Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 11 #2
38%

Capítulo 11 #2

El interior del bar no era muy distinto al de cualquier otro local al que Troy hubiera ido.

Quizá fuera un poco más bonito y estaba decorado con motivos navideños.

Había televisores de pantalla plana que retransmitían eventos deportivos, música pop sonando de fondo y jarras de cerveza sobre unas mesas de madera oscura rodeadas de gente que charlaba y reía.

Lo normal en un bar. Los clientes eran sobre todo hombres, algo nada insólito en un pub deportivo, pero el hecho de que la mayoría de ellos probablemente se sintieran atraídos hacia otros hombres a Troy le estaba haciendo cortocircuitar el cerebro. Y le daba un poco de vértigo.

Había algunas banderas y pegatinas que identificaban el local como un espacio queer-friendly ; no solo la bandera arcoíris del Orgullo, sino también algunas otras que, pese a haber visto en otras ocasiones, Troy no tenía muy claro qué representaban.

Porque nadie sabía menos de su propia comunidad que él.

Ilya lo llevó a una mesa redonda situada en una esquina que tenía un cartel de reservado. Troy esperaba que la reserva fuera para ellos, porque no le extrañaría que Ilya la reclamara igualmente. En cuanto se sentaron, se acercó un atractivo rubio más o menos de la edad de Troy.

—Hey, chicos —saludó—. Eric ha dicho que Scott y él llegarán enseguida. —Sonrió a Rozanov—. Hola, Ilya.

Ilya lo saludó con la cabeza.

—Kyle. Este sitio tiene mejor aspecto.

—Lo único que necesitaba el bar era un poco de trabajo duro y unos nuevos propietarios con pasta que se preocuparan un poco por él. Mira. —Le deslizó algo a Ilya sobre la mesa—. La nueva carta de cócteles. La cambiamos cada mes.

Ilya le echó un vistazo.

—Seguís teniendo cerveza, ¿sí?

Los dos se pidieron una rubia y Kyle fue a buscarlas.

Troy ya se había prometido a sí mismo que solo iba a tomarse una cerveza; primero, porque al día siguiente por la noche tenían partido y, segundo, porque ni de lejos estaba dispuesto a emborracharse la primera vez que salía a un bar gay. Con un grupo de compañeros de la NHL .

Aún no entendía qué hacían ahí. Vale, Scott Hunter, el capitán superestrella de los New York Admirals, era el copropietario del local junto con el portero superestrella de los Admirals recién retirado, Eric Bennett, pero los jugadores de hockey compraban un montón de negocios ridículos.

Si Troy los apoyara todos, no bebería otra cosa que el espantoso vino de sus viñedos.

Recorrió la sala con la mirada. Esa noche había muchos hombres atractivos en el bar. Hombres altos, en forma. Hombres mayores con aspecto distinguido. Hombres jóvenes y guapos. Hombres grandes y fornidos. Era un bufet tentador. Y Troy no iba a prestarle ninguna atención.

Kyle les trajo las bebidas justo cuando llegaron Scott y Eric. Los acompañaba un chico al que Troy reconoció como el marido de Scott, Kip.

—Solo vengo a saludar —dijo Kip hacia los ocupantes de la mesa—.

Os dejo que disfrutéis de vuestro momento de intimidad, chicos del hockey.

—Se volvió hacia Troy—. Tú eres nuevo. —Lo recorrió de arriba abajo con la mirada, evaluándolo con descaro—.

Joder. ¿Cómo puedes jugar al hockey y seguir siendo tan guapo?

—¡Oye! —exclamó Scott haciéndose el ofendido.

Kip se rio y le tendió la mano a Troy.

—Kip. Encantado de conocerte.

Troy se la estrechó.

—Troy.

—¡Ay, mierda! Eres Troy Barrett, ¿verdad? ¡Mi nuevo héroe!

—Lo mismo digo —afirmó Scott.

Los ojos de Troy se abrieron como platos. Scott Hunter, su ídolo, lo miraba con tanta aprobación y calidez que Troy no pudo soportarlo.

—No soy ningún héroe —musitó agachando la cabeza para ocultar el rubor de sus mejillas.

Y menos aún en comparación con Hunter, que había tenido la valentía de besar a su novio en directo por televisión tras ganar la Copa Stanley unas temporadas atrás, y que desde entonces se había convertido en activista.

Lo único que Troy había hecho era cabrearse con alguien que se lo merecía.

Y además no había conseguido nada con ello.

La última vez que Troy había hablado con Hunter había sido durante el fin de semana del All-Star, en enero.

Se había puesto muy nervioso cuando se acercó a Scott en el bar del hotel, porque sabía que él odiaba a Dallas Kent y que, por asociación, lo más probable era que también lo odiara a él.

Scott se había mostrado receloso al principio, después de que Troy se presentara torpemente, pero no tardó mucho en relajarse cuando este lo felicitó por su compromiso matrimonial y, luego, de la forma más desastrosa posible, intentó expresar lo inspirador que había sido que Scott saliera del armario como gay. Sin llegar a decir eso, claro.

Se preguntaba si Scott había entendido lo que Troy había tratado de decir. Por cómo lo miraba en ese momento (pensativo, con gesto cómplice), intuía que sí.

Kip hizo un movimiento con la mano para despedirse de la mesa llena de jugadores de hockey y después besó a Scott.

