Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—Estoy en Nueva Zelanda. En Auckland. Llegamos ayer. Aquí son como las seis de la mañana, no te preocupes.

Nueva Zelanda. Dios mío. De golpe, Troy se dio cuenta de lo lejos que estaba su madre y de lo mucho que la necesitaba cerca.

—Te echo de menos —dijo con un tono destrozado, que era como se sentía.

—Ay, cariño. No tienes que hacerte el valiente por mí. Debes de estar traumatizado.

—No es eso. —Troy exhaló—. No sé, quizá en parte sea eso. Pero es todo, en general. No paro de joderla. —Hizo una mueca—. Perdón. No paro de fastidiarla.

Ella se rio con ternura.

—Ya he oído esa palabra antes. Cuéntame…

Troy no estaba seguro de poder hacerlo. No sin contárselo todo. Y, si iba a salir del armario ante su madre, no quería que fuera así.

Excepto que, joder… Casi había muerto el día anterior. Podría haber muerto sin que ella lo supiera nunca, y por alguna razón odiaba esa idea.

Respiró hondo.

Y cambió por completo de enfoque.

—Me siento inútil. Con lo de Dallas. A él no le ha pasado nada malo. No puedo dejar de pensar en sus víctimas y a nadie más parece importarle una mierda. ¡Que acaban de nombrarlo Jugador de la Semana! Es como… No sé si hay algo que pueda hacer, pero quizá sí.

Su madre se quedó en silencio un momento y luego dijo:

—Es una carga de mucho peso.

—Es que, en realidad, no fui testigo de nada, pero solo porque no presté suficiente atención. Debería haberlo hecho. Podría haberlo parado. Podría haber…

—En primer lugar, entiendo lo que dices y por qué te sientes así. Pero, Troy, sabes que no es culpa tuya, ¿verdad? Fue Dallas quien agredió a esas chicas. Es él el malo.

—Era mi mejor amigo.

—Lo sé —dijo ella en voz baja—. Lo siento.

—Es solo que… quiero ser mejor persona. Quiero estar, no sé, orgulloso de mí mismo. Quiero ser alguien a quien valga la pena admirar.

—Bueno, no se te da nada mal el hockey.

Troy resopló.

—Lo sé. Pero no es suficiente.

—En lo que respecta a Dallas, no hay mucho que puedas hacer. Ninguna de sus víctimas va a presentar denuncia y, como tú mismo has dicho, no eres testigo. Pero puedes ayudar de otras formas.

—¿Como cuáles? —Dios, Troy haría lo que fuera—. ¿Qué formas hay?

—Lo primero que se me ocurre, y recuerda que aquí es muy temprano por la mañana, es que podrías hacer donaciones a organizaciones benéficas que ayuden a víctimas de agresiones sexuales. Podrías usar tus redes sociales para promocionarlas y brindar apoyo en general a las víctimas.

—Vale. Sí, podría hacer eso. —Troy se empezaba a animar—. ¿Y qué más?

—Presta más atención. Estuve con tu padre casi treinta años, así que sé muy bien lo que es ver a alguien con gafas tintadas de rosa y pasar por alto su mal comportamiento. Ahora tengo más cuidado a la hora de elegir con quién paso el tiempo.

Troy esperaba haber superado ya esa fase.

—He hecho algunos amigos nuevos aquí. Más o menos. Son buenos chicos. Son mejores que los otros.

—También puedes ser amigo de mujeres, Troy. Que no se te olvide.

Troy se sonrojó.

—Lo sé. Pero es que sobre todo suelo estar rodeado de hombres.

—Quizá eso sea algo que valga la pena cambiar.

Parecía más fácil decirlo que hacerlo, ya que a Troy ni siquiera se le daba bien hacer amigos entre sus compañeros de equipo, pero era algo que tener en cuenta. Lo añadiría a su lista de cosas pendientes.

—Vale.

—Parece que ya estás más animado.

—Sí. Gracias. —Decidió colgar antes de empezar a llorar en medio de la playa—. Tengo que irme. Te quiero.

—Y yo a ti. Estoy orgullosa de ti.

—Adiós, mamá.

Se quedó unos minutos pensando en todo lo que su madre le había sugerido. Nunca le había dado miedo esforzarse cuando se trataba de mejorar en lo físico. Era hora de ser valiente para mejorar el resto de sí mismo.

Harris era, ante todo, un profesional, y nunca habría aprovechado su acceso al equipo para comerse con los ojos a las estrellas de la NHL .

Pero…

En ese momento se encontraba en la playa rodeado de jugadores de hockey en plena forma y muy atractivos, la mayoría de los cuales solo llevaban bañador. No estaba mal…

La excursión a la playa había resultado ser más popular que el desayuno en IHOP , y había alrededor de una docena de miembros de los Ottawa Centaurs reunidos en la arena formando un grupo ruidoso y alegre. Era agradable oírlos reír y verlos tan relajados.

Harris era uno de los pocos que llevaba camiseta, pero era de tirantes, así que se sentía prácticamente desnudo. Estaba jugando al frisbee con Bood y Dykstra, una actividad física que, de hecho, se le daba bien.

La noche anterior había practicado otra actividad física que se le daba bien, así que últimamente estaba muy metido en el tema del ejercicio físico. Era prácticamente un decatleta.

Había estado intentando vivir el día como un chico normal que se había visto obligado a enfrentarse a la muerte, y no como un chico que se había enfrentado a la muerte y luego se había acostado con Troy Barrett.

Era difícil porque no dejaba de oír la forma en que Troy había susurrado su nombre.

La forma en que le había acariciado con suavidad la muñeca.

