Capítulo 12 #3
Más tarde, cuando estaba en la cama sin nada mejor que hacer, a Troy se le ocurrió que Harris debía de tener una cuenta personal de Instagram.
No tardó mucho en encontrarla. Su foto de perfil era el pin con forma de manzana que él le había regalado. Al verla, Troy sintió que el corazón se le inflaba como un globo.
Apenas tenía posts relacionados con el hockey.
Había un montón de imágenes de la granja de su familia y de unos perros que Troy suponía que vivían allí.
También había fotos de bandas tocando en directo y de amigos divirtiéndose en bares abarrotados.
Unos cuantos selfis, pero casi siempre con el brazo alrededor de otra persona.
A Troy no le sorprendió; Harris parecía de esas personas que rara vez estaban solas.
Cuando Troy miraba las fotos de Harris (siempre que pensaba en él, en realidad) sentía lo contrario a la ira y la vergüenza que lo invadían al ver a Dallas y a Adrian por la tele.
El estómago le daba un vuelco de un modo totalmente distinto, con una energía nerviosa alimentada por la emoción y la expectación, y no por el temor y la ansiedad.
Puede que Troy nunca llegara a ser tan buena persona como Harris, pero al menos podía intentar ser tan buena persona como Ilya, por ejemplo.
Ese tío no paraba de meterse con la gente, pero a todos les caía supersimpático.
Además, para compensar, se preocupaba de verdad por los demás, había creado una organización benéfica y era un líder de equipo impresionante, a su manera peculiar.
La clase de líder capaz de hacer que Troy se sintiera tan cómodo como para salir del armario ante él, un hecho que aún no acababa de creerse que hubiera sucedido.
A la mañana siguiente, Troy se quedó durmiendo hasta tarde porque no tenía ningún motivo para no hacerlo. Cuando se despertó, se encontró dos mensajes de «Feliz Navidad» en el móvil, uno de su padre y otro de su madre, y un tercero más sorprendente.
Harris: ¡Feliz Navidad!
A Troy se le alegró el corazón. Estaba seguro de que Harris le había enviado el mismo mensaje a todos los del equipo, y probablemente al resto de personas que había conocido en su vida, así que le pareció una tontería responder.
Además, si lo hacía, lo único que conseguiría sería pasarse el día esperando una respuesta que, sin duda, nunca iba a llegar.
Era la mañana de Navidad y Harris estaba con su familia, ocupado y rebosante de alegría por las fiestas.
Troy: Gracias. Igualmente.
Se sintió avergonzado y dejó el móvil sobre la cama. Luego volvió a cogerlo.
Harris: ¿Qué tal el apartamento?
Uy. Esa pregunta iba dirigida específicamente a él.
Troy: Bien. Tranquilo.
Harris: Ja. Al contrario que esta casa.
Troy sonrió al leerlo y deseó que Harris estuviera con él, llenando su solitario apartamento con una risa atronadora. Mientras pensaba qué contestarle, Harris escribió:
Harris: De hecho, acabo de salir un momento. Aquí fuera reinan la paz y la tranquilidad.
Entonces envió una foto. La nieve caía levemente sobre un jardín enorme, con árboles al fondo. Troy vio la camioneta de Harris aparcada a un lado.
Quería que Harris le enviara una foto suya. Quería verlo con copos de nieve en el pelo. Solo quería verlo.
Troy: Es bonito.
Harris: Un tiempo ideal para el día de Navidad.
Harris: Pero tengo muchas ganas de ir a Florida la semana que viene.
Después envió una cadena de emoticonos de palmeras. Troy casi había olvidado que Harris iría con el equipo a la ruta del sur. Esa idea le resultó más reconfortante que imaginarse bajo el sol de Florida.
Troy: Yo también.
En un intento por ser tierno, Troy añadió el emoticono del flamenco.
Harris no respondió, así que Troy se pasó la mayor parte del día de Navidad mirando fijamente a ese puto pájaro rosa. Por fin, sobre las nueve de la noche, Harris volvió a escribirle:
Harris: Acabo de llegar a casa. ¿Has hecho algo divertido hoy?
Troy se incorporó en el sofá, sonriendo como un tonto, y escribió:
Troy: He llamado a mi madre.
Era verdad y sonaba mejor que «Me he pasado el día esperando a que volvieras a enviarme un mensaje».
Harris: Oooh. ¿Dónde está hoy?
Troy: En Brisbane. Australia.
Harris: Hostia, ¿en serio? Siempre he querido ir allí.
Troy nunca se había planteado ir a Australia por su cuenta. Las pocas veces que había viajado por motivos ajenos al hockey, había sido a México o al Caribe, con sus compañeros de equipo. Adrian y él habían hablado vagamente de ir juntos a Hawái algún día.
Harris: Me encanta cómo hablan los australianos.
Troy sonrió y escribió «G’day», lo que rozaba el coqueteo, sin ser demasiado obvio.
Harris: Si estás intentando seducirme, vas por buen camino.
A Troy le empezó a subir el calor por el cuello, pero se rio y escribió «LOL» para que Harris supiera que no se lo estaba tomando en serio. Su polla sí, pero él no.
Se estuvieron mandando mensajes durante más de una hora, y en ese rato Troy vio al menos ocho emoticonos que ni siquiera sabía que existían.
En resumidas cuentas, fue una de sus mejores Navidades.