Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Sus manos se separaron (Harris no estaba seguro de quién se había soltado primero), y ambos se unieron a los aplausos al piloto y a su buena suerte.

Las luces de emergencia parpadeaban al otro lado de las ventanas del avión, pero Harris no podía dejar de mirar a Troy. Se estaba enjugando las lágrimas y sonreía de oreja a oreja.

Tal vez fuera la adrenalina, pero Harris advirtió que a lo mejor estaba perdidamente enamorado.

—Se te ha roto el portátil —dijo Troy atenuando la sonrisa.

Harris resiguió su mirada hasta el plástico resquebrajado del ordenador, aún tirado por el suelo.

—Sí, aunque ahora mismo no me importa nada.

Troy debería haber estado completamente agotado cuando el autobús por fin llegó al hotel de Tampa, pero rezumaba adrenalina. En serio había pensado que iba a morir. Que todos iban a morir. Que Harris iba a morir.

Y durante los horribles minutos en los que se había enfrentado a la posibilidad de una muerte inmediata, tan solo había pensado una cosa, una y otra vez:

«Quiero besarlo».

Lo deseaba tanto que había estado a punto de hacerlo.

A punto de inclinarse hacia él y acortar los escasos centímetros que los separaban para que lo último que sintiera fueran los labios de Harris rozando los suyos.

¿Qué habría hecho Harris si lo hubiera besado?

¿Le habría devuelto el beso? Y, en ese caso, ¿habría sido a causa del pánico?

¿Como acto de caridad para darle a Troy lo que necesitaba, porque Harris era un buen tipo?

¿O lo habría besado Harris porque lo deseaba tanto como Troy?

¿Porque, si tenían que morir, al menos atesorarían eso?

No había llegado a hacerlo, pero había cogido la cálida mano de Harris entre las suyas y se la había apretado como si, de alguna manera, ese vínculo fuera a mantenerlos a salvo.

Encontrar consuelo en Harris se había convertido en una costumbre, y en aquel momento Troy había sentido la egoísta necesidad de recibirlo, aunque dar consuelo fuera lo último que Harris llegara a hacer.

Aún quería besarlo. Le daba vueltas a esa idea en la cabeza mientras seguía a sus compañeros de equipo hacia el vestíbulo del hotel.

Qué fácil sería decir que el impulso había respondido al calor del momento y que en realidad no deseaba aquello, pero no era cierto.

Claro que lo deseaba. Joder, lo deseaba tanto que apenas toleraba mirarlo.

—Bueno —dijo el entrenador Wiebe—, no sé a vosotros, chicos, pero a mí me vendría bien una copa.

Hubo murmullos de aprobación y algunas risas dispersas que sonaban aliviadas. Habían sobrevivido juntos e iban a emborracharse juntos.

Llenaron la zona del bar. Todas las mesas disponibles acabaron ocupadas por jugadores, entrenadores, preparadores físicos, médicos y demás personal del equipo. Harris se sentó en una de las mesas más grandes. Troy se fue a la barra y tomó asiento en uno de los taburetes vacíos. Necesitaba pensar.

Se quedó un rato a solas con el whisky y sus pensamientos. Si el avión se hubiera estrellado, ¿cómo habría sido recordado Troy?

¿Como un All-Star de la NHL ? ¿Como el tío que se había peleado con Dallas Kent?

¿Quién lloraría su pérdida? Su madre, sin duda. Esperaba tener noticias de ella en cuanto se enterara de lo ocurrido. Puede que a su padre también le afectara. Y Adrian seguro que se sentiría raro.

Joder, ¿y si Adrian y él aún estuvieran juntos?

Si el avión se hubiera estrellado y Troy hubiera muerto, Adrian no habría podido despedirse de él.

Troy nunca se había parado a pensar que uno de los dos pudiera haber muerto mientras estaban juntos, pero ahora se le hacía un nudo en el estómago al imaginarse lo devastador que habría sido perder a Adrian sin que nadie hubiera llegado a saber siquiera lo que significaban el uno para el otro.

Qué horrible habría sido tener que ocultar su dolor.

Bastante le había costado superar que Adrian rompiera con él.

Joder, no era justo que Troy sintiera que tenía que vivir así. Amando en secreto, sintiéndolo todo en secreto.

Alguien se sentó en el taburete que había junto a él, y en el espejo vio que se trataba de Ilya.

—¿Qué tomamos? —preguntó Ilya arrastrando un poco las palabras.

Se le notaba un poco más el acento y olía ligeramente a tabaco.

—Whisky.

—Perfecto. —Captó la atención del camarero y luego señaló el vaso vacío de Troy y el espacio vacío que tenía frente a él—. ¿Cómo estás?

Troy resopló.

—Vivo.

—Sí.

Les sirvieron los whiskies e Ilya se bebió la mitad del suyo de un trago. Hizo una mueca, dejó el vaso en la barra y dijo:

—Cuando crees que vas a morir, tienes… ¿Cómo se dice? Cosas importantes. En la cabeza.

—Como una claridad mental —dijo Troy—. Sí.

Ilya asintió despacio.

—Te hace pensar las cosas. Qué es importante. Qué no lo es.

—Cierto.

Troy volvió a encontrar a Harris en el espejo. Estaba en otra mesa, inclinado hacia Luca Haas con una mano sobre su brazo. Escuchándolo, ofreciéndole consuelo con esa naturalidad con la que Harris trataba a todo el mundo.

¿Y quién cuidaba de Harris?

—Creo —continuó Ilya— que lo que piensas en ese momento… es lo correcto, ¿sí?

Harris pilló a Troy mirándolo. Durante un segundo, ambos cruzaron la mirada en el espejo, y luego Troy apartó la vista.

—Puede ser.

—Yo es lo que creo. —Ilya se bebió el resto del whisky y le dio una palmada a Troy en el hombro—. Lo que fuera que quisieras en ese avión. Ve a por ello.

Ilya se marchó, parecía que a su habitación del hotel. Troy debería hacer lo mismo. Necesitaba quitarse el traje, al menos.

Se puso de pie y cogió la elegante chaqueta del respaldo del taburete antes de echarle un último vistazo a Harris.

Le dolía el corazón al mirarlo. Era todo lo que Troy quería, y a la vez todo lo que no se merecía. Hasta ahora no había hecho más que recibir de él, pero quizá esa noche por fin pudiera devolverle algo.