Esos primeros besos cuidadosos y preciosos en la nuca de Harris.

Y... ups. Falló al coger el frisbee .

—Ha sido culpa mía.

Corrió tras el disco, que había caído unos metros detrás de él. Lo recogió y, al levantarse, vio algo que casi le hizo soltarlo de nuevo en la arena.

Troy Barrett. Sin camiseta y sudado. Caminando hacia Harris.

—Ay. Hola —dijo Troy al acercarse. Echó un vistazo a sus compañeros de equipo, que estaban divirtiéndose—. ¿Qué hay? ¿Una fiesta en la playa?

—Playa —dijo Harris con voz débil. Era lo máximo que podía decir. La verdad era que nunca había visto a Troy con el torso desnudo en persona y… uuuf. Menuda experiencia.

Su mirada recorrió el amplio pecho de Troy, con sus pectorales lisos y esculpidos y sus pezones oscuros, bajando hasta las marcadas líneas de sus abdominales y el oscuro rastro de vello que desaparecía bajo la cintura de sus pantalones cortos.

Troy miró hacia el mar.

—Debería darme un chapuzón. Estoy hecho un desastre.

—Sí.

A Troy se le había pegado arena a la piel reluciente: en los muslos y las pantorrillas, en los antebrazos… También tenía un poco en el cuello. Harris sabía que seguro que era horrible, pero se moría de ganas de lamerla.

Entonces, Troy se quitó los calcetines y las zapatillas, dejándolos en un montón junto a la camiseta que se había sacado de la cintura.

—¿Quieres venir?

—Eeeh.

Las olas parecían muy tentadoras, y Harris no recordaba la última vez que había podido nadar en el mar, pero tampoco quería quitarse la camiseta.

No se avergonzaba de su cuerpo ni nada por el estilo.

Claro, no estaba a la altura de los Adonis que lo rodeaban, pero la verdad era que eso no le molestaba.

Era el hecho de que había cosas que no quería que Troy viera.

Cosas que darían pie a preguntas que Harris no tenía ganas de responder en ese momento.

Troy ya se dirigía hacia las olas, con los pantalones cortos ceñidos a su musculoso culo.

—A la mierda —murmuró Harris, y lo siguió. Se dejaría la camiseta puesta y ya se secaría.

El agua estaba cálida y era maravillosa, y Harris se rio cuando la primera ola lo empapó, a punto de tirarlo al suelo. Troy se zambulló en la siguiente ola, con una técnica perfecta. Cuando salió a la superficie, sacudió la cabeza, lanzando gotas de agua al sol como un tritón.

La siguiente ola sí que tiró al agua a Harris, pero solo porque, a esas alturas, tenía las piernas prácticamente como un flan.

—¿Estás bien? —preguntó Troy.

Se acercó a él vadeando el agua y le agarró el bíceps con una mano firme.

Harris tosió un par de veces e hizo una mueca al sentir el sabor del agua salada.

—Estoy bien. Gracias.

Se dio cuenta de que tenía una mano en el hombro de Troy, que utilizaba para mantener el equilibrio. Se arriesgó y dijo, con cierto tono seductor:

—Mi héroe.

Hubo un destello de algo en los ojos de Troy —¿excitación?, ¿miedo?— y luego dio un paso atrás.

—Cuidado con los tiburones.

—El peligro no son los tiburones. Son las carabelas portuguesas.

—¿Las qué?

—Medusas. ¡Sus tentáculos son mortales y pueden llegar a medir más de treinta metros de largo!

Troy miró fijo el agua que lo rodeaba.

—¿Aquí hay?

—Sí. A veces.

Troy lo miró con rabia.

—¿Y para qué me lo dices, tío?

Harris se rio.

—Lo siento. O sea, creo que son más típicas del sur de Florida.

—Entonces ¿para qué coño las mencionas? Joder, ahora no voy a poder pensar en otra cosa.

Troy miró con recelo hacia el mar, y Harris no pudo resistirse a alargar la pierna y rozar con suavidad la parte posterior de la pantorrilla de Troy con la punta del pie.

Para su disfrute, eso hizo que Troy gritara.

—¡Joder! ¿Qué cojones? ¿Has sido tú?

Harris se reía tanto que no podía responder.

—Ay, vete a la mierda.

Y entonces Troy se abalanzó sobre Harris, y ambos cayeron con fuerza sobre la arena bajo el agua poco profunda.

Harris se incorporó, todavía riéndose, con Troy arrodillado entre sus piernas extendidas.

Troy también se reía, y lo hacía de forma genuina, con los ojos arrugados mientras el agua le goteaba del pelo y de la punta de la nariz.

Dejó de reírse cuando se dio cuenta de cómo lo miraba Harris. Durante unos segundos, se miraron fijo a los ojos, ambos respiraban con dificultad. Era obvio que Troy no iba a besarlo ahí, en público, delante de la mitad de su equipo, pero, joder… ¿Quizá sí quería hacerlo?

En lugar de eso, Troy, jugando, salpicó agua en la cara a Harris y se puso de pie. Le tendió la mano a Harris y lo ayudó a levantarse. Sin duda había calor en la mirada de Troy, pero este apartó la vista antes de que Harris pudiera perderse en ella.

Ay, sí. Sin duda tenían algunas cosas que aclarar más tarde.

Cuando Troy volvió a su habitación de hotel aquella noche, estaba agotado, un poco quemado por el sol y algo achispado.

Había sido, en general, un día muy divertido y relajante. Ilya le había comentado a Troy que había sido idea de Harris el llevar a todo el mundo a la playa. A Troy no le sorprendió.