Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

—No —respondió Troy—. Pero, eh…, ¿estás saliendo con Eric Bennett?

—Llevamos juntos meses. ¿Por?

—No sabía que… Mmm…

—¿Tenía pareja? Lo siento.

Troy sabía que Kyle le estaba tomando el pelo, pero aun así se puso como un tomate.

—¡No! Me refería a…

—Ya sé a lo que te referías.

Troy soltó una risita nerviosa, prueba de lo mucho que esa velada le estaba afectando a la puta cabeza, porque él nunca hacía eso.

—Lo siento. Es que estoy un poco… fuera de mi elemento.

Kyle levantó las cejas.

—¿Tu primera vez en un bar gay?

—Pues sí, la verdad.

—No te preocupes. Siempre que te vayas antes de medianoche, claro. Ahí es cuando se abre el suelo y aparece la mazmorra sexual.

La risa de Troy ya sonó un poco menos nerviosa. Le gustaba el tal Kyle.

—Gracias por avisar.

—Aunque, si quieres quedarte a lo de la mazmorra, apuesto a que Bombón estaría encantado.

Gesticuló sutilmente con la cabeza hacia la izquierda de Troy y, cuando este se volvió para mirar, vio que un hombre muy atractivo de piel aceitunada y gafas refinadas le estaba dando un repaso de arriba abajo.

Ah.

Troy apartó la mirada. Luego volvió a mirar. La apartó de nuevo. ¿Y si le hablaba? ¿Y si simplemente se acercaba y hablaba con él? ¿Y coqueteaba con él? ¿Y se iba a casa con él? Joder, podría echar un polvo esa noche. Podría conocer a un hombre en un bar gay y acostarse con él.

Se bebió medio vaso de agua de un trago y se obligó a mirar a cualquier parte menos hacia el atractivo hombre que intentaba captar su atención.

Llevó la vista hacia el tablón de anuncios que había detrás de la barra, del que colgaban ordenadamente numerosos folletos de eventos aún por celebrarse.

En una esquina había un pequeño pin esmaltado con forma de manzana y un corazón con la bandera arcoíris en el centro.

Hostia puta.

—Oye —le preguntó a Kyle—, ¿dónde puedo conseguir uno de esos pines? Señaló el tablón de anuncios.

Kyle lo miró desconcertado.

—Es solo un viejo pin del Orgullo de Nueva York. Creo que todavía tengo unos cuantos debajo de la barra. ¿Quieres uno?

—Es para un amigo —dijo Troy, probablemente demasiado rápido—. Conozco a alguien a quien le encantaría.

Kyle se agachó debajo de la barra y apareció con un pin idéntico. Se lo dio a Troy.

—Todo tuyo.

Troy sujetó el pin como si fuera algo muy valioso, acariciando los bordes metálicos en relieve con el pulgar. Su cara debía de haberlo delatado, porque Kyle le sonría con complicidad.

—Es que cultiva manzanas —explicó Troy haciéndose el duro, pero incapaz de ocultar el atípico entusiasmo de su voz—. Y es gay. Y le encantan los pines. Así que, no sé, es perfecto.

—Eso parece.

—Gracias.

—De nada. Dile a tu cultivador de manzanas gay que venga a visitar el Kingfisher cuando pase por Manhattan.

—Se lo diré. —Troy se guardó el pin con cuidado en el bolsillo de los vaqueros y trató de ignorar las extrañas cosquillas que ese «cultivador de manzanas gay» le hacía sentir en el estómago.

Volvió a la mesa mientras Scott fruncía el ceño e Ilya sonreía, por lo que dedujo que Ilya debía de estar burlándose de él.

—¿Kyle ha coqueteado contigo? —le preguntó Ilya a Troy alegremente.

—Eh… —Troy miró a Eric con inquietud.

—Es probable —dijo Eric, al que no parecía molestarle.

—Seríais una pareja atractiva —continuó Ilya—. Muy guapos los dos. Y de la misma edad. Seguro que eso a Kyle le gustaría, para variar.

—Cierra el pico, Rozanov —dijo Scott.

Pero Eric solo sonrió.

—No creo que Kyle quiera hacer ningún cambio, pero, si a Troy le interesara, estoy seguro de que Kyle estaría más que dispuesto a…

—Nop. —Troy levantó las manos—. No me interesa. Tu novio es muy sexy, pero… —Se quedó paralizado. ¿En serio había dicho eso?—. O sea, supongo que debe de ser atractivo. Y es muy guay que tú… mmm… seas de mente abierta respecto a… eh…

Tenía que callarse. Ya. Así que lo hizo.

Ilya no pudo contener la risa.

—¡Tu cara!

Troy era consciente de lo rojas que debía de tener las mejillas en ese momento. Le dio un buen trago al agua para intentar refrescar el ardor de su piel.

—Ese gol que marcaste anoche debió de sentarte de maravilla —dijo Scott cambiando de tema de una forma muy evidente que Troy no pudo más que agradecer.

—Sí. Fue genial.

Hablaron de hockey un rato. De hecho, habían pasado casi dos horas cuando Ilya se apartó de la mesa y dijo:

—Hora de irse a dormir. Mañana hay partido.

—Sí —coincidió Scott—. Lo mismo digo.

—Deberías haberte acostado hace horas, abuelo —dijo Ilya—. Mañana lo notarás en la pista.

—¿Contra vosotros? Lo dudo.

Eric miró a la barra, y a Kyle.

—Yo voy a quedarme un rato. Porque mañana no tengo nada que hacer.

Ilya le dio unas palmaditas en el hombro.

—Echo de menos meterte goles, Eric.

—Y yo cerrarte la boca.

Cuando Ilya y Troy salieron del bar, Ilya dijo:

—Podríamos ir andando. Vamos andando.

Era una propuesta un poco rara, pero el trayecto en taxi había sido corto, así que, claro, podían ir andando. Además, pasear por Nueva York era increíble.

—Me parece que quieres preguntarme algo —dijo Ilya una vez que empezaron a caminar—. O contarme algo.

—No —mintió Troy. Luego soltó—: ¿Por qué le diste un puñetazo a Dallas Kent?

Ilya se rio.

—Por muchas cosas.