Capítulo 16 #2
—No se está con gilipolleces —dijo Gen—. Estoy impresionada.
—Sí —respondió Harris con indiferencia, sin apartar la mirada del selfi de Troy. Él también lo estaba. Estaba impresionado, sorprendido, orgulloso y un poco embelesado.
Además, ¿sabía Troy lo tentador que era ese selfi? Seguro que sí, ¿no?
—¿Qué le dicen en los comentarios? —preguntó Gen—. ¿Le sigue alguien?
—Pues ya tiene cinco mil seguidores —dijo Harris.
Pulsó el botón de «Seguir» y luego fue a la sección de comentarios de cada publicación.
La mayoría eran positivos; algunos le daban la bienvenida a Instagram y le mostraban su apoyo como fans.
Unos cuantos respaldaban explícitamente sus dos últimos posts.
Y unos cuantos capullos de mierda parecían encantados de que Troy les hubiera dado un lugar para criticarle directamente.
Algunos de los comentarios negativos incluso etiquetaban a Dallas Kent. Por dios…
—Bueno —dijo Harris recostándose en la silla—, es hora de promocionar sus posts.
Hizo el gesto de crujirse los nudillos y luego se puso manos a la obra.
No había hablado con Troy desde que habían vuelto del viaje a Florida hacía dos días, aunque se habían despedido en buenos términos. Harris había dado por hecho que Troy, como todos los demás del equipo, quería un poco de tiempo a solas después de ese viaje.
Era muy complicado entenderlo. Le había dicho bien claro que su polvo no había significado nada. Pero Harris también tenía la impresión de que el único otro hombre con el que Troy había estado era su exnovio, Adrian. Por lo tanto, eso implicaba que su lío debía de haber significado algo más.
Desde luego, para Harris sí significaba algo.
Había tenido muchos rollos —chicos que había conocido en discotecas, en fiestas o por internet— y, por lo general, había disfrutado con ellos.
Le gustaba conocer gente nueva, por breve que fuera el encuentro, y también le gustaba follar.
Le gustaba reconfortar a la gente y hacerla feliz, y había descubierto que el sexo hacía feliz a mucha gente.
El encuentro con Troy no había sido para tanto; no se habían ni desnudado y tampoco habían hecho nada impresionante. Solo había sido un impulso ardiente y desenfrenado, y una necesidad que Harris no había experimentado antes.
Y esos besos… ¡Joooder! Troy sabía cómo usar esos labios tan carnosos que tenía. Harris apostaba a que se sentirían de maravilla con los suyos…
—¿Por qué no estuvo Rozanov en el entreno de ayer? —preguntó Gen.
Harris parpadeó mientras seguía la voz de su compañera de trabajo de vuelta a la realidad.
—¿Qué?
—Ayer Ilya no fue al entrenamiento. Es raro en él. No era opcional, y tampoco estaba en el fisio. ¿Crees que está enfermo?
Ilya parecía un poco fuera de sí desde el incidente del avión. En realidad, todos lo estaban, pero Ilya siempre era tranquilo e imperturbable, así que su ansiedad se notaba más.
—No lo sé.
—Espero que juegue esta noche. Los Admirals nos van a dar una paliza sin él. —Estiró el cuello a un lado y otro—. Es probable que nos destrocen de todos modos, pero será peor sin Rozanov.
—Puede que te sorprendan.
Gen resopló.
—¿Cuándo me ha sorprendido este equipo?
El ambiente en el vestuario era tenso. Los Ottawa Centaurs acababan de volver de un viaje agotador y decepcionante en el que habían perdido dos de sus tres partidos y ahora se disponían a enfrentarse al mejor equipo de la Conferencia Este, los New York Admirals.
Parecía que hubiesen perdido ya.
El entrenador Wiebe entró e intentó animarlos.
Troy había llegado a la conclusión de que era un buen entrenador.
No tenía mucha experiencia, pero sabía intuir a la perfección lo que cada uno de sus jugadores necesitaba en cada momento.
Además, era simpático, algo que algunos podrían considerar un defecto en un entrenador de hockey.
Puede que Troy también pensara así hasta hacía poco, pero el entrenador Wiebe le caía muy bien y quería ganar por él.
Era más fácil decirlo que hacerlo.
Después de que el entrenador se marchara, el ambiente se relajó un poco.
Sin embargo, no había mucha seguridad en la sala.
En Toronto, el vestuario de los Guardians siempre había sido ruidoso y a veces agresivo antes de los partidos.
Entre los jugadores siempre se daba por sentado que iban a ganar.
Que cualquier cosa menos que eso era inaceptable.
Aquí, en Ottawa, la energía del vestuario parecía más bien una aceptación de que lo más seguro era que no ganaran, pero que tal vez no harían el ridículo del todo.
Era una mierda.
—A ver, escuchad.
Troy levantó la cabeza de golpe y se sorprendió al ver a Ilya de pie en medio de la sala. Era el capitán del equipo, pero no solía dar discursos.
—Los New York Admirals no son mejores que nosotros.
Se oyeron algunas burlas y risas dispersas. Ilya las acalló.
—No lo son. Ellos tienen a Scott Hunter, pero en nuestro equipo estoy yo. Tienen a Tommy Andersson, un buen portero. Joven, con talento, sí. Y nosotros tenemos a Wyatt Hayes, un gran portero. —Sonrió a Wyatt—. Viejo, con talento.
Se oyeron algunos gritos entusiastas y aplausos por toda la sala.
—Con experiencia —le corrigió Wyatt jovial.
