles para empatar, pero el gol de Haas volvió a dar la ventaja a Ottawa.
En el tercer tiempo, el ambiente estaba bastante tenso. Los Admirals buscaban de forma desesperada un gol para salvar su orgullo, y los Centaurs estaban decididos a impedirlo.
Hubo algunos empujones después de que Wyatt realizara una parada fácil en la mitad del tercer tiempo. Los ánimos estaban caldeados, e Ilya, como de costumbre, se había pasado todo el partido provocando a Scott Hunter.
—Te voy a puto reventar, Rozanov —le gruñó Scott a la cara a Ilya.
Troy le sujetaba un poco el brazo a Scott, pero era más bien para guardar las apariencias. Scott le doblaba en tamaño.
—Llevas años diciendo eso —dijo Rozanov con una gran sonrisa—. Pero sigo aquí.
Scott se apartó de él y cruzó un instante la mirada con Troy, quien le soltó el brazo enseguida. Entonces Troy se dio cuenta de que Scott luchaba por contener una sonrisa mientras se alejaba patinando.
—Creo que le gustas —le dijo Troy a Ilya.
—Pues claro. Soy irresistible.
El marcador se mantuvo 3-2 a favor de Ottawa durante la mayor parte del tercer tiempo.
Nueva York peleó con uñas y dientes, ansiosos por marcar el gol del empate.
Pero el equipo de Ottawa trabajó en conjunto como nunca lo había hecho y mantuvo su ventaja.
Fue muy tenso intentar evitar que los Admirals marcaran, y el banquillo de Ottawa observaba con nerviosismo cómo el reloj marcaba los últimos minutos de juego.
A tres minutos del final, cuando se acercaba el momento en que Nueva York quizá sacara al portero para poner un atacante extra, Troy consiguió un uno contra uno.
Dykstra le pasó el puck en la zona de Ottawa y Troy se lanzó.
Era uno de los patinadores más rápidos de la liga y un hábil manejador del stick .
Pasó el puck entre las piernas del defensa de Nueva York que se interponía en su camino, lo recogió al otro lado y se quedó solo acercándose al portero.
Tommy Andersson era bueno, pero Troy lo engañó con facilidad, regateó con el puck y lo lanzó por encima de la pierna extendida de Andersson.
Sin duda, fue un gol digno de aparecer en los resúmenes de las mejores jugadas.
Sus compañeros de línea se le echaron encima un segundo después. Bood le dio un golpecito en el casco y le dijo:
—Me gustan mucho más esos goles de chulillo que marcas cuando jugamos en el mismo equipo.
Después del partido, la mayor parte de los Ottawa Centaurs se fue a celebrar a un bar llamado Monk’s, que, según había averiguado Troy, era uno de los favoritos del equipo. Se trataba de una taberna antigua situada en el barrio de Glebe, no muy lejos del piso de Troy.
Troy estaba sentado en una mesa con Evan Dykstra, Wyatt y su esposa, lo cual a Troy le pareció genial. En Toronto, había una regla tácita de no llevar parejas a la mayoría de las celebraciones del equipo.
—Acabo de terminar mi turno y nunca había necesitado tanto una cerveza —dijo Lisa tras el primer sorbo—. Si me quedo dormida en un minuto, limitaos a ignorarme.
Wyatt la rodeó con un brazo y le dio un beso en la coronilla.
—Avísame cuando quieras irte, campeona. Podemos seguir la celebración en casa.
Ella le dio un ligero empujón en el pecho.
—Mis celebraciones consisten en darme una ducha e ir a la cama.
Él movió las cejas.
—Y las mías.
Evan se rio.
—Creo que Caitlin se ha quedado dormida hace horas. Dijo que iba a ver el partido, pero ha dejado de enviarme mensajes después del primer tiempo.
—No la culpo —dijo Lisa con empatía—. ¿Cómo está Susie?
