Capítulo 12
Ilya Rozanov llevaba un gorro de Papá Noel y un jersey con un muñeco de nieve y sostenía un cachorro entre las manos. Harris adoraba su trabajo.
—Ponte cerca del árbol —indicó Gen.
Ilya se acercó al gigantesco árbol de Navidad iluminado que había en un rincón de la sala de reuniones.
No era justo que estuviera tan atractivo con un atuendo tan ridículo.
Quirón llevaba un pañuelo con motivos navideños alrededor del cuello y tenía un aspecto adorable mientras acariciaba la cara de Ilya con el hocico.
Harris no tuvo que insistirle mucho a Ilya para que aceptara hacer esa sesión de fotos.
—¡Ah! —gritó Ilya—. ¡Me ha cogido el pompón!
Efectivamente, Quirón había mordido el enorme y tupido pompón que colgaba del extremo del gorro de Ilya y tiraba con fuerza de él mientras Ilya se reía. Harris, gracias a dios, lo estaba grabando todo en vídeo con el móvil mientras Gen sacaba fotos a toda velocidad.
A los fans les iba a encantar.
—Ilya, ¿hacemos alguna sentado o arrodillado? —sugirió Gen—. Delante de los regalos que hay bajo el árbol.
Ilya se agachó hasta acabar sentado con las piernas cruzadas, supermono, y Quirón se puso a su lado apoyándole las patitas delanteras en el muslo.
—Ay, qué cucada —dijo Gen sin dejar de hacer fotos—. No te muevas.
—Uala, ¿qué es esto?
Harris no necesitaba darse la vuelta para saber que era Troy quien había hecho la pregunta, pero aun así se giró tan rápido que casi le dio un latigazo cervical. Troy estaba de pie en la puerta, vestido con ropa deportiva y luciendo una sonrisa de las de verdad.
—Hola —saludó Harris. Llevaba sin ver a Troy desde el paseo en coche, antes del viaje, y, joder, seguía estando muy bueno—. Estamos…, eh…, haciendo una pequeña sesión de fotos navideña. Es como una postal que subiremos a nuestras cuentas para las fiestas.
—Ah. Estás muy bien, Ilya.
—Lo sé.
Troy miró con gesto incómodo a Harris, a Gen y a Ilya, y dijo:
—Eh…, te he traído un latte de ponche de huevo, Harris. Pero te lo puedo dejar por aquí…
—¡No! —contestó Harris, demasiado rápido—. Te puedes quedar. Y gracias. Por el latte .
Se lo quitó de las manos; el calor del vaso de papel se le filtraba entre los dedos mientras en el pecho le irradiaba otro tipo de calor.
Gen dejó ir una risita que Harris sabía que significaba: «Te gusta este chico y lo estás dejando muy claro». Para sorpresa de Harris, Ilya hizo un sonido casi idéntico.
Intentó ignorarlos a ambos.
—Ya casi hemos terminado, siéntate si quieres o…
—Hay más jerséis —dijo Ilya, y luego señaló con la cabeza hacia la mesa, que estaba repleta de accesorios navideños—. Deberías rebuscar por ahí.
—Ah. No, iba a hacer ejercicio y… eh… —Troy gesticuló hacia los pantalones cortos de gimnasio que llevaba puestos.
—Jersey, gorro y foto de cintura para arriba. Venga, Barrett.
A Harris le encantó la idea, pero solo si a Troy le apetecía.
—Sería genial teneros a los dos en la foto.
—Les caerás mejor a los fans —soltó Ilya sin rodeos—. Tú, yo, el cachorrito, las mierdas navideñas… Nadie puede resistirse a eso.
Troy miró la mesa, después a Harris y luego otra vez a la mesa.
—Vale. Claro.
—Harris, ayúdalo a elegir uno —dijo Ilya, que al parecer había tomado el mando de la sesión de fotos—. ¡No! ¡Quirón! Ven aquí.