Troy contuvo la respiración, a la espera de alguna reacción de repulsa, pero, por supuesto, a nadie le molestó ni le interesó lo más mínimo.

Había un montón de gente a la que no le suponía ningún problema que los hombres se besaran o se enamoraran.

Troy simplemente había estado moviéndose en los círculos equivocados.

Entonces Kyle, el camarero, le dio un morreo a Eric Bennett. Se sonrieron el uno al otro en cuanto se separaron, con los ojos llenos de adoración, y Troy se quedó de piedra. Miró a sus compañeros de mesa para ver cómo reaccionaban, pero, de nuevo, a nadie parecía importarle.

Pero ¿Eric no era hetero? Había estado casado con una mujer durante años, hasta hacía poco. ¿Sería bisexual? En cualquier caso, parecía que se estaba tirando a un tío que, además de estar muy bueno, era mucho más joven. Así que ¡bien por Eric!

Eric se sentó y, con una sonrisa cómplice, Ilya le dijo:

—¿Estás disfrutando la jubilación?

—La verdad es que sí —contestó Eric y le dio un sorbo al cóctel que Kyle le había dejado en la mesa. Se volvió hacia Troy—. Me alegro de volver a verte, Troy. ¿Cómo te va en Ottawa?

—Bien, supongo.

—Me impresionó que le plantaras cara a Kent. A Scott también.

—Ya te digo, joder —confirmó Scott—. Hay que tener agallas para hacer eso.

Troy se revolvió en la silla.

—Tampoco es que sirviera de nada.

—Por algún sitio hay que empezar —dijo Scott con autoridad—. Sé que no ha habido consecuencias para Kent, así que a lo mejor crees que tus palabras no significaron nada, pero estoy seguro de que para sus víctimas significaron mucho.

Troy se ruborizó.

—Lo dudo.

—Una cosa es defenderse a uno mismo —argumentó Eric con calma—. Pero defender a los demás, a gente que ni siquiera está presente y sin obtener nada a cambio… Es signo de valentía y de que eres buena persona.

Todos murmuraron comentarios de aprobación, incluso Ilya. Troy no estaba en absoluto preparado para recibir tanta atención, y no le gustaba.

—Voy al baño. —Se levantó rápidamente y salió disparado antes de que nadie viera la inquietud que reflejaba su cara.

Y allí estaba, en el lavabo de hombres de un bar gay. El lugar en el que se ambientaban una cantidad impresionante de horribles chistes de vestuario.

Si lo vieran su padre o Dallas Kent…

La verdad era que el baño parecía bastante normal.

Ahí dentro solo había otro tío, que hizo sus cosas en un pispás y se marchó sin siquiera mirar a Troy.

No tenía pinta de que hubiera ninguna orgía en los cubículos ni nada de lo que sus antiguos compañeros de equipo se imaginaban que ocurría en esos lugares.

Troy respiró hondo varias veces para tranquilizarse una vez que se hubo lavado las manos.

«Aquí no pasa nada raro. Estás en un bar normal con tres estrellas de la NHL porque tú también eres una estrella de la NHL .

Al menos dos de ellos son queer , pero ¿sabes qué?

Tú también, amigo, así que déjate de historias».

Se dio cuenta de que se sentía igual que cuando estaba con Harris. Abrumado y desorientado por haber encontrado un pequeño espacio en el que sus dos mundos coexistían en paz. Era jugador de hockey y era gay, pero nunca había intentado ser ambas cosas a la vez.

Scott y Eric parecían muy felices. Se los veía completamente relajados y a gusto con ellos mismos.

¿Llegaría Troy a estar así? ¿Conseguiría superar en algún momento los efectos de haber cargado durante años primero con el peso de la negación y luego con el del odio a sí mismo, la vergüenza, el miedo, los celos y la nostalgia?

Quería sentirse a gusto ahí. En todas partes, en realidad.

Ser él mismo y que le importara una mierda si alguien tenía algún problema con eso.

De repente, se le ocurrió que podría salir del armario. En ese mismo instante. Frente al grupo con el que estaba. Apenas conocía a esa gente, pero todos lo aceptarían y le ofrecerían su apoyo.

A Troy se le aceleró el corazón mientras se contemplaba en el espejo. Hostia puta. Podría salir del armario.

Alguien entró en los servicios y lo miró con curiosidad antes de dirigirse a uno de los urinarios. Genial. Resultaba que era el propio Troy quien estaba actuando de forma extraña en el baño de hombres de un bar gay.

Salió de allí con la mente a mil por hora. Podía hacerlo. Sin más, hacerlo… y ya está.

No, no podía. En cuanto vio a Scott, Eric e Ilya, se acobardó. Dio media vuelta y se dirigió hacia la barra.

—Hola, guapo —dijo Kyle con una sonrisa coqueta—. ¿Qué te pongo?

—¿Me puedes poner solo un poco de agua? —Le parecía que la temperatura del local había subido como veinte grados en los últimos cinco minutos.

—Sin problema.

Troy se apoyó en la barra, en busca de sostén. De repente, deseó que Harris estuviera con él. Le encantaría ese sitio, y le encantaría saber que Troy estaba ahí, con esos chicos. Le haría muchísima ilusión.

A Troy le sorprendió un poco ese pensamiento. Ya tendría tiempo de contárselo todo cuando volviera a verlo.

—Aquí tienes. —Kyle le puso el agua delante—. ¿Algo más?