Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—¡Me encanta! —Harris se lo puso en la cazadora de inmediato y lo miró con una sonrisa.

Troy había estado pensando en él durante el viaje.

—Ilya me llevó al bar de Scott Hunter y Eric Bennett. Allí es donde vi el pin. Y el camarero me dio uno cuando se lo pedí.

Harris se quedó boquiabierto.

—¿Fuiste al Kingfisher? Mierda, qué envidia. Me encanta que haya un bar de ambiente en Nueva York propiedad de dos jugadores de la NHL . Quién lo hubiera imaginado, ¿eh?

—Ya, lo sé, parece increíble. Pero es un bar muy agradable. Y el camarero que me dio el pin es…, eh…, el novio de Eric, supongo.

—Ah, sí. Había oído que Eric Bennett salía con el encargado del local. Se conocieron allí, antes de que Eric y Scott lo compraran. Al parecer, los dos eran clientes habituales, ¿no es adorable? Christina me dijo que su novio está buenísimo.

—¿Christina?

—La responsable de redes sociales de los Admirals. Nos llevamos bien. Entonces ¿es verdad? ¿Está bueno su novio?

Harris se recreó en el rubor que se le extendió a Troy por las mejillas.

—Es un chico atractivo.

Harris estaba convencido de que no se podía comparar con el chico atractivo que ahora mismo tenía delante él.

Admiró su nuevo pin y se aseguró de que estuviera recto en la cazadora.

Se preguntó si a Troy le habría resultado difícil pedírselo al camarero.

Si le habría resultado difícil estar en un bar gay.

Cuando volvió a mirar a Troy, vio que este le sonreía con timidez. Parecía satisfecho consigo mismo, algo tan bonito que Harris no pudo evitar abrazarlo.

—Gracias.

Durante unos segundos, Troy mantuvo los brazos colgando rígidos a los costados. Parecía que se había quedado paralizado. Después, poco a poco, llevó una mano hasta la espalda de Harris, y luego la otra.

—Nada —dijo.

Su aliento le hizo cosquillas a Harris en el moflete. Lo abrazó con más fuerza, acercándolo a él.

Harris ladeó la cabeza de forma sutil. Lo justo para inhalar el aroma especiado de la loción de afeitado de Troy.

Entonces Troy dio un paso atrás y se tropezó, porque Quirón se las había arreglado para enrollarles la correa alrededor de las piernas, como si les hiciera de casamentero.

Harris extendió el brazo y agarró a Troy por la parte delantera de la cazadora para evitar que se cayera hacia atrás.

El impulso atrajo de nuevo a Troy hacia él mientras trataba de enderezarlo.

Su nariz rozó la de Harris y, durante un instante que pareció eterno, los dos se miraron fijamente a los ojos.

Troy los tenía muy abiertos y brillantes, y quizá un poco asustados.

Harris se moría por besarlo. No recordaba ninguna de las razones por las que no debiera hacerlo.

Pero Troy soltó una risa nerviosa y se agachó para desenredar la correa de las piernas de ambos.

—Joder, Quirón. ¿Qué has hecho?

Harris no se agachó para ayudarlo. Aprovechó la distancia para aclararse las ideas y coger un poco de aire. ¿En qué mierda estaba pensando?

Cuando deshizo el enredo, Troy se irguió y dio unos pasos hacia atrás.

—Me voy a hacer ejercicio. Pero… eh… gracias por el paseo.

—Ah. Vale. —Harris no quería que se fuera, pero no se le ocurría ninguna forma de hacer que se quedara—. Gracias por el pin. Y por el latte .

Troy le echó un vistazo al pin y en sus labios se formó una de sus rudas sonrisas.

—Feliz Navidad.

Y se marchó sin decir nada más. Otra vez.

—Sé lo que intentabas hacer con la correa, amigo —le dijo Harris a Quirón—. Agradezco el esfuerzo, pero creo que deberíamos dejarlo pasar.

En el apartamento de Troy no se presentó ningún novio para darle una sorpresa por Nochebuena, pero al menos vivía en un domicilio de verdad, y no en una habitación de hotel.

El sitio estaba bastante bien. Era un piso espacioso de dos habitaciones, totalmente amueblado y con aspecto de nuevo, aunque un poco anodino.

Había hecho que le enviaran algunas cosas del trastero que tenía en Toronto (ropa, sobre todo), así que ya podía decir que no iba siempre con la maleta en la mano.

El edificio tenía piscina, gimnasio y aparcamiento subterráneo; en resumidas cuentas, todo lo que Troy necesitaba.

Excepto quizá algo de compañía.

Era la primera Navidad que iba a pasar completamente solo.

No es que le importara mucho ese día, pero se le hacía raro pasarlo en solitario.