Quirón había perdido el interés en Ilya y se fue brincando hasta Troy.
—Hola, amigo —lo saludó Troy agachándose y rascándole las orejas—. Te he echado de menos.
Troy levantó la vista y cruzó una mirada con Harris. Entreabrió los labios como si quisiera decir algo, pero enseguida volvió a mirar al cachorro.
Harris se acercó a la mesa y eligió un jersey azul tejido con un diseño de luces navideñas.
—Pruébate este —le dijo.
Lo que no dijo era que resaltaría estupendamente el color de los ojos de Troy. Aunque tampoco es que lo necesitaran.
Troy miró el jersey con gesto contrariado, pero lo aceptó y se lo puso encima de la camiseta de deporte.
—¿Hay algún gorro de elfo? —preguntó Ilya.
—No —respondió Troy con brusquedad.
—Creo que más bien sí —dijo Harris levantando un gorro de elfo de fieltro con cascabeles.
Se lo colocó con cuidado a Troy en la cabeza y tuvo el atrevimiento de meterle un mechón de pelo negro rebelde detrás de la oreja. A Troy se le iluminaron un momento los ojos, más brillantes que cualquier luz de Navidad.
—¿Qué tal estoy? —preguntó en voz baja.
Harris no veía nada más que esos ojos. Y esos labios.
—Perfecto.
Juraría que Troy había empezado a sonrojarse antes de salir disparado hacia Ilya. Quirón corrió tras él meneando la cola.
—Te odio por esto —masculló Troy hacia su compañero de equipo.
—No lo creo. Ponte mono para Gen y Harris.
Joder, Troy se había puesto como un tomate. Y sonreía. Y le daba codazos a Ilya de broma.
Les hicieron un montón de fotos a los dos juntos, con el cachorro en medio.
Parecían una pareja absurdamente atractiva, pero eso Harris se lo calló.
Troy sonreía a la cámara y, gracias a Ilya, hasta se rio un par de veces.
Era bonito ver lo bien que se llevaban. Debían de haber estrechado lazos durante el último viaje.
Ilya le pasó el cachorro a Troy y dijo:
—Hacedle unas fotos solo con Troy, ¿sí?
Harris no estaba seguro de que las necesitaran, pero Ilya ya se estaba quitando el jersey y el gorro de Papá Noel, y la verdad era que Troy tenía un aspecto irresistiblemente ridículo.
Ilya le dio un apretón en el hombro a Troy antes de alejarse y, por algún motivo, eso hizo que Troy se ruborizara de nuevo. Entonces Ilya tiró el gorro y el jersey encima de la mesa y se fue a toda prisa. Fue un poco raro que se marchara tan de repente, pero era un comportamiento muy propio de él.
Sin Ilya haciéndole burla, Troy recuperó su habitual mirada perdida, lo que resultaba hilarante por el contraste con el gorro de elfo, el llamativo jersey y el cachorro. Harris se moría por ver las fotos más tarde.
—Vale —dijo Gen—. Creo que ya está.
Troy dejó a Quirón en el suelo con sumo cuidado y se quitó los accesorios de vestuario.
—Seguro que las fotos han quedado fatal. Lo siento.
—Son geniales —aseguró Gen mientras pasaba hacia atrás las imágenes que había captado con la cámara. Harris se daba cuenta de que apenas podía contener la risa—. Muy festivas.
Harris le quitó el jersey y el gorro a Troy.
—Gracias por echar una mano.
—Sin problema. Mmm…, ¿hay que sacar a Quirón de paseo?
El animal soltó un ladrido de alegría al oír la palabra «paseo». Harris se rio.
—Parece que sí. ¿Quieres llevarlo tú?
—Claro. ¿Puedes venir tú también? Si estás ocupado, puedo…
—No estoy ocupado. Dame unos minutos, ¿vale?
—Vale.
—Ya recojo yo todo esto —dijo Gen—. Vosotros id de paseo.
