Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

Harris se volvió para mirarlo y soltó una risita al ver lo relajado que parecía Troy.

Ya tenía el pelo casi seco, pero estaba revuelto y le caía sobre los ojos.

Tenía un brazo estirado por encima de la cabeza, lo que le ofrecía a Harris una buena vista de sus bíceps, y también de una parte de la piel por encima de la cintura de sus pantalones de chándal.

Un atisbo de sus musculosos abdominales.

—Yo me ocupo —dijo Harris mientras cogía la tarrina vacía—. De todos modos, tengo que ir al baño.

Necesitaba alejarse. Ya.

En el baño, lavó la tarrina, se cepilló los dientes, bebió un poco de agua y se miró en el espejo. Su aspecto reflejaba justo cómo se sentía: nervioso, agotado, al límite. Se preguntó si Troy volvería ahora a su habitación. Él no quería.

Troy estaba acurrucado de lado, de espaldas a él, cuando Harris volvió a la cama. El cambio de postura le permitió contemplar el musculoso culo de Troy, su amplia espalda y hombros, y sus pies con calcetines, que le resultaban muy monos.

Harris se acercó a la cama con cuidado. Quería recostarse sobre el magnífico cuerpo de Troy y respirar su aroma, pero en lugar de eso dejó algo de distancia entre ellos cuando se tumbó en la cama a su lado.

Harris miró al techo con las manos cruzadas sobre el abdomen, evitando toda tentación.

—Puedes quedarte —dijo.

Hubo una larga pausa antes de que Troy murmurara somnoliento:

—¿Seguro?

—Sí. Quédate.

—Gracias.

No pudo evitar contemplar, con impotencia, cómo la espalda de Troy subía y bajaba. El vello de la nuca de Troy. La curvatura de la oreja, que era completamente normal, y, sin embargo, le parecía preciosa.

Se permitió unos momentos de admiración furtiva antes de apagar la televisión y luego la lámpara. Los dos estaban encima del edredón, y quizá eso estuviera bien para esta noche. Sería lo más seguro.

Se volvió hacia un lado para alejarse de Troy. Seguía sin poder dormir, pero le gustaba escuchar su respiración. Era agradable tener otro cuerpo cerca, aunque no pudiera tocarlo.

A oscuras, los recuerdos del avión le volvieron enseguida a toda velocidad, se reproducían en una horrible sucesión de imágenes que se repetían en bucle en el cerebro de Harris. Intentó respirar profundo.

—¿Estás bien? —La voz de Troy era baja y ronca, y Harris dejó de respirar por completo al oírla.

—Sí. Más o menos. No lo sé.

Hubo un movimiento detrás de él y, acto seguido, la mano grande y cálida de Troy se posó sobre el brazo de Harris.

—¿Te puedo ayudar con algo?

Harris se mordió el labio mientras pensaba qué decir.

—Me alegra que estés aquí.

Se movió un poco más, y entonces el cuerpo de Troy ya casi tocaba el suyo. Podía sentir el aliento de Troy en la nunca cuando dijo:

—Yo también.

Por un instante, todo se quedó muy quieto y en silencio. Y entonces la mano de Troy se deslizó, muy poco a poco y con suavidad, por el brazo de Harris hasta su muñeca.

Harris estaba seguro de que se le erizaba cada pelo a su paso.

Troy se detuvo en su muñeca mientras iba acariciándole la sensible parte inferior con los dedos, y Harris habría jurado que era el contacto más íntimo que jamás había tenido. Contuvo un grito ahogado, sin querer hacer ruido por si Troy se daba cuenta de lo que estaba haciendo y paraba.

Pero Troy no paró. Estiró las yemas de los dedos y las deslizó sobre la palma de Harris, provocando que se estremeciera.

«Tócame», pensó Harris. «Tócame por todas partes».

Un aliento cálido le hizo cosquillas en la nunca.

—Siento que estuvieras en ese avión.

Harris exhaló.

—Podría haber sido peor.

Cerró los dedos hasta que se encontraron con los de Troy en el centro de su palma.

—Ya.

Y entonces Troy posó sus labios, solo un instante, en la nuca de Harris.

Fue el beso más suave del mundo, casi imperceptible, pero esta vez Harris no pudo contener un suspiro.

—Lo siento —dijo Troy, y empezó a separarse.

Harris entrelazó sus dedos y lo atrajo hacia sí, asegurándose de que el brazo de Troy le rodeaba el pecho.

—No me importaría que volvieras a hacerlo —dijo Harris.

Por un instante, Troy se quedó quieto. Y, entonces, Harris volvió a sentir el maravilloso cosquilleo de sus labios contra su cuello. Luego otro beso, justo debajo de ese punto. Y otro más, a la derecha. Supersuave y perfecto.

El colchón se movió y Troy debió de incorporarse un poco, porque ahora sus labios acariciaban a Harris desde un nuevo ángulo. Le fue dejando una estela de besos por el lado del cuello, detrás de la oreja, haciendo que Harris se estremeciera de placer.

—Sí —susurró Harris.

Tenía un montón de preguntas rondándole por la cabeza, pero no quería preocuparse por ellas porque ya estaba excitado y deseaba con todas sus fuerzas lo que fuera que estuviera pasando en ese momento.

Se arriesgó y se volvió para quedarse frente a Troy. No conseguía verlo bien a oscuras, pero le encontró la cara con los dedos. Notó el roce de la barba, la línea marcada de su mandíbula, y luego su pulgar rozó los labios húmedos de Troy.

—Harris.

Lo dijo en voz baja y el nombre sonó casi como un deseo.

Le cogió la mano y le besó los nudillos, pasando con suavidad la lengua por la piel tersa.

Harris soltó un suspiro largo y tembloroso, incapaz de creer que aquello estuviera sucediendo de verdad.

Había soñado con eso, había fantaseado con Troy innumerables veces durante las últimas semanas, pero nunca pensó que llegaría a ser real.

E, incluso en sus fantasías, nunca había esperado que Troy lo desarmara con tanta dulzura.

Por fin, Troy se inclinó y lo besó. Sus labios se encontraron en la oscuridad, rozándose con timidez. Fue un beso suave durante solo unos segundos, y luego Harris entrelazó sus dedos en el sedoso pelo de Troy y le correspondió el beso, con fuerza y ansia.

Estaba besando a Troy Barrett. Qué fuerte.

Troy gimió contra su boca y apoyó una mano en el perfil de Harris, acariciándole la barba con el pulgar.

Su lengua rozó la de Harris y ejerció una ligera presión sobre la articulación de la mandíbula, instándole a abrirla más para él.

Harris lo hizo, deseando saborear todo lo que pudiera de aquel hombre.

Deseando que Troy tomara de él todo lo que necesitara.

De alguna manera, a pesar del calor húmedo y perfecto de la boca de Troy y del dolor de su polla tiesa, Harris fue capaz de tener un pensamiento responsable. ¿De verdad a Troy le parecía bien eso?

Harris interrumpió el beso, pero solo dejó la distancia suficiente entre sus labios para jadear:

—¿Estás…? ¿Eres…?

—¿Podemos hablar de eso más tarde?

Harris asintió, con la frente rozando la de Troy. Más tarde.

Lo besó de nuevo y, durante varios minutos, se perdió en el exquisito placer de besar a alguien que de verdad le gustaba.

Había pasado mucho tiempo, y la boca de Troy era una maravilla.

También lo era su cuerpo, que Harris no veía, pero podía deslizar la palma de la mano sobre la suave tela de la camiseta de Troy, trazando los músculos duros que había debajo.