Evan se animó y empezó a hablar largo y tendido sobre su hija de un año. Lisa sonrió mientras escuchaba, pero Troy se fijó en que se acurrucaba más contra Wyatt, con los párpados cada vez más pesados.
Troy echó un vistazo al bar para ver qué hacían los demás. Ilya estaba insultando a Bood a gritos mientras jugaban al billar. Una mesa ruidosa llena de los jugadores más jóvenes estaba llena de jarras vacías, lo que quizá no era lo mejor.
Entonces vio a Harris en la barra y dejó de mirar a cualquier otro sitio. No se había dado cuenta de que Harris había entrado, pero no le sorprendió encontrárselo allí. Llevaba una camisa vaquera con las mangas remangadas para lucir los antebrazos.
Y estaba hablando con un hombre muy alto y atractivo, de pelo oscuro. Le sonreía. Se reía. Y el otro hombre también le sonreía y se reía.
Troy apretó la mandíbula. Era obvio que no tenía ningún derecho sobre Harris, pero verlo con otro hombre le hizo darse cuenta de que él mismo tenía la esperanza de irse a casa con Harris esa noche.
Se apartó de la mesa y se dirigió al baño. Quizá, para cuando volviera, Harris ya se habría ido con Johnny el Guapo.
El baño estaba vacío cuando entró. Se colocó frente a un urinario y, justo cuando se estaba bajando la cremallera, la puerta se abrió detrás de él.
—Barrett —dijo la voz de Ilya Rozanov.
Ilya se acercó al urinario junto al de Troy, lo cual resultaba un poco… incómodo. Aunque Ilya era un tipo raro, así que tenía sentido.
—¿Te estás divirtiendo? —preguntó Ilya.
—Pueees…
—En el bar. No aquí.
—Sí, claro.
Troy intentó terminar lo antes posible, pero había tomado mucha cerveza.
—Qué bien sienta ganar —dijo Ilya, que terminó primero, se subió la cremallera y se dirigió a los lavabos—. Tener algo que celebrar.
—Oye, eeeh… —Troy se subió la bragueta y siguió a Ilya—. Ese discurso de antes del partido… No creo que hubiéramos ganado sin él.
—Todo el mundo se ha esforzado esta noche —dijo Ilya mientras se miraba en el espejo—. Has hecho un buen trabajo.
—Ha sido un gol bastante guay —admitió Troy.
—No hablo del gol. Sino de los posts que has hecho. Instagram. Están muy bien, joder, Barrett.
—Ah. No sabía que los hubieras visto.
Los labios de Ilya esbozaron una media sonrisa burlona.
—Te sigo. ¿No lo has visto?
—La verdad es que no lo he vuelto a mirar desde que lo he publicado.
—Deberías. A la gente le gusta. Sobre todo, después de que las compartiera yo.
Ay, dios. ¿No tenía Ilya como cientos de miles de seguidores? Troy sabía que el objetivo de las redes sociales era conseguir el mayor número de seguidores posible y tener el mayor número de «me gusta» en las fotos que publicase, pero aun así se sentía nervioso.
—¿Entonces las ha visto mucha gente?
—Sí. —Ilya le dio una palmada en el hombro—. Como te he dicho. Buen trabajo.
Ilya salió del baño y Troy se quedó mirando la puerta, sin saber muy bien si estaba preparado para volver ahí fuera.
Sin saber siquiera quién era ya. Nunca se había sentido tan incómodo consigo mismo.
Había sido fácil ser un capullo. Era la opción segura.
Ahora, de pronto, estaba defendiendo cosas jodidas, exponiéndose en redes, pensando en salir del armario de forma pública diciendo que era gay y quizá ver si Harris querría volver a besarlo.
Ya no tenía a nadie detrás de quien esconderse, y la máscara estaba tan llena de grietas que más valía tirarla a la basura.
Troy salió del baño y, aunque sabía que era una mala idea, se dirigió directamente hacia la barra. Y hacia Harris. Y hacia el tío bueno con el que Harris quizá estaba tonteando.