Capítulo 8
Tras una consecución de derrotas, Harris decidió que la mejor manera de animar al equipo, y a los fans, era con un cachorrito.
—Joder, gracias a dios —dijo Ilya en cuanto vio a Harris y a Quirón—. Tráelo aquí.
Harris lo depositó felizmente en los brazos de Ilya.
—Te ha echado de menos.
—Claro que sí. Míralo. —Quirón ya le estaba lamiendo la cara a Ilya—. ¿Se han portado bien contigo en la escuela canina? —le preguntó Ilya al cachorro—. ¿Te lo has pasado bien?
—En el centro lo tratan genial. Te lo prometo. Hannah, su adiestradora, es sensacional.
—Me gustaría conocer a esa Hannah —dijo Ilya con tono severo, pero se ablandó enseguida cuando Quirón le acarició la barbilla con el hocico.
Harris sacó un par de fotos de Ilya con Quirón y luego extendió los brazos. Ilya le devolvió el perro a regañadientes.
—Ha dicho que soy su preferido —insistió Ilya.
—Claro, porque no dejas que nadie más se le acerque. —Harris posó a Quirón en el suelo y lo dejó correr un poco por la sala.
—Volverá —dijo Ilya confiado, pero Quirón ya estaba saltando sobre Evan Dykstra.
—Búscate un perro, Ilya.
—No puedo. Vivo solo y nunca estoy en casa.
Harris no podía discutírselo. Entre el hockey, la organización benéfica que había cofundado con el capitán de Montreal, Shane Hollander, y el resto de compromisos, seguramente Ilya pasaba poco por casa.
Hasta tenía ocupados los veranos, con los campamentos de hockey y…
algo más. Era muy reservado con su vida privada.
—¿Va a salir Quirón a la pista? —preguntó Ilya.
—No, el entrenador me ha dicho que hoy no lo saque del vestuario.
—Fascista.
—Sí. Wiebe es un auténtico tirano.
Brandon Wiebe debía de ser el entrenador de hockey más tranquilo sobre la faz de la tierra.
—El miércoles el equipo visita el hospital, ¿verdad? —se interesó Ilya.
—Sip —confirmó Harris—. ¿Te van a volver a apalizar al Mario Kart ?
—No, he estado practicando.
Harris se rio. Probablemente no lo decía en broma.
El entrenamiento no tardaría en empezar, así que la sala estaba llena.
Todos se ponían la equipación y charlaban en grupos o parejas.
Todos menos Troy Barrett, según observó Harris.
Troy ya estaba completamente vestido y listo para salir a la pista, pero también se había agachado delante de su taquilla y le ofrecía a Quirón uno de sus dedos enguantados.
Aún no se había puesto el casco, y el pelo negro le caía sobre la frente mientras jugaba con el emocionado cachorro.
Cuando Quirón mordió con ganas, una cálida sonrisa le iluminó el rostro.
Harris, que estaba a punto de acercarse, se quedó paralizado.
Troy estaba absolutamente deslumbrante cuando sonreía. Y, a diferencia del destello de sonrisa que Troy le había arrancado durante la ronda de preguntas, ahora a Harris le daba tiempo de admirarla.
Levantó el móvil y rápidamente tomó tantas fotos espontáneas de Troy y Quirón como le fue posible. Estaría bien que los fans vieran este lado más tierno de Troy, dijo Harris para sus adentros. Sin duda, las fotos eran para eso.
Troy levantó la vista justo en el momento en que Harris bajaba el teléfono, y su sonrisa se desvaneció de inmediato. Harris no sabía muy bien si la reacción se debía a su presencia o a que se sentía observado. Pero lamentó que Troy hubiera perdido la sonrisa.
—Hey —dijo Harris cruzando la sala para ponerse delante de él.
Troy se levantó para saludarlo y Quirón comenzó a darle toquecitos con la pata en la pierna.
—Hey.
Harris había estado pensando en Troy casi sin parar desde que lo había dejado en el hotel hacía dos noches, y, ahora que lo tenía enfrente, no sabía qué decir. Quería preguntarle si estaba bien o si necesitaba hablar con alguien, pero acabó soltando:
—Parece que le gustas.
Durante un vertiginoso segundo, Harris pensó que la sonrisa podía volver. Vio cómo Troy luchaba por reprimirla. Pero entonces Troy dijo con sequedad:
—Le gusta mordisquearme, que no sé si es lo mismo.
La sonrisa que le devolvió Harris era lo suficientemente amplia para los dos.
—Por cierto, el vídeo tuvo muchos «me gusta». Me refiero al de preguntas y respuestas. Tenía intención de decírtelo el otro día.
No mencionó las numerosas respuestas que destrozaban a Troy por jugar fatal y costar demasiado dinero. Se alegraba de que Troy no hiciera mucho caso a las redes sociales.
—Ah. —Troy dio un paso hacia atrás, alejándose del cachorro y de Harris, pero Quirón se abalanzó sobre uno de sus patines—. Guay.
—Aunque la mayoría de la gente está de acuerdo conmigo. El salmón no es ninguna recompensa.
—Se equivocan.
Harris se rio y señaló a Quirón, que seguía atacando los patines de Troy.
—Ahora Quirón tiene su propia cuenta de Twitter.
—¿También la llevas tú?
—La comparto con su adiestradora, Hannah. Y con Quirón, claro.
Troy no sonrió ni lo más mínimo con la broma.
Su labio inferior era ridículamente carnoso y sensual.
Quizá la dureza de sus otros rasgos hacía que ese fuera más suave, por contraste.