Era un intento descarado de dejar a Harris y a Troy a solas, y Harris intentó lanzarle una mirada asesina a su compañera, pero seguramente no lo consiguió porque en su vida le había lanzado ninguna a nadie.
—¿Estás segura?
—Uy, segurísima.
Al parecer, Gen tenía la ridícula idea de que la extraña amistad entre Harris y Troy iba a convertirse en algo más. Como si Harris pudiera atraer a un jugador de la NHL .
—Voy a por mi chaqueta —dijo Troy—. Y, bueno, a por mis pantalones.
—Creo que es buena idea —señaló Gen—. Al ser diciembre…
Troy se fue a toda velocidad y Harris se volvió hacia Gen.
—Tía, ¿qué cojones estás haciendo?
—¿Qué pasa?
—¿Por qué no te pones una camiseta que diga «A Harris le molas»?
—Ay, venga ya. Es jugador de hockey. No se entera de estas cosas.
—¡Es inteligente!
Ella respondió con una cara que decía: «¿En serio?».
—Eres mala.
Gen se rio.
—Oye, me cae bien. Y te trata con cariño, cosa que también me gusta. Así que, aunque solo quisiera pasear perros contigo y traerte café, estoy a favor.
Harris se relajó.
—Gracias. —Cogió el latte de la mesa y se dirigió a la puerta—. Luego nos vemos.
—Te enviaré las mejores fotos de Troy.
—Claro. Porque es tu trabajo.
—Y tu trabajo es pasear a un cachorrito con Troy Barrett. Largo.
Harris iba a argumentar que eso no tenía nada que ver con su trabajo, pero entonces perdería tiempo de pasear al cachorro con Troy, así que se marchó.
—Entonces ¿ya podemos decir que ha empezado la temporada del ponche de huevo? —preguntó Harris.
Iban por la mitad del primer lateral del aparcamiento del estadio; Troy sujetaba la correa de Quirón. Harris sostenía el latte , que procuraba no beberse demasiado rápido.
—Sí. La semana que viene es Navidad.
—Ah, o sea que el margen del ponche de huevo es de una semana.
—Cero semanas, en mi caso.
—Pero habrá alguna especialidad navideña que te guste, ¿no?
Troy se encogió de hombros.
—¿El pavo?
Ay, dios. Harris decidió cambiar de tema.
—El partido de Toronto pareció intenso.
—Fue bastante duro.
—No me podía creer que Ilya le hubiera dado un puñetazo a Kent.
Troy curvó los labios hacia arriba.
—Fue increíble.
—¿Qué le dijo Kent para que se le fuera tanto la olla?
Troy apretó un poco la mandíbula y luego dijo:
—Nada, en realidad. Las típicas mierdas de siempre.
Harris no sabía si creérselo, pero decidió seguirle la corriente.
—¿Fue difícil jugar en Toronto?
—Fue raro. Y bastante horrible. Antes del partido pensaba que iba a potar, pero Ilya consiguió tranquilizarme.
—Eso se le da bien.
—Mmm.
Cuando terminaron de dar una vuelta completa al aparcamiento y Harris se disponía a empezar la segunda, después de tirar el vaso vacío a un cubo de basura, Troy se detuvo.
—Mmm —volvió a decir.
Harris esperó. Troy le entregó la correa y se metió la mano en el bolsillo de la cazadora.
—Te he traído una cosa —dijo agolpando las palabras; luego le tendió un pequeño objeto brillante a Harris.
—¿Ah, sí?
Harris cogió el objeto y vio que era un pin esmaltado con forma de manzana. Con un corazoncito arcoíris en el centro.
Su propio corazoncito arcoíris comenzó a palpitarle en el pecho. Le dedicó a Troy la más radiante de las sonrisas.
—¿De dónde lo has sacado?
—De Nueva York. Es, ya sabes, la Gran Manzana. Y el pin era del Orgullo, al parecer. Así que… Sí.
—La Gran Manzana gay.
Troy resopló.
—Pensé que te gustaría.