—Tienen a Carter Vaughan, la mano derecha de Hunter y uno de los mejores delanteros de la liga. Nosotros tenemos a Zane Boodram y a Troy Barrett. —Ilya extendió los brazos—. ¡Tengo dos manos! ¿Quién está a la izquierda de Scott? ¿Alguien sabe cómo se llama siquiera?
Parecía que Luca Haas quería decir el nombre del delantero izquierdo de la primera línea de Nueva York, pero, sabiamente, se calló.
—Nueva York tiene a Matti Jalo, pero nosotros tenemos a Evan Dykstra y a Nick Chouinard. —Más vítores, los sticks resonaban contra el suelo con cada nombre que Ilya mencionaba—. Tenemos a Boyle, Holmberg, LaPointe y Young.
Continuó nombrando a todos los jugadores presentes en el vestuario, añadiendo en ocasiones algún detalle que los hacía destacar.
—Estoy hasta los huevos de perder —dijo Ilya—.
Ya basta. Vamos a ganar este partido esta noche, y vamos a seguir ganando.
Vamos a llenar todos y cada uno de los asientos de este puto estadio.
Vamos a sorprender a todo el mundo y vamos a llegar a los play-offs este año.
No el año que viene. No en el futuro. Este puto año.
Todos rugieron ante tal afirmación. Troy estaba fascinado. Esa era justo la energía que estaba buscando.
—Hemos pasado por algo juntos —dijo Ilya, más serio—. Pero estamos vivos. Todos lo estamos y no pienso desperdiciar ni un segundo más. ¡Vamos, joder!
—¡Di que sí, joder, Roz! —gritó Dykstra por encima del ruido ensordecedor de los vítores y los golpes de los sticks .
—¡Sí, hostia! —asintió Bood—. ¡Vamos a darles una paliza a los Admirals!
Troy se agachó para el saque neutral que daría inicio al partido. Había vuelto a jugar como extremo derecho en la primera línea e iba a asegurarse de que se iba a puto quedar ahí.
Se enfrentaba al extremo izquierdo de Nueva York y, de hecho, sabía quién era, pero Ilya le había inspirado.
—Hey. Me llamo Troy. ¿Cómo te llamas?
El tipo —que se llamaba Cale Wagner— entrecerró los ojos.
—Que te den.
—Bonito nombre. Es chulo.
—¿Sabes lo vergonzoso que es que tengamos que jugar contra tu equipo de mierda?
—Pues más vergonzoso será cuando perdáis.
Se lanzó el puck de saque y el partido comenzó con Wagner intentando derribar a Troy. Sin embargo, Troy era rapidísimo y ya se dirigía a toda velocidad hacia la zona de los Admirals, pues Ilya había ganado el saque.
No hubo goles de la primera línea, ni siquiera de la segunda, pero entonces la tercera línea de los Centaurs dio la sorpresa y desvió el puck más allá de Tommy Andersson cuando aún no habían transcurrido dos minutos de partido.
—¡Sí! —gritó Troy golpeando la valla con su stick —. ¡Así se hace, joder!
El público, que era un poco más numeroso de lo habitual —quizá como muestra de apoyo a los jugadores locales que habían logrado no morir en un accidente aéreo—, se puso en pie. Fue un gran comienzo.
Más tarde en la primera parte, Scott Hunter trató de empatar con un increíble disparo de muñeca que Troy estaba seguro de que iba a entrar, pero Wyatt lo atajó con el guante.
Ilya se echó a reír.
—Hostia, Hunter. Qué putada. Ese debería haber entrado, ¿no?
Troy le dio un golpecito con el guante en la almohadilla protectora de Wyatt.
—Ha sido precioso, Hazy.
—No sé muy bien cómo lo he hecho —dijo Wyatt.
—Porque eres increíble.
Wyatt le sonrió desde detrás de la máscara de portero.
—Casi se me olvida. Gracias por recordármelo, Barrett.
Troy sonrió mientras patinaba hacia el círculo de saque. Era agradable sentir que ahora podría ser amigo de Wyatt.
Ilya le agarró del brazo fuera del círculo.
—Vamos a marcar en esta jugada, ¿vale?
Troy se rio.
—Suena bien. ¿Tienes un plan?
—Sí. Sígueme el ritmo.
Troy negó con la cabeza, sin dejar de sonreír mientras se agachaba frente a Cale Wagner.
—Hola de nuevo —dijo Troy—. Wilson, ¿no? ¿O Wagon? Perdona, siempre se me olvida tu nombre.
—¿Por qué no se lo preguntas a tu madre?
—Nooo… Es imposible que ella haya oído hablar de ti.
El puck cayó e Ilya se lo pasó a Troy.
—¡Venga! —gritó Ilya y salió disparado por la pista.
A Troy no le costó nada mantener el ritmo y dejó a Wagner muy atrás.
Se aseguró de entrar primero en la zona de Nueva York con el puck y luego se lo pasó a Ilya, quien se lo devolvió a Bood mientras Ilya se desmarcaba del defensa de los Admirals.
Bood se lo pasó a Troy, quien encontró a Ilya delante de la portería. El portero no tuvo ninguna oportunidad.
El gol puso el marcador 2-0 a favor de Ottawa. Troy se abalanzó sobre Ilya contra la valla, y Bood se estrelló contra ambos.
—Buen trabajo —dijo Ilya dándole a cada uno un golpecito en la frente con la parte delantera de su casco—. Vamos a repetirlo.
—Y una mierda —dijo Bood—. El siguiente es mío.