Una parte de él esperaba que Harris le enviara un mensaje invitándolo a ver más luces navideñas.

O tal vez una segunda invitación para que fuera a cenar a la granja de su familia.

Esta vez Troy no estaba seguro de si le diría que no.

No podía dejar de pensar en cómo se le había iluminado la cara a Harris cuando le había regalado ese pin con forma de manzana. Quería seguir regalándole cosas para que siguiera sonriéndole así. Aunque tampoco es que fuera muy difícil hacer sonreír a ese chico.

Troy se preguntaba a menudo qué haría falta para hacerlo gemir. O jadear de placer. ¿Qué encendería esos ojos verdes?

Se dio cuenta de que estaba acariciándose perezosamente el abdomen con las yemas de los dedos mientras descansaba en el sofá de cuero que venía con el apartamento.

Notó un cosquilleo en la polla y su mano se deslizó hacia abajo, como por voluntad propia.

Se frotó la polla dura por encima de los holgados pantalones del gimnasio y gruñó con suavidad en la habitación vacía.

Troy podía hacer que esa Nochebuena fuera aún más triste pajeándose mientras fantaseaba con ese chico tan encantador que era demasiado bueno para él, o bien buscar alguna distracción que le enfriara rápidamente la sangre.

Con mucho esfuerzo, Troy apartó la mano de su polla y cogió el mando de la tele de la mesa de centro. Encontró un programa de resúmenes deportivos que estaba haciendo un repaso de los mejores goles del año de la NHL .

El rostro de Dallas Kent invadió la pantalla, lo que acabó con la erección de Troy al instante.

—Que te follen —le dijo al tío de la tele; y luego se sintió un poco imbécil.

Recordaba a la perfección el gol que estaban mostrando. Había sido épico: Troy regateó a los dos defensas de San Jose y le pasó el puck a Dallas, que lo recibió y salió volando hacia la portería. Le hizo un impresionante amago al portero y marcó el gol que les dio la victoria.

En la televisión, Dallas saltaba a los brazos de Troy, y ambos sonreían, gritaban y se abrazaban. Como amigos. Como hermanos.

Cambió de canal y, tras hacer algo de zapping, se topó con un episodio de la serie de superhéroes de Adrian. Porque la vida de Troy era un desfile de mierda infinito. En la pantalla, el exnovio de Troy aparecía sin camiseta, maltrecho tras la batalla y totalmente espectacular.

Troy apagó la tele. Durante un buen rato, se quedó mirando el techo, sin moverse.

La mente le daba vueltas, tratando de averiguar cómo había dejado que su vida llegara a ese punto.

¿Qué lo había convertido en una persona tan cruel?

¿Por qué siempre se había apresurado tanto a burlarse de los demás?

¿Se trataba solo de un mecanismo de defensa, de una forma de proteger sus secretos, o es que era un capullo integral, como su padre?

¿Por qué tendía a ir con gente cuyo sentido del humor se basaba exclusivamente en menospreciar a los demás?

Y, lo más importante, ¿podría Troy cambiar eso? ¿Podría ser amigo de alguien como Harris, que estaba decidido a ver lo mejor de la gente? Que, cuando se burlaba de Troy, hacía que pareciera un abrazo, en lugar de un golpe.

Al final, Troy se levantó del sofá. Pidió sushi y se lo comió en la encimera de la cocina mientras, por primera vez, le echaba un vistazo a la cuenta de Twitter de los Ottawa Centaurs.

No estaba seguro de qué le había llevado a hacerlo, pero se dio cuenta de que le resultaba reconfortante leer lo que Harris escribía. Le parecía oír su voz en esos posts y reconocía su sentido del humor en ellos.

Harris subía muchísimas publicaciones. Mantener las redes sociales del equipo debía de suponer una burrada de trabajo.

Cada día había decenas de posts, y todos eran muy elaborados, con gráficos, gifs , vídeos y emoticonos muy ingeniosos.

Siempre los escribía tanto en francés como en inglés, y eso que a Troy ni siquiera se le había ocurrido que Harris hablara francés.

Aunque en una ciudad bilingüe como Ottawa, seguro que sería uno de los requisitos del trabajo.

El post más reciente era una de las fotos de Troy e Ilya posando delante del árbol de Navidad con Quirón. Troy estaba ridículo, pero a la vez parecía… feliz. O menos abatido, en cualquier caso.

Había bastantes posts sobre Troy. Fotos de él en el hospital infantil y con Quirón en el vestuario.

Fotos de él durante los entrenamientos, como esa en la que salía riéndose de algo que había dicho Bood.

Troy se quedó mirando la foto un buen rato; le costaba reconocerse a sí mismo con esos ojos arrugados por la risa.