Tenía unos pómulos altos y prominentes, divididos como un iceberg por una nariz recta y estrecha.
Por encima relucían unos penetrantes ojos azul zafiro y unas oscuras cejas.
Parecía amenazador, tal vez hasta cruel, pero ese labio mullido, igual que su dulce sonrisa secreta, insinuaba la posibilidad de cierta dulzura.
O quizá Harris se lo estaba imaginando. No sería la primera vez.
Lo que no se estaba imaginando eran las profundas arrugas que Troy tenía bajo los ojos, como si llevara días sin dormir. O semanas. Dudaba que ese hombre quisiera que él lo mencionara, así que optó por decir:
—¿Irás a ver el edificio del que te hablaron Wyatt y Lisa?
—Sí, creo que sí.
—Genial. Además, no está muy lejos de mi apartamento.
—Ah.
La noticia no pareció emocionar a Troy, pero Harris intentó no sentirse decepcionado. No sabía muy bien qué esperaba al decirlo. ¿Que Troy lo invitara a ver pelis o algo así?
A lo mejor Troy necesitaba a alguien con quien ver pelis.
—Si quieres que te enseñe el barr…
—Me voy a la pista —lo interrumpió Troy—. Nos vemos.
Vale, OK.
—Venga, Quirón —suspiró Harris—. Vamos a mi despacho mientras estos señores hacen sus cosas de hockey.
Troy llamó a la puerta de Harris y no tuvo que esperar ni un segundo a que Harris le dijera que entrara.
—Solo soy yo. —Troy levantó el vaso de café de papel que llevaba en la mano—. No es del Starbucks, sino de la cafetera que hay en la sala de jugadores. Es un latte .
Harris parecía atónito, pero sonrió y le hizo gestos a Troy para que entrara. Quirón estaba dormido en el suelo, junto a los pies de Harris.
—¿Me has hecho un latte ?
—Eso espero. Nunca había usado esa cosa.
Dejó el vaso sobre el escritorio de Harris y entonces se dio cuenta de que no tenía ni idea de qué decir. No sabía qué le había impulsado a ir hasta ahí, salvo que la vez que mejor se había sentido en mucho tiempo había sido en el despacho de Harris, viéndolo comer cake pops .
Harris le dio un sorbo.
—Lo has hecho bien. Sin duda, es un latte . Gracias.
Troy se sentía absurdamente emocionado por la validación de Harris.
—Siento haberme comportado como un imbécil en el vestuario. Cuando te ofreciste a enseñarme la zona. No… —No sabía cómo acabar la frase, así que dejó de hablar.
Harris esperó unos segundos; luego dijo:
—Deberíamos detener este bucle.
—¿Qué bucle?
—Que tú te sientas mal por algo que me has dicho y después te presentes en mi despacho para disculparte. Aunque las entregas de café no me importan. —Señaló una silla que había junto a la pared—. Tráela y siéntate. A menos que tengas algo que hacer.
La verdad es que no era el caso. Troy arrastró la silla hasta el extremo del escritorio de Harris y se sentó. Ojalá hubiera traído un café para sí mismo, así tendría algo en lo que ocupar las manos.
Como si le leyera la mente, Quirón levantó la cabeza y, en cuanto vio a Troy, se puso de pie de un salto. Se fue al trote hacia él, meneando la cola.
—¿Puedo cogerlo? —preguntó Troy.
—Creo que se pondrá triste si no lo haces.
Troy se subió el cachorro al regazo y le rascó las orejas, que eran increíblemente suaves. Entendía el encanto de tener un perro. Debía de ser muy fácil acostumbrarse a ese nivel de adoración.
—¿En qué estás trabajando? —preguntó Troy.
—Estoy haciendo unos gifs del último partido.
—¿Y cómo se hacen? Siempre me lo he preguntado.
Harris le lanzó una mirada curiosa, como si pensara que podría tratarse de una trampa.
—¿Quieres que te lo enseñe? Es bastante fácil.
—Sí.
Así que Troy se puso a observar cómo Harris creaba gifs a partir de las grabaciones de vídeo del último partido.
Y también algunos a partir de los vídeos que Harris había grabado ese mismo día durante el entrenamiento.
No retuvo ninguna parte del proceso de creación de gifs , pero disfrutó escuchando la voz cálida y alegre de ese hombre y viendo cómo sus bonitos ojos verdes bailaban cada vez que miraba a Troy.
Sabía que Harris no podía oler realmente a manzanas, pero la idea no se le iba de la cabeza.
Juraría que olía esa fruta siempre que se acercaba a él.
—Mmm —dijo Harris—. Antes he subido una foto tuya que tiene un montón de «me gusta».
—¿Del entrenamiento?
—De antes. Mira, te la enseño.
Harris le mostró su móvil y Troy vio una foto de sí mismo en el vestuario, de cuclillas y sonriéndole a Quirón.
—Oh —dijo, porque no había visto muchas fotos suyas sonriendo así. No podía creerse que a día de hoy fuera capaz de esbozar ese tipo de sonrisa—. A la gente le gusta el cachorro. Cualquiera puede conseguir «me gusta» con un perrito tan mono.
—Eso no es lo que dicen los comentarios.
—No me digas lo que dicen los comentarios.
—Vale —respondió Harris antes de morderse el labio, lo que le indicó a Troy que se moría por leérselos.
—Lo digo en serio.
—De acuerdo. No te diré que todos piensan que eres encantador y adorable.
Troy resopló.
—Lo dudo.
—Te los puedo leer si…
—No. Déjalo. —Troy sintió calor en las mejillas y bajó la cabeza para ocultarlo—. Encantador, ¿eh?
—Sip.