Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 14
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Capítulo 14

Una hora más tarde, Harris lamentaba que su portátil se hubiera roto.

No podía dormir; ni siquiera conseguía mantener los ojos cerrados más de unos segundos antes de que volvieran a su mente todos los gritos y sollozos del avión.

Le había examinado una de las doctoras que estaba allí, en el aeropuerto.

La doctora le había asegurado que su ritmo cardiaco y su presión arterial solo estaban un poco elevados, lo cual, por supuesto, era normal para cualquiera que hubiera pasado por algo tan aterrador.

Pero le había sugerido que se lo tomara con calma y que, si más tarde se encontraba mal, fuera al hospital.

Ahora que estaba solo, Harris sentía muchas cosas.

Estaba nervioso y aún bullía con una energía inquieta a pesar de sentirse también agotado.

Además, estaba extrañamente excitado. Y por eso deseaba tener un portátil que funcionara.

No es que necesitara ver porno, pero la verdad es que le iría bien algo con lo que distraerse en ese momento.

Aunque no quería mirar el móvil. De hecho, lo había apagado y lo había escondido en el fondo de la maleta.

En su lugar, encendió el televisor y encontró un reality sobre la compraventa de casas que tenía el nivel de drama que podía soportar en ese momento.

Llamaron a la puerta justo cuando terminaba el episodio. Harris sabía quién esperaba que fuera, pero aun así se sorprendió al ver a Troy cuando abrió la puerta.

—Hey.

Troy se había puesto unos pantalones de chándal negros y una camiseta gris que parecía suave. Tenía el pelo mojado y la piel aún roja por lo que parecía haber sido una ducha con agua muy caliente. Resultaba peligroso lo sexy que estaba, sobre todo teniendo en cuenta que Harris ya estaba excitado.

—No puedo dormir —dijo Troy.

—Yo tampoco.

Harris dio un paso atrás y Troy pasó junto a él para entrar en la habitación.

—Te he traído algo.

Troy se volvió y le tendió a Harris una bolsa de plástico de un CVS con tanta expectación y nervios que Harris se preguntó si estaría llena de condones.

Harris cogió la bolsa y, cuando miró dentro, casi se echó a llorar. Lo más probable era que fuese debido a su estado emocional tras toda la odisea del avión, pero, joder… Troy Barret iba a hacer que le diera algo.

—Helado de cookie dough —dijo Harris mientras sacaba la pequeña tarrina de la bolsa—. ¿Has ido a comprarme esto?

—Sí. Le he pedido una cuchara al camarero. Está por ahí, en la bolsa.

Lo había hecho de verdad. Había salido del hotel a… vete tú a saber qué hora era… y le había conseguido un helado de cookie dough .

—Aquí está. —Harris apenas logró mantener la voz firme—. ¿Solo una?

Troy se encogió de hombros.

—No es para mí.

Harris no sabía qué decir. Su pobre corazón ya había pasado por mucho ese día, y ahora Troy estaba de pie en su habitación de hotel, a pocos centímetros de distancia, oliendo tan bien y mirándolo con ojos muy abiertos e inseguros. Era demasiado.

Harris señaló la cama.

—Siéntate.

Troy se sentó en el borde. La habitación estaba a oscuras, salvo por la televisión, y la luz azul parpadeante titilaba sobre su rostro.

—¿Qué estás viendo? —preguntó Troy.

—Un programa de inmobiliarias. No le estaba haciendo mucho caso.

Harris se tumbó en la mitad de la cama donde había estado antes y luego dio una palmadita en la otra mitad. Troy dudó un momento y luego se acercó hasta quedar a su lado. Harris despegó el precinto del helado y hundió la cuchara en él.

—Mmm —gimió tras el primer bocado—. Eres mi héroe por haberme traído esto, colega.

Troy se apoyaba en un codo mientras lo miraba comer.

—Te lo mereces.

—Sí. Sin duda me he ganado mi premio hoy. Joder.

—Menuda puta pesadilla —dijo Troy.

—Fuera bromas. No quiero volver a pasar por eso jamás.

Ambos se quedaron viendo la televisión durante unos minutos. Harris no prestaba atención en absoluto; se concentraba solo en el helado y en el hombre guapísimo que se lo había traído. El hombre que estaba recostado a su lado, tan cerca que Harris podía sentir el calor de su piel.

—Siempre me reía de Ryan Price en los aviones —dijo Troy en voz baja de forma inesperada—. Porque le daba miedo volar.

Harris no dijo nada. Odiaba escuchar cosas así, pero esperó a que Troy continuara.

—Estaba hecho un saco de nervios cada vez que volaba. Nos parecía divertidísimo.

Harris sabía que, al decir «nosotros», Troy se refería a él mismo y a Dallas Kent.

—Y, ahora —dijo Troy—, lo único en lo que puedo pensar es en que tenemos que volver a subir a un avión dentro de un par de días. No sé si podré hacerlo.

—Sí —dijo Harris—. Yo también he estado pensando en eso.

—Le debo mil disculpas a Ryan. Hostia puta, joder.

Fui un auténtico gilipollas. —Troy se volvió a un lado para mirar a Harris—.

Es la persona más valiente que he conocido nunca.

En serio. A Dallas le gustaba reírse de lo miedoso que era con lo de volar, pero ¿cuánto puto valor hay que tener para enfrentarse a tus miedos, tipo, al menos una vez a la semana?

Y casi siempre varias veces a la semana.

Durante años. Ni de coña me lo puedo imaginar.

—Es una pasada —asintió Harris.

—Y además es gay.

Vale. Eso no tenía sentido.

—No creo que ser gay haga que volar dé más miedo.

—No, quiero decir que eso también es la hostia de valiente. Hay dos cosas que Dallas considera una debilidad: tener miedo y ser gay, pero no lo son. Ojalá hubiera… —Suspiró—. Ojalá lo hubiera hecho todo de otro modo. Debería haber apoyado a Ryan y haber mandado a la mierda a Dallas.

—Quizá sí —dijo Harris. Quería decir algo más efusivo, pero tenía la mente hecha pedazos y la boca de Troy estaba muy cerca de la suya.

Troy se dejó caer de espaldas, creando algo de distancia, pero sin eliminar la tentación.

—Me arrepiento de muchas cosas.

Harris se acabaría arrepintiendo si no sofocaba la ardiente necesidad de besar a Troy.

Porque, sí, había sido una noche extraña, y, sí, se habían cogido de la mano en el avión, y, claro, Troy ahora estaba tumbado a su lado en la oscuridad después de venir a su habitación de hotel con helado de cookie dough .

Pero nada de eso significaba que Troy quisiera nada de Harris más allá de un poco de compañía. Troy era hetero, por lo que Harris sabía, y, aunque no lo fuera, era el hombre más guapo que Harris había visto jamás. Podía aspirar a algo mejor que un cultivador de manzanas con el corazón roto.

—¿Y tú en qué piensas? —preguntó Troy—. Me estoy desahogando contigo porque soy un puto egoísta.

—No eres un puto egoísta. Me gusta cuando me cuentas cosas.

Y no sé qué tengo en la cabeza, la verdad.

Un millón de cosas, pero estoy demasiado cansado como para desenredarlas.

—Harris se rio—. Hace un rato, estaba pensando en si ver porno o no, si te soy sincero.

Pero mi portátil está roto y apagué el móvil y lo metí en el fondo de la maleta.

No quiero verlo hasta que tenga que hacerlo.

—Yo igual —dijo Troy en voz baja, con la mirada fija en el techo—. Así que porno, ¿eh?

Quizá Harris no debería haberlo dicho.

—Sí. Pensaba que igual sería una buena distracción.

—Igual sí lo sería.

Había algo brillante en la pantalla de la televisión y, durante unos segundos, Harris vio con claridad los pómulos de Troy, sus labios carnosos y la sombra de la barba de días en su mandíbula.

Harris necesitaba cambiar de tema. De inmediato.

—¿Quieres un poco de helado? Pruébalo, aunque sea.

Troy volvió la cabeza para mirar a Harris.

—¿Está bueno?

—Es lo mejor que he probado en mi vida. Toma.

Le ofreció una cucharada de helado, acercándosela a los labios.

Troy se quedó mirando la cuchara, como si dudara de si podría fiarse.

Entonces, poco a poco, se inclinó hacia delante y entreabrió los labios.

Harris deslizó la cuchara dentro y observó el rostro de Troy mientras el helado, dulce y sedoso, le rozaba la lengua.

Troy cerró los ojos por un instante, y sus largas pestañas, oscuras como la noche, le rozaron los pómulos. La punta de su lengua asomó entre sus labios carnosos, como si buscara alguna gota perdida que se le hubiera escapado.

No cambió el ambiente en la habitación. Qué va. En absoluto.

—Uf —dijo Troy en voz baja—. Joder, está buenísimo.

—Sí —respondió Harris con indiferencia. Si besara a Troy en ese momento, sabría más bien a helado—. ¿Quieres más?

Una sonrisa muy tímida se dibujó en sus labios suaves.

—Vale.

Harris, que se dio cuenta de que quizá sería raro seguir dándole de comer a Troy, le entregó la tarrina y la cuchara.

También era raro estar sentados a oscuras, así que encendió la lámpara de la mesilla de noche.

Troy se recostó contra las almohadas con el helado mientras Harris se sentaba con las piernas cruzadas a su lado, esforzándose por todos los medios en concentrarse en la televisión.

Era difícil cuando Troy no dejaba de suspirar feliz con cada bocado de helado.

Harris le dio un empujoncito juguetón en el muslo.

—Te he dicho que estaba buenísimo.

—Mmm.

Fue todo lo que Troy dijo porque acababa de meterse otra cucharada de helado en la boca.

Mientras veían la televisión, la mano de Harris se retorcía por las ganas de volver a tocarlo.

A menudo ansiaba el contacto físico y le encantaba acurrucarse, quizá incluso más que follar.

Le resultaba reconfortante, y en ese momento necesitaba de forma desesperada ese consuelo.

Nada dentro de él le parecía bien; su mente no conseguía calmarse, sentía un hormigueo en la piel, tenía un nudo en el estómago y la garganta seca.

No quería pensar en su corazón. Estaba seguro de que latía con normalidad, desde el punto de vista médico, pero lo sentía… agitado. Ansioso.

Oyó cómo la cuchara raspaba el fondo del envase de helado y sonrió.

—No has tardado mucho.

—Era